Berlinale reconoce a Canoa como filme indispensable del séptimo arte | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

Berlinale reconoce a Canoa como filme indispensable del séptimo arte

El cineasta Felipe Cazals regresó al festival con su película restaurada, a 41 años de haber ganado el Oso de Plata, Premio Especial del Jurado en la sección principal. Anunció que se retirará del cine

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En 1976 el cineasta mexicano Felipe Cazals estrenó su filme Canoa; Memoria de un hecho vergonzoso. Eran tiempos en los que el cineasta tenía una convicción por mostrar en su cine historias inspiradas en hechos reales pues ese mismo año se estrenaron también sus filmes Las poquianchis y El apando. Eran años en los que el gobierno mexicano aún apoyaba a una generación de cineastas encabezados por el mismo Calzals, Arturo Ripstein y Jaime Humberto Hermosillo.

Canoa de Cazals alcanzó una proyección internacional al formar parte del Festival Internacional de Cine de Berlín en la competencia principal por el Oso de Oro en la que solo fue superado por Buffalo Bill y los indios (1976), del reconocido Robert Altman. El filme mexicano recibió el Oso de Plata al Premio Especial del Jurado por encima de filmes de Nicholas Roeg (El hombre que cayó a la tierra) y François Truffaut (La piel dura).

A poco más de cuatro décadas de esa distinción el cineasta mexicano y su filme regresaron a la Berlinale como parte de la sección Berlinale Classics, que reúne las versiones remasterizadas de obras consideradas piezas fundamentales de la historia del cine.

“En aquellos tiempos lo que hacía la juventud era rechazado por el gobierno y la sociedad. Canoa es por sí mismo un ejemplo de eso y le da significado al fanatismo aliado con la corrupción en contra víctimas inocentes. En la historia de la humanidad lo que amenaza a los trabajadores, las familias o los jóvenes es cobarde”, dijo el cineasta mexicano en la premiere de su película remasterizada en la capital de Alemania.

El mayor mérito del film consiste en el poder de su denuncia social a pocos años del suceso acaecido en 1968, en Tlatelolco. Cinco chicos que trabajaban en la Universidad de Puebla, deciden escalar el cerro de Malinche. Para poder realizar la escalada, deciden ir hasta el pueblo de San Miguel de Canoa, población muy cercana de la capital del estado, pero a años luz de la más mínima manifestación de progreso. Allí, instigados por la paranoia anticomunista sembrada por el Padre del pueblo, los habitantes en masa enfervorecida deciden apalear, acuchillar a “los enemigos de la fe cristiana”.

La historia es contada a través de diferentes saltos en el tiempo, haciendo que en ocasiones el filme se asemeje a un documental. En la primera parte un periodista en la Ciudad de México recibe el cable desde Puebla de la tragedia sucedida en la madrugada del 15 de septiembre de 1968, en el que desde Puebla le dan a conocer la versión de que los jóvenes empleados que fueron linchados pretendían izar una bandera rojinegra en la iglesia, a lo que el periodista reacciona aprobando el linchamiento. Posteriormente, se realiza la presentación de la película en medio de imágenes verídicas de los cuerpos sin vida de los estudiantes en Canoa, rodeados por militares y gente del pueblo horas después de ocurrido el linchamiento.

“Es la memoria de un hecho vergonzoso. Me sigue pareciendo doblemente doloroso que siga existiendo la agresión contra los estudiantes al margen de sus ideas y que nunca se pueda saber la verdad”, ha dicho el cineasta mexicano.

Antes de viajar a Alemania a la presentación de su película el cineasta compartió su emoción con algunos medios de comunicación: “Para mí es un tanto presuntuoso, pero no lo soy, el saber que de todos los churros que hice uno (Canoa) se salvó. El saber que una nueva generación de mexicanos la va a poder ver, me interesa y me interesa ver qué opinan y qué piensan. Quiero ver   qué resulta de eso. Lo más importante es que la ausencia de mis colaboradores (el cinefotógrafo Álex Phillips Jr. y el guionista Tomás Pérez Turrent) me duele muchísimo. Nunca vimos la película como se ve hoy, restaurada, y eso da una emoción muy especial”, dijo.

También agradeció a su compañero de profesión Alfonso Cuarón, ganador del Oscar como Mejor Director por Gravedad, por insistir a la empresa Criterion Collection a que se remasterizara el filme, “Cuarón tenía 14 o 15 años y era fan de la película. Al paso de los años esa película ha significado para él muchas cosas y en un gesto que lo califica de una manera notable, fue él el que les dijo a los de Criterion Collection que  su colección estaba incompleta. Les enseñó Canoa y los convenció. Logró, con la ayuda de Imcine, que Criterion invirtiera cuatro años y muchísimo dinero para restaurarla y dejarla como está hoy”, explicó.

Finalmente, el cineasta explicó que aunque siempre hay historias para llevar al cine, él ha decidido despedirse de la dirección, “¡Tengo 20 proyectos!, pero no creo que filme ninguno. El director de cine es como el boxeador o como el matador de toros: si está en forma no hay problema, pero si no está en forma, mejor que no se meta. ¿Cómo estoy? Pues con 80 años. Todo depende, los toros son distintos y los boxeadores también. No sé, yo creo que hay un espacio distinto para nuevos cineastas y tenemos talentos importantísimos en México. ¡Es su momento, el nuestro ya pasó! Ya hicimos lo que debíamos, lo que podíamos o lo que quisimos hacer”, dijo al diario Excelsior.

Antes de despedirse de la audiencia que lo acompañó en la premiere de su filme restaurado en Berlín, Felipe Cazals envió un último mensaje ante la situación política que se vive con la llegada del nuevo presidente de Estados Unidos: “Donald Trump es un cobarde”, dijo.

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