La educación, una causa de unidad - Ulises Lara López | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
La educación, una causa de unidad | La Crónica de Hoy

La educación, una causa de unidad

Ulises Lara López

Hay quienes dicen que cuando piensas que las cosas no pueden empeorar, siempre hay posibilidades de ir más abajo. A la mayoría de los mexicanos y sus organizaciones sociales e instituciones públicas nos ha parecido que la nueva presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, encabezada por Donald Trump, es una amenaza a nuestra estabilidad económica y social, por lo que coincidimos en la necesidad de hacer frente común a sus embates, sin embargo, las posibilidades de someternos a una división interna son enormes, porque hasta ahora casi todos los líderes de opinión y actores sociales valoran su apoyo, dependiendo de a quien pueda fortalecer políticamente cada iniciativa.

No es la primera vez que nos sucede una situación similar en la historia de nuestro país, cuyos saldos en el siglo XIX fueron, entre otros, la pérdida de territorio, una guerra civil y una República itinerante hasta su restauración, una vez derrotada la Monarquía. Pero esas condiciones nos permiten abrir la reflexión para encontrar una manera distinta de responder en la actualidad las pretensiones de dominación de una potencia extranjera, en particular un país vecino con el que tenemos una relación compleja y cuyas aristas han empezado a surgir en el intercambio comercial y en la migración.

En el entramado de relaciones que se han construido entre ambas naciones, la educación juega un papel especial.

Nuestras más emblemáticas instituciones de Educación Superior cuentan con presencia en  territorio estadunidense. En particular, la UNAM cuenta con centros de estudio en Los Ángeles, California; San Antonio, Texas, y Chicago, Illinois. Egresados del IPN colaboran en proyectos de investigación con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y en diversas instituciones públicas, destacando por su prestigio en la NASA. Médicos egresados de nuestras universidades estatales, junto a bioquímicos y especialistas en diversas especialidades de la salud, participan en las áreas de investigación de los grandes centros médicos norteamericanos. A lo anterior habría que sumar el enorme número de alumnos mexicanos matriculados en sus universidades, así como la presencia en territorio nacional de profesionistas e investigadores estadunidenses interesados en la arqueología, antropología, medicina tradicional, oceanografía, artes plásticas, arquitectura, música y toda la gama de líneas de investigación que se puedan imaginar.

Constantemente, las empresas norteamericanas capacitan y entrenan a sus trabajadores en sus casas matriz, ubicadas la mayoría en su territorio. Hay cada vez más intercambios de alumnos, y la integración de los habitantes de los estados del norte de la república es mucho más intensa de lo que suponemos, en ocasiones es mayor de la que pueden tener con el centro o sur de nuestro país.

Resulta evidente que el nombramiento de la empresaria Betsy De Vos en la Secretaría de Educación, es una muestra más del poco aprecio del señor Trump a sus connacionales y al resto de los países con los que mantiene algún intercambio, pues además de que la nueva titular no posee ninguna experiencia en el tema, desde una perspectiva profesional, ha hecho público su rechazo a la educación pública y promueve la privatización del sistema, ofreciendo un esquema de cupones que el gobierno le pague a las familias para que de forma individual inscriban a sus hijos en escuelas de gestión privadas.

La intención es tan burda que sabe que no obtendrá el resultado deseado, pero la verdadera misión es generar la contención necesaria para dejar de otorgar apoyos generalizados que, en la opinión de Trump y su equipo,  sólo han debilitado las finanzas públicas al otorgarle recursos a quienes no lo necesitan.

Así las cosas, la amenaza de la nueva administración también se cierne sobre grandes segmentos del pueblo norteamericano. La unidad que debemos buscar no se queda sólo entre los mexicanos, sino que tenemos aliados que estarán dispuestos a marchar con nosotros si presentamos un frente común.

Lo que está en juego es el futuro, si pensamos únicamente en las acciones reactivas perderemos la oportunidad de construir una nueva perspectiva para la región y especialmente para las generaciones por venir. De acuerdo a estudios sobre la integración de los migrantes en EU, los de origen mexicano son los que menos estudian, menos del 40% cursa el High School. Los llamados dreamers representan esa minoría que desea formar parte de la élite de profesionistas norteamericanos que puede tener ascenso social, pero recientemente la realidad ha venido cambiando y son cada vez más las personas con estudios de bachillerato o superiores los que en la última década han apostado a la migración, ante la ausencia de oportunidades en nuestro país.

Entonces la respuesta a la unidad nacional se resuelve si respondemos: ¿unidad para qué? No en torno a quién, ni para qué acción inmediata, sino para qué visión de México en los próximos 30 años. Porque nadie estudia para quedarse igual, porque todos tenemos aspiraciones, porque todos merecemos, especialmente los más jóvenes, la oportunidad de decidir sobre su futuro desde ahora, no cuando ya no sea posible cambiarlo.

Es una lástima que también en nuestro país tengamos titulares como la señora De Vos, que no saben ni les interesa la educación. Pero eso no debe convertirse en una tragedia, tenemos la oportunidad de demostrar que puede haber rutas diferentes. En la época de Juárez los ciudadanos eran un imaginario, una construcción por realizar. Hoy tenemos ciudadanos, cuadros profesionales especializados y la posibilidad de encontrar mediante el diálogo y la corresponsabilidad los acuerdos que hagan posible un intercambio más equitativo entre nuestros países, una ruta que rechace la violencia en todas sus formas y una expectativa de asociación y competencia que abra oportunidades sin avasallamientos ni humillaciones.

Estamos a tiempo de ver más allá de nosotros y nuestros intereses personales. Estamos en posibilidades de darle voz y acción a los que de manera cotidiana hacen patria y ciudadanía con su voluntad de estudiar, enseñar y aprender. La educación es una tarea permanente, pero sobre todo es una en la que todos coincidimos que nos hará libres. Apostemos a la educación real en sus instituciones y en sus personas, pero no para satisfacer sus egos o atender sus miedos actuales, sino para formar a las generaciones que le darán viabilidad a una nación y a una región que está luchando desde hace más de doscientos años por reconocerse y ser reconocida.

 

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