Cultura

Mi ojo es un libro raro que nada cuenta, sólo es fotografía, dice Graciela Iturbide

Oficio. El volumen ofrece 40 imágenes, la mayoría inéditas, que dan a los lectores la sensación de estar viendo negativos, dice la fotógrafa. Trabaja con el artista oaxaqueño Francisco Toledo en la construcción de la tumba de Zoraida, la mujer juchiteca a la que fotografió con una iguana en su cabeza en 1979

"Son como sorpresas, no es una historia, no es un libro que cuente algo, tiene que ver solamente con la fotografía, si se dan cuenta empieza con un negativo de las cámaras que hay en la India, es una imagen donde salgo con una de mis amigas y el libro termina con una foto que le estoy tomando a Édouard Boubat, un fotógrafo francés que ya murió, pero es inédita como la mayoría de las imágenes que están en la publicación”, comentó la fotógrafa Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) sobre su reciente libro Mi ojo.

El libro de la artista reconocida con el doctor honoris causa en Artes por el San Francisco Art Institute en 2009 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2008, es una selección de 40 imágenes impresas en tinta plata sobre cartulina negra, técnica que ofrece a los lectores la sensación de estar viendo negativos, y que en palabras de Iturbide, convierte al libro en algo raro y en un ejercicio de observación minuciosa.

“La culpa de elegir esa técnica de impresión la tiene Ramón Reverte (director editorial de RM), la cual me encantó y estuvimos de acuerdo la diseñadora y yo. Es un libro raro, además, tiene mi ojo adentro (impreso y recortado a manera de separador) y realmente esta técnica tan difícil en imprenta, me fascinó. Primero el libro se iba a llamar Mal de ojo, pero ese será un libro pendiente, entonces decidimos hacer uno más pequeño: Mi ojo, que se titula así porque es lo que yo veo”, indicó.

La publicación, que se presentó la noche del jueves en el Centro de la Imagen, reúne 40 fotografías que Graciela Iturbide seleccionó de sus más de cuatro décadas de trayectoria. “Reúno de todo, negativos, a (la artista) Eugenia Vargas fotografiando, un negativo donde yo estoy, perros que acabo de tomar en Chile, hay abejas…hay de todo. Son 40 imágenes de todos los periodos, la mayoría son inéditas y editadas hasta ahora”.

Para Iturbide la fotografía es la vida y en cada una de sus imágenes, imprime su sorpresa. “Fotografío lo que me sorprende. Una mis últimas fotos fueron en Chile el año pasado, de perros… Voy caminando y encuentro cosas, y eso es lo que voy fotografiando. Trabajo de manera análoga, pero lo que me importa es el resultado, no importa que sea con cámara digital o de cartón. Lo importante es el resultado no el aparato o el rollo”.

 ¿En trabajas actualmente?, se le preguntó. “Sigo fotografiando, acabo de llegar de Pantitlán, sigo fotografiando lo que me sorprende y ahora me sorprenden mucho las piedras, pero no sé de qué manera haré ese trabajo, pero es mi ilusión fotografiar piedras”.

También trabaja junto con el artista oaxaqueño Francisco Toledo en la construcción de la tumba de Zoraida, la mujer juchiteca a la que fotografió con una iguana en su cabeza en 1979 (Nuestra señora de las iguanas) y que hoy es una de las imágenes icónicas de Iturbide.

“Esa fotografía es muy interesante porque la tomé cuando ella entraba al mercado, las mujeres juchitecas se ponen todo en la cabeza, pero ella ya murió. Ahora vamos a hacer un libro de cómo la fotografía camina cuando quiere caminar y le estoy haciendo su tumba a Zoraida. Fui a Juchitán y su hija me dijo que cómo es que su madre siendo tan famosa tuviera una tumba tan pobre. Entonces Toledo me dijo que hará las iguanas que colocaremos en la tumba y ahí será el Santuario de Nuestra Señora de las iguanas o de Santa Zoraida”.

RECORDANDO A RULFO. Graciela Iturbide no sólo trabajó como asistente de Manuel Álvarez Bravo, de 1970 a 1971, también fue amiga del escritor Juan Rulfo, de quien este 2017 se celebran 100 años de su nacimiento.

“Recuerdo que Rulfo me habló para que imprimiera sus fotografías cuando las presentó en Bellas Artes, pero le dije: ‘No, porque estoy empezando a hacer fotografía y te voy a echar a perder todo tu trabajo’. Entonces se las imprimió Nacho López”, dice Graciela Iturbide.

Además hace un par de meses Graciela estuvo en la Hacienda de San Gabriel, Jalisco, donde nació el autor de Pedro Páramo, “porque fui a fotografiar a San Isidro a unos campesinos que quieren recuperar su tierra y lo bonito de estos campesinos es que nos regalaron, a mi asistente y a mí, los libros de El llano en llamas y Pedro Páramo, y ellos sabían dónde estaban los lugares de los que habla Rulfo y nos llevaron, pero sus fotografías me encantan porque tienen el mismo talento y espíritu que tiene su literatura”.

Lo traté poco, añadió, “lo veía a veces; él fue a mi primera exposición, en aquella época yo vivía en la calle de Barranca del Muerto y le encantaba. He aprendido mucho de Juan Rulfo leyéndolo y viendo su trabajo. Para mi es uno de los mejores escritores del mundo, Pedro Paramo es el libro más maravilloso que he leído de toda (la literatura) de Latinoamérica y de todas partes, lo leo bastante seguido, es decir, lo releo porque me encanta”.

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