Espectáculos

Elle: Isabelle Huppert, No apta para moralistas

El cineasta holandés Paul Verhoeven (Robocop, 1987; Bajos instintos, 1992) regresa al cine una década después de su avasallador drama bélico La lista negra (2006), con Elle un trabajo lleno de sutilezas y desafíos a lo convencional en el que es capaz de hacer reflexionar al espectador sobre la perversión como algo inquietante, pero solemne; hacer del deseo algo lascivo, pero también ridículo; hacer de un thriller psicológico, con una buena carga de misterio, una comedia negra de denuncia y al mismo tiempo hace que Isabelle Huppert demuestre porque es la actriz más importante de la actualidad.

Una película que desafía al espectador por el convencionalismo y naturalidad de su protagonista en medio de una situación traumatizante, pues la actriz francesa da vida a Michele, una letrada y exitosa ejecutiva de una empresa de videojuegos que se obsesiona con encontrar a su violador, ella no se asume como víctima, sino que muestra una inexplicable indiferencia que, con el transcurrir de la película, juega con nuestras expectativas de moralidad.

Por este trabajo Isabelle Huppert goza del reconocimiento de la meca del cine estadunidense, primero al ganar el Globo de Oro a la Mejor Actriz Dramática y luego con la nominación al Oscar a la Mejor Actriz, por primera vez en su carrera. Sin embargo, es una actriz que ha alcanzado otros premios más serios como el de Mejor Actriz en Cannes en dos ocasiones, el primero en 1978, con Prostituta de día, señorita de noche, del mítico Claude Chabrol, y luego en el 2001, como musa de Michael Haaneke, en La pianista. Esta vez se enrola en un papel aún más polémico.

Huppert se muestra como una actriz valiente, experta en el manejo de emociones en situaciones incómodas. Es ella quien carga, en la apatía ante su violación, con toda la atmósfera de indolencia que se crea en la película. Paradójicamente en Elle, su mayor hazaña es la ausencia de muestras de dolor interno; es su desgana al trauma y su insensibilidad a la brutalidad (como la sociedad ante muchas cosas en la vida real), justificada por la abrumada vida que lleva de un trabajo en la industria de los videojuegos, al que Verhoeven también caricaturiza como un mundo de personajes sin escrúpulos ni valor emocional; por su familia disfuncional y sus relaciones amorosas fracturadas.

En su trabajo se encuentran recreando una violación virtual con monstruos para su próximo lanzamiento y ella se sitúa adherida a ese mundo inerte de emociones. Verhoeven explota de Huppert su sexualidad a sus más de 60 años, sin temor a ser subversivo. Elle es el conducto por el cual Verhoeven se burla de la generación de hijos inmaduros que se aventuran a ser padres; de la frágil visión del amor; de los adultos que se aferran a envejecer y otros personajes caricaturizados por ser miembros de una sociedad de máscaras a los que su personaje de Michele ve imposible de poder transmitir la emoción de lo que vivió.

Verhoeven presenta un guion que alimenta nuestra curiosidad. Explora los fetiches de los seres humanos. Con humor negro reflexiona sobre distintos grados de depravación con una protagonista llena de matices dramáticos y cómicos y hace una crítica a la sociedad en la que las personas, en la sombra se dictan por el deseo, pero que en la luz, ante los otros, se reprimen y usan máscaras por el temor a no ser aceptados.

Estrenos

Enemigo de todos

Director: David Mackenzie (EU, 2016)

Una de las películas que llegan en la carrera con el Oscar con mucha discreción, pero que fácilmente se puede situar dentro de lo mejor del año. El cineasta británico David Mackenzie nos presenta un thriller policiaco fusionado con western, con momentos divertidos y emocionantes, y personajes muy bien construidos. La historia tiene dos ejes dramáticos principales, por un lado el dos hermanos, uno quien es padre divorciado y el otro un ex presidiario, que comienzan a hacer una serie de robos a bancos, ambos encarnados por Chris Pine y Ben Foster que muestran una madurez histriónica apantallante; por el otro el de sus perseguidores, un par de comisarios de Texas (maravilloso Jeff Bridges) quienes tratan de descifrar su propósito y capturarlos. Mackenzie nos esconde con gran virtud el origen de la historia. Un filme sensacional, con una fotografía y juego de cámaras que aportan mucho a la historia.

 

Todos queremos a alguien

Director: Catalina Aguilar Mastretta (México, 2017)

Es una tristeza que el éxito comercial del cine mexicano se alimente de comedias románticas llenas de clichés. En los últimos años, los filmes más taquilleros pertenecen a este grupo de cineastas que hacen de la comedia un estado de confort. Ya no sólo tenemos a actrices como Martha Higareda liderando proyectos, sino también a otras como Karla Souza, que no conforme con su decepcionante ¿Qué culpa tiene el niño?, del año pasado, ahora regresa a mostrar historias con personajes cortados con la misma tijera. En Todos queremos a alguien narra la historia de un triángulo amoroso. Con una mujer exitosa, con la “crucial” decisión de tener una nueva historia romántica con su compañero de trabajo o regresar con su ex. Desilusionante segunda película de Catalina Aguilar Mastretta, después de su gran filme Las horas contigo (2014).

 

Lego Batman

Director: Chris McKay (EU, 2017)

A tres años de estrenar la divertidísima y muy impresionante animación de La gran aventura Lego (2014), uno de los realizadores de aquel filme como es Chris McKay se enroló en darle continuidad a este mundo fantasioso. Si bien es cierto que no supera a su antecesora sí ofrece casi dos horas de pura diversión con la única pretensión de sumergirnos en una sátira extravagante de Ciudad Gótica, esa mítica ciudad de los cómics en donde se desarrolla la historia de Batman. En este spin off, nos muestra al héroe como una especie de artista frustrado al mismo tiempo que intenta salvar a la ciudad de su archirrival el Joker. La calidad de la animación es detallada y deslumbrante, y aunque es una historia sumamente predecible, también es necesario decir que los espectadores saldrán con una sonrisa en el rostro.

 

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