Los ataques contra Francisco - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Los ataques contra Francisco | La Crónica de Hoy

Los ataques contra Francisco

Manuel Gómez Granados

La semana pasada, las calles de la ciudad de Roma fueron testigo de un hecho inusitado en la historia reciente de la Iglesia católica: Docenas de puntos estratégicos en las inmediaciones de la Basílica de San Pedro aparecieron con posters con la imagen del papa Francisco en los que se le atacaba y criticaba por haber impulsado una reforma a fondo de la Orden de Malta.
La Orden de Malta es una organización cívico-religiosa muy antigua. Surgida en el contexto de las cruzadas, que conserva una estructura militar, pero desde hace más de dos siglos está dedicada a atender problemas como la pobreza extrema, o prestar ayuda en desastres naturales. A pesar de sus fines tan nobles, la Orden de Malta se ha convertido en una suerte de relicario de algunas familias católicas muy ricas. Como todo relicario tiene un aspecto positivo, pero también tiene algo de fetiche, que legitima las posiciones de privilegio de algunos de sus miembros.
Ese aspecto fetichista fue el que detonó los ataques contra el papa Francisco. En los posters se hacía mofa del énfasis que Jorge Mario Bergoglio ha puesto en la misericordia como la preocupación central de su pontificado. Se le reclamaba no ser misericordioso con los excesos de los dirigentes de la Orden de Malta. Los ataques buscaban ridiculizar y socavar la autoridad del papa, pero sus promotores pierden de vista que en realidad socavan la credibilidad de la Iglesia y, sobre todo, la de quienes dentro de la Orden de Malta y en otras organizaciones radicales, integristas, insisten en ver la paja en el ojo ajeno.
Ataques como éste no se veían desde los tiempos en que el Papa era cabeza visible de la Iglesia y soberano de los llamados Estados Pontificios. Son graves, pues marcan un peligroso retorno a épocas en las que los papas eran, en más de un sentido, cabezas de movimientos políticos. Ello es injusto porque si algo ha distinguido al pontificado de Francisco es su indisposición a involucrarse con asuntos de política partidista. Evitó participar en el debate sobre la legalización del matrimonio homosexual en Italia, entre otras razones porque considera que hay prioridades mucho más importantes que obsesionarse con la moral sexual de otras personas.
En ese y otros casos ha optado por usar la reserva moral del papado para insistir en la necesidad de que el Estado italiano no desista de su responsabilidad de atender a los migrantes y refugiados que llegan a su territorio. Y no es que, como sus críticos insinúan, renuncie a principios clave del Evangelio. Más bien sucede que cuando Francisco mueve la maquinaria pesada de la Santa Sede lo hace para promover una noción amplia del derecho a la vida, que abarca todo el espectro y no se limita a los no nacidos. Cuando Francisco critica, por ejemplo, la “cultura del descarte” crítica severamente el aborto.  Pero va más allá de la visión reduccionista que limita la defensa de la vida a lo que muchas veces son campañas de agresión contra mujeres que acaban en la cárcel incluso por haber padecido abortos espontáneos.
Estas cosas, que cualquier miembro de la Iglesia entiende como la ampliación lógica y sensata de las enseñanzas de los papas en materia de derecho a la vida, no las aceptan algunos grupos dentro de la Orden de Malta y otras organizaciones católicas. Le apuestan a denostar al papa y a generar dudas acerca de las razones que mueven a Bergoglio para actuar como lo hace, pero al hacerlo olvidan que Francisco es, les guste o no, vicario de Cristo.

manuelggranados@gmail.com

 

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