¿Quién tiene la más larga?

Carlos Alberto Patiño

La palabra más larga en cualquier idioma, según el sitio about.com, es “Donaudampfschiffahrtsgesellschaftskapitän”, que tiene 41 caracteres y que en español es “Capitán de la compañía de buques de vapor del Danubio”. El alemán es así. Suma y suma significados a una cadena que tiene sentido para sus hablantes. Por eso hay versiones de que Donaudampfschifffahrtselektrizitätenhauptbetriebswerkbauunterbeamten-Gesellschaft” es la que ostenta el récord. Significa “Sociedad de funcionarios subalternos de la construcción de la central eléctrica principal de la compañía de barcos de vapor del Danubio.” Y si le ponemos al jefe de esa sociedad en la lista resultará una tremenda palabrota. Pero todavía no se hace… creo.

En español, la palabra más larga contenida en el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia, es “electroencefalografista”, con 23 letras. “Electroencefalográficamente” llega a 27, pero no está en el diccionario. Con 22 está el famoso músculo “esternocleidomastoideo”; también “contrarrevolucionarios”. “Antirreeleccionistas”, con tanto peso a favor y en contra de Porfirio Díaz, sólo tiene 20. “Antirreglamentario” llega a 18. “Otorrinolaringólogo” es de las de 19, pero “otorrinolaringología” suma 20. “Electrocardiograma” es de 18 y “paralelepípedo” tiene 14. “Ornitorrinco” apenas suma 12.

“Espiritifláutica” (16) figura en el Diccionario breve de mexicanismos de Guido Gómez de Silva, no así en el del Español de México, del Colmex, ni en el de mexicanismos de la Academia Mexicana. Significa flaca como flauta.

Para Wikipedia la más larga es griega clásica: “Lopadotemajoselajogaleokranioleipsanodrimipotrimmatosilfiokarabomelitokatakejimenokijlepikossifofatoperisteralektrionoptekefaliokinklopeleiolagoiosiraiobafetraganopterigón” (171). Es un plato culinario ficticio mencionado en los versos 1169 a 1175 de la comedia Las asambleístas (392 a. C.) de Aristófanes (444-385 a.C.)”. El platillo estaba compuesto por peces, mariscos, aves, vino, miel y frutas… La idea era satisfacer todos los gustos.

Sostienen algunos sitios de la red que la palabra más larga es el nombre de la proteína más grande conocida, la “titina” cuya denominación química incluye 189 mil 819 letras. Sin embargo, lingüísticamente no tiene valor como palabra.

En inglés el vocablo más largo es “pneumonoultramicroscopicsilicovolcanoconiosis” (45), el nombre de una enfermedad pulmonar producida por intoxicación con polvo fino de sílice. La palabra está en el Oxford English Dictionary, por si alguien duda.

En francés están registradas “anticonstitutionnellement” (25 letras) y “neuropsychopharmacologie” (24).

En italiano encontré “precipitevolissimevolmente” (26). Ya me dirán mis lectores hablantes de ese idioma si es cierto.

Palabras como “supercalifragilisticoespialidoso” (32) son meros divertimentos que forman parte del imaginario colectivo.

La fobia a las palabras largas, lo vimos en la entrega sobre los miedos y odios, es “hipopotomonstrosesquipedaliofobia” (33).

Hay quienes tienen afición por buscar palabras raras, largas o deslumbrantes, desmesuradas. Son pacientes del “sesquipedalismo”, término que solo tiene 15 letras (como la famosa miscelánea) pero que apantalla.

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Sobre el tema de la semana pasada, las frases hechas, me preguntó Mangel sobre “rabo verde” y “lengua viperina”.

Sabido es que “viejo verde” o “viejo rabo verde” se refiere a un adulto (masculino) maduro o mayor con afición por las jóvenes. Es como la cebolla, dicen de alguno: “Con la cabeza blanca y el rabo verde”. Es un término despectivo y, pensándolo bien es discriminatorio, pues niega el derecho a experimentar algún tipo de impulso o sentimiento a quienes acumulan edad.

Dice el Diccionario del español de México: “(Viejo) rabo verde (Coloq) Hombre viejo que tiene la costumbre de pretender a las jóvenes con fines amorosos”.

