EU podría imponer un sistema de cupos

Julio Brito A.

No hay nada nuevo bajo el sol. Al igual que Brasil hace un par de años, que debido a un desbalanceado comercio con México impulsó un sistema de cuotas, de la misma manera lo intenta hacer Estados Unidos. El principio es muy sencillo: si Ford produce tres millones de autos entonces podrá importar de México 10%; o sea, 300 mil unidades libres de aranceles. En el argot de los negocios se llaman cupos. Se establece, que México podrá exportar a Estados Unidos dos millones de vehículos y se distribuyen las cantidades entre las marcas armadoras.

Todo aquello que sobrepase los cupos, entonces tendrá una aplicación arancelaria, que, de acuerdo al gobierno