Azul celeste… Azul incómodo… - Edgar Valero Berrospe | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Azul celeste… Azul incómodo… | La Crónica de Hoy

Azul celeste… Azul incómodo…

Edgar Valero Berrospe

Cito como verdadera fuente de inspiración un artículo escrito en “Letras Libres”  por el ensayista y editor de la publicación, Juan José Reyes, como parte de un espléndido artículo dedicado a los desaparecidos Tigres capitalinos el 31 de mayo de 2006…

Dice así: “Quizá nada es tanto lo que ha sido como una ciudad. Tercamente van quedando en ella, con todo y los cambios y quebrantos, destrucciones y florecimientos, sus olores, ciertos sitios y paisajes, esquinas y rincones, personajes, modos de ser, aires, ritmos y costumbres, aficiones. Cuando desaparece algo que pertenece a su entraña la ciudad lo resiente, se mina su naturaleza, la ciudad se rompe un poco porque deja de ser el sitio de convivencia donde son posibles todos los sentidos. Suele suceder esto en los tiempos que corren. Es cosa del progreso, o como pueda llamarse lo que hizo de Bucareli, por ejemplo, un pavoroso eje vial, o lo que marcó a la insípida Insurgentes con la ruta de los metrobuses. Ha pasado también con los estadios deportivos, centros de entusiasmo y memoria comunes, que uno tras otro fueron desapareciendo hasta el medio siglo anterior, en el caso de futbol, y que hace unos cuantos años añadieron a su lista el Parque del Seguro Social, el gran estadio beisbolero…” Y yo le agrego, también habrá que sumar el legendario otrora “Estadio de la Ciudad de los Deportes”…

En ese lugar, resplandecieron las únicas dos grandes obras del ingeniero Neguib Simón Halife, la Plaza de Toros México y “El Estadio”, que formaban parte de un gran complejo que incluiría en la Ciudad de México de mediados de los 40´s del siglo pasado, canchas de tenis, frontón, boliches, albercas, en fin todo un gran complejo que se llamaría “La Ciudad de los Deportes”… Problemas financieros provocaron que sólo se construyeran estas dos majestuosas obras que se mantienen en pie 71 años después de que fueron inauguradas. Poca gente sabe que ambas están construidas en su mayor parte “bajo tierra” debido a que ocupan los terrenos de la Ladrillera La Guadalupana, que tenía sus minas en ese lugar, “más allá del Río de la Piedad” que marcaba la  zona limítrofe del Distrito Federal en sus días.

Pero el tiempo pasa, y así como una triste suerte llevó a la desaparición del Parque del Seguro Social, también el vetusto “Estadio”, que conocimos como Azulgrana y ahora Azul, tiene sus días contados. “La entraña de la ciudad” como cita Reyes, lo va a resentir. Lo de hoy es construir Centros Comerciales que se atiborran de compradores irrespetuosos de pasar por encima de las ruinas sagradas de Templos Deportivos del pasado. Eso, en el mundo de los negocios, no sirve, no cuenta. Vale más congestionar la terriblemente congestionada ciudad aún más, con un centro comercial que no hace falta, sino espacios de esparcimiento donde la gente pueda volver a la bases de la diversión sana y familiar. Pero eso es utópico, no le importa a nadie. El billete es el billete y en vez de una propuesta que mueva a la reflexión divertida y al esparcimiento, tendremos más zonas de comida rápida y más marquesinas de marcas norteamericanas (ahora que está tan de moda lo “Hecho en México” con sello o sin él), donde ya no veremos a la Máquina Celeste tratar de supervivir a los tiempos de la ignominia en la que fue sepultada su grandeza hace 20 años. En cambio, la profundidad del terreno permitirá un estacionamiento multi nivel con capacidad de tantos autos que permitan que la Colonia Noche Buena, asentada en los terrenos de la alguna vez llamada “Ciudad de los Deportes” se vea atascada de más tráfico que el que causan los aficionados futboleros una tarde de sábado cada quince días, o los de la Plaza México cuando hay concierto o alguna temporada de toros, tan irregular como incierta cada año, con o sin Rafael Herrerías.

Y mientras, el Jefe de Gobierno, suda la gota gorda. Tener como amigos a la gente de la Cruz Azul es vital. Y la búsqueda del terreno donde finalmente se levante con cemento de fraguado no tan rápido, pero del mejor de Hidalgo, un nuevo Estadio Azul, se ha convertido en la comidilla de los que les van a los Celestes y de los que no les van. Unos acusan que es un asunto político el “querer” que se quede la Máquina en Ciudad de México. Más que político, yo lo veo como un asunto de no acabar de corromper las entrañas de la afición deportiva de la capital, que ya fue sacudida cuando se fueron sus dos franquicias más tradicionales e históricas, el Atlante y el Necaxa; cuando se fueron los Tigres; cuando casi desapareció el boxeo de la Arena Coliseo y cuando murió la Pista Arena Revolución que albergaba a la lucha libre. Se trata de que si no hay pan, al menos haya circo… Es muy fácil entenderlo… Lo que no es fácil, es ver donde se les puede acomodar sin que nadie se sienta más ofendido porque se quedan en donde no deberían, a que se vayan cuando nadie quiere que eso suceda. Ayúdeme a resolver la paradoja…

Mancera no ha podido aunque le ponga ganas, pero a sus ansias, todos le ven cara de que se le va un patrocinador de su pretendida carrera pre-presidencial, porque “el león cree que todos son de su condición”. Yo no estoy aquí para defenderlo, él puede solo, ni para atacarlo, no sería justo, lo único que sí creo, es que hay muchos lugares, no sólo tres o cuatro, en la gran ciudad, hoy convertida en plancha de cemento, donde abrirían los brazos gustosos a la llegada de la legendaria Máquina Celeste… Si no se les ocurre dónde, que me pregunten, yo les digo dónde…

 

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