Hablemos claro sobre los migrantes

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Es muy loable que las autoridades mexicanas se preocupen por la atención de los mexicanos que contra su voluntad son regresados a su patria. No es de criticar el que México reclame la ilegalidad o el mal trato  utilizado para llevar a cabo las deportaciones.
Lo que no ayuda a resolver el problema es que  al abordarlo se usen argumentos falsos o por lo menos incompletos. En el inusitado recibimiento que el Presidente de México hizo en el aeropuerto a 135 migrantes deportados, afloraron varios aspectos de esta indeseable realidad. Uno de los deportados dijo que llevaba quince años en los Estados Unidos, que su esposa y sus hijos ya no tenían problemas con su residencia en el vecino país. Si había formas de legalizar su situación ¿por qué no lo hizo?  Otro migrante, muy seguro de sí, afirmó: “Se quedaron allá mi esposa y mis hijos, pero ya les dije que en quince días estoy de regreso, me va a costar unos cinco mil dólares, pero regresaré”. En estas frases se refleja una buena parte de la realidad de la migración mexicana a los Estados Unidos, la cual  en su mayoría se realiza en forma ilegal.
Es sabido por los dos países que hay “coyotes” que ofrecen el servicio de pasarlos al otro lado a cambio de considerables cuotas. No se sabe  que se hayan realizado operativos para capturar a estos “delincuentes”. Sabemos de ellos cuando  dejan abandonados a los incautos migrantes, encerrados en un camión o muriendo de insolación en el desierto.
Los mexicanos nos hemos acostumbrado a ver con naturalidad todo esto que es ilegal y no nos preocupa porque una de las grandes lacras de nuestro sistema político es la ausencia del Estado de Derecho; violar las leyes, porque a  juicio personal son injustas o porque el violarlas les trae beneficios, es parte de la forma de ser. Muchos ya tienen una frase que dicen con sorna “las leyes se hicieron para violarlas”.
En el vecino país que tiene fama de respetar su Estado de Derecho, algunos de sus estados ha encontrado la forma de  acomodar las leyes para utilizar la mano de obra de migrantes que han ingresado ilegalmente al país. En el fragor de la actual disputa se han declarado “Estados Santuarios” para proteger a los migrantes, pero no vamos a creer que lo hacen guiados por el espíritu de la Madre Teresa, los protegen porque los empresarios  presionan para que no los priven de los trabajadores que demandan menos salarios, y  les originan menos  egresos.
¿Por qué en vez de condolernos por los atribulados migrantes y denostar al nuevo presidente del vecino país, no se aborda el problema hablando a fondo con la verdad? A los norteamericanos les conviene la mano de obra de los mexicanos y a éstos les convienen los dólares que reciben. Canadá emplea a migrantes mexicanos, contratados legalmente. Estados Unidos lo hizo así un tiempo con los Braceros mexicanos. No sería más lógico, dejar la demagogia, reconocer la realidad y resolver la problemática con normas que convengan a las dos partes. Así todos ganan y los mexicanos empezarían a aprender que es mejor vivir en un estado de derecho, que vivir a salto de mata, cruzando ilegalmente la frontera, gastando sus ahorros en “coyotes” y temiendo ser deportado en cualquier momento.
Si México no quiere ver salir a sus ciudadanos a buscar lo que su país no les da, es tiempo de que se programe, en serio, resolver la gran desigualdad y la violencia que tenemos en los estados donde hay más migración. Esta es nuestra oportunidad.


melenavicencio@hotmail.com

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