Y el de mexicanismos, de Guido Gómez de Silva: “. adj. Que conserva inclinaciones galantes impropias de su edad, enamoradizo. || 2. m. Viejo verde, viejo enamoradizo”.

(¿Impropias? Con la intolerancia hemos topado).

Sin embargo, en el origen el término era positivo. Era elogio para las personas que pese a la edad conservaban la lozanía.

La palabra verde viene de viridis. La página El español.org señala que “el sentido original del viridis latino, que expresaba relación con el vigor, la fuerza y la juventud se conserva en nuestra expresión viejo verde, que explicaba así Covarrubias en 1611: «estarse uno verde, no dexar la loçanía de moço aviendo entrado en edad».

La “lengua viperina” es la lengua bífida o serpentina. Para el DLE es una “persona mordaz, murmuradora y maldiciente”. Es decir, alguien que figuradamente tiene lengua de víbora, que es “venenosa”. (Recordemos que “víbora” es la excepción para las palabras terminadas en “vora”, que todas se escriben con la “v” chica, menos ésta).

El lector Ricardo González Cruz da su versión del “ojo de buen cubero”: “Tengo entendido que surge del vendedor de nieves y helados. Giraba el cubo dentro de un recipiente de madera y… antes de que se solidificara el agua, suspendía los giros ya que, si continuaba con esa tarea, la nieve se cristalizaba”.

Y de los “cuberos”, dice Gerardo Galarza: “Por cierto, eso del buen cubero es algo que, entre muchas cosas más, ignoraba; siempre creí que había una errata histórica en esa palabra”. “Salud”, le respondí.

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Regaños: Ahora es Publimetro. Reza su cabeza: “Trump enseña a AMLO lo que no se debe de hacer: Alfonso Romo”.

Y la nota dice: “‘Eso es lo que no hay que hacer, nos está enseñando el presidente Trump que es lo que no debemos hacer, eso es un gran aprendizaje, no se gana nada confrontándonos con los medios’, dijo Romo”.

¿Deber de o deber? ¿Como se pone en el titular o como está en la nota?

Son dos significados diferentes. Los de más edad se acordarán de la sección del programa de Chabelo —No En familia, sino el que tenía con Genaro Moreno—: “Lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer”. No está la preposición “de”, ¿verdad? Es porque se expresa una obligación.

“Deber” es algo ineludible, “deber de” es posibilidad, algo opcional. “Debes hacer la tarea” no es negociación. Si no la haces, hay chancla… (No, cambio de expresión. Aunque Derechos Humanos no tiene un articulado sobre la chancla, más vale no buscarle). “Si no la haces, reprobarás”.

En cambio: “¿Vendrá Luis? Debe de venir”. Es decir, a la mejor viene. “¿Vendrá Luis? Debe venir”. O viene o se lo carga el payaso.

Me aclara Marielena Hoyo que lo que ella le oyó a Carlos Slim fue “negocía”, no “financía”, como yo escribí. Eso pasa por confiar en la memoria que, como decía mi mayor Reyero, el del Servicio Militar, es traicionera.

Empero (moría de ganas de usar “empero”), el regaño funciona también para “negocía”. El modelo de conjugación es “anunciar”, y no hay “anuncío” que valga. (Mmmh, no faltará quién).

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Radix. Estrenamos sección. Por el interés que despertaron las etimologías, en este espacio revisaré algunas. Hoy empezamos precisamente con “radix”, que es raíz. De ahí radical, que es lo relativo a la raíz y también lo que va a fondo. De ahí vienen también “radicar” (echar raíces, afincarse),”raigambre” (conjunto de raíces, orígenes), “arraigar” (fijar lugar a alguien para que no huya, como ciertos ex gobernadores), “desarraigar” (arrancar, despojar del origen, expulsar).

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El Arca de Arena se da por muy satisfecha con las respuestas a la demanda del sitio muy bien escondido, oculto. “Recóndito” respondieron Marielena Hoyo, Francisco Báez, Mangel y Luz Rodríguez.

Bien, El Arca busca un epiceno bisílabo, que puede ser falso, mentiroso, embustero; adjetivo que muy bien podría acomodar a Tartufo, por zalamero e hipócrita.


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