In Justice We Trust

Fran Ruiz

El lema de Estados Unidos, In God We Trust (En Dios confiamos) debería ser eliminado y sustituido por otro que diga In Justice We Trust (En la Justicia confiamos). No sólo porque no se puede confiar en lo que no existe, sino porque ayer fuimos testigos de cómo la justicia —la única posible: la dictada e impartida por humanos— evitó que Donald Trump siguiese adelante con su inhumano veto migratorio contra los musulmanes.

La base de cualquier democracia sana es, precisamente, la imparcialidad y la independencia de la Justicia, como contrapeso fundamental para evitar, corregir o castigar abusos y tentaciones autoritarias de los otros dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo, y lo que ayer ocurrió en la Corte de Apelaciones de San Francisco fue que tres jueces —dos demócratas y un republicano— dieron la razón a un juez de Seattle, James Robart, cuando hace una semana ordenó bloquear la polémica ley antimigratoria que negaba la entrada al país de ciudadanos de siete países, simplemente porque el presidente decidió que esas naciones eran santuarios terroristas.

Nótese la extrema hipocresía de Trump, que prohíbe la entrada a los que presenten pasaporte de Irán, Irak, Somalia, Sudán, Libia, Yemen y Siria, pero en cambio abre la puerta a ciudadanos de Arabia Saudí, donde Trump tiene negocios, a pesar de que eran saudíes la mayoría de los terroristas que derribaron las Torres Gemelas.

Además de injusto e inconstitucional, el veto antimusulmán de Trump es contraproducente, ya que, en vez de evitar futuros atentados terroristas lo que hace es incentivarlos.

Desgraciadamente, Trump no tiene el cerebro diseñado para darle la razón a nadie, sino para que se la den a él. Cuando el juez de Seattle se atrevió a bloquearle su ley, montó en cólera. En un ataque de “twittsteria” escribió: “No puedo creer que un juez haya puesto a nuestro país en tanto peligro. Si algo pasa, la culpa será suya y del sistema judicial. La gente se está colando. ¡Mal!”.

Ayer, tras conocer su primera gran derrota como presidente, Trump volvió a tuitear: “Nos vemos en Corte [Suprema]. La seguridad de nuestra nación está en juego”.

La esperanza de Trump, por tanto, es que el máximo tribunal le dé a él la razón y para ello cuenta con que el Senado ratifique pronto al juez que él eligió, el conservador Neil Gorsuch, para romper la igualdad existente entre cuatro magistrados progresistas y cuatro conservadores.

Sin embargo, la grandeza de la Justica consiste en su imparcialidad y en ajustarse a derecho y no a los dictados de un gobierno. Por eso se agradece que haya sido el propio Gorsuch el que haya tachado de “aborrecibles” y “desmoralizantes” los ataques de Trump contra el juez Robart y contra lo que el mandatario consideró “politización” de la Justicia.

En cualquier caso y pase lo que pase en la Corte Suprema, lo ocurrido ayer y hace una semana confirma dos cosas: que Trump es un autoritario (que envidia el poder excesivo de su admirado Putin) y que los únicos que realmente pueden frenar la locura del presidente de EU son los jueces.

En ellos confiamos.

fransink@outlook.com

 

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