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“La regulación ambiental en México es muy buena, pero no se aplica”: Dení Rodríguez

Nuestros Científicos. Dení Rodríguez ha trabajado a lo largo de décadas en la investigación de las comunidades biológicas de los litorales mexicanos, estudiando organismos marinos del borde litoral. Entre sus investigaciones destacan las que estudian el impacto que tiene la actividad medioambiental a causa de las actividades humanas.

Acapulco está muerto, dice Dení Rodríguez. La investigadora de la Facultad de Ciencias de la UNAM aclara que no se refiere a la violencia social e inseguridad que azota al municipio guerrerense, sino a la biota en su litoral. “En la bahía ya no hay nada”, sólo los estragos del turismo intensivo. 

“Comenzamos trabajando en sus dos grandes bahías porque son las que han sufrido mayor impacto; desde hace 20 años, su biota está en una situación terrible”, refiere en entrevista la especialista en litorales e impacto ambiental. Las malas noticias son sólo una parte del trabajo de esta científica, sin embargo, son éstas sobre las cuales su investigación y la de su grupo de trabajo podrán tener mayor impacto. 

Dení Rodríguez ha trabajado a lo largo de décadas en la investigación de las comunidades biológicas de los litorales mexicanos, estudiando organismos marinos del borde litoral desde la zona intermareal —situado entre los límites de la bajamar y la pleamar—, en una zona que se conoce comúnmente como “roquerios” y en arenas, los cuales están sujetos a cambios de marea a lo largo del día y que en las zonas rocosas son ricos en vida. 

Es en estos sitios donde se encuentran una gran diversidad de especies animales, pero también muchos organismos fotosintéticos, los cuales pueden ser alcanzados desde prácticas de buceo regulares. Relata que los científicos trabajan con grandes aspectos de estas comunidades litorales, como “quiénes están ahí” —la identidad de los organismos litorales de cualquier tipo, ya sean algas o invertebrados, incluso peces. Lo más común es encontrar comunidades algales e invertebrados asociados a éstas—. 

Dentro de los invertebrados, refiere la especialista, se encuentran los equinodermos (erizos de mar, estrellas, todos los gusanos, planos y cilíndricos), así como crustáceos. “Es una diversidad alta de animales y organismos fotosintéticos. Estudiamos quiénes son, qué especies están ahí y su identidad en términos científicos. Eso nos permite hacer relaciones evolutivas, saber de dónde vienen, quiénes son sus parientes más cercanos, además de analizar la taxonomía de grupos de organismos que están en el litorial”. 

Dení Rodríguez Vargas añade que otro gran aspecto de su investigación es el estudio de su ecología: cómo funcionan con su entorno y qué relaciones presentan, como los invertebrados que están asociados a las algas, por ejemplo. “Si tomo un pedazo de alga pueden salir muchos organismos pequeños de varios tipos, hay de todos. ¿Cómo llegaron ahí?, ¿cuál es su relación?, ¿qué parte de su vida se desarrolla en ese sistema?, ¿para qué le sirve?”.

IMPACTO AMBIENTAL. Como consecuencia de estos estudios, los científicos incorporaron una nueva línea de investigación relacionada con el impacto ambiental que las actividades del ser humano tienen sobre estos ecosistemas, principalmente el turismo. 

“Tratamos de establecer relaciones de ese impacto, de los desechos urbanos, agrícolas ganaderos e industriales que están afectando el mar y degradando a esas comunidades litorales, desde el intermareal hasta las zonas arrecifales”. 

La científica ejemplifica: “¿Qué pasa con todo lo que sale de los hoteles en Ixtapa Zihuatanejo? La regulación ambiental es muy buena, pero no se aplica. Tenemos en papel regulaciones adecuadas, pero ¿qué tanto se lleva a la práctica? No mucho”.

La especialista refiere que en estos litorales han encontrado altas concentraciones de nutrientes de origen humano y desechos urbanos que llegan al mar sin mucho tratamiento. Ahora el objetivo que tienen es medir su impacto en todo el ecosistema. 

De lo que están seguros es que estos fenómenos modifican las relaciones hacia el interior del ecosistema, que ejercerán un impacto importante en muchas especies sensibles por lo que se perderán. “Existen elementos contaminantes diversos, provenientes de desechos humanos, algunos relacionados con jabones o como resultado de otra industria, como la termoeléctrica que existe entre Guerrero y Michoacán, que tira agua caliente y modifica la temperatura del agua: hay organismos que son muy sensibles a cambios de temperatura que desaparecerán de sus ecosistemas a causa de esta actividad”.

Algunas de estas hipótesis tienen respuestas claras y obvias, sin embargo, el objetivo de los científicos es dejar una constancia medible de este impacto. “Queremos poner las cosas en claro para, por lo menos y en algunos aspectos, decir qué pasa con esos desechos en estos ecosistemas, cuál es el efecto del incremento de nutrientes o del exceso de sedimentación”. Sobre este aspecto explica que los terrígenos —sedimentos formados por tierra— pueden arrastrar residuos provenientes de la agricultura, y si normalmente pueden ser removidos por la lluvia debido al deslave de cerros, el efecto del desmonte de éstos lo exacerba. 

“Es el efecto de construir muchos fraccionamientos, además de perder contención se incrementa el desecho urbano que llegará hasta el mar. La tierra resbala por las calles con una facilidad impresionante, todo eso atrae problemas al funcionamiento de las comunidades litorales”. 

La científica ejemplifica nuevamente este impacto con regiones como la de Ixtapa Zihuatanejo. “La (almeja) ’chocolata’, emblemática de la región, se sacaba de la bahía. Ahora ya no hay ni una, las tienen que sacar de más lejos y cada vez hay menos. Ahora bien, a eso hay que sumar la pesca furtiva y las malas prácticas. En resumen, tenemos un montón de problemas”.

Por ello, apunta, la investigación científica es vital, debido a que es la herramienta con la que los investigadores buscan obtener mapas de riesgos y saber qué se puede hacer ante estos problemas y así desarrollar propuestas para su mitigación y remediación. “Tenemos que buscar soluciones para establecer condiciones saludables en términos ecosistémicos, y así estas especies y su entorno nos sigan brindando sus servicios ecológicos, no sólo a quienes viven en las costas, si no a nosotros, a todos”.

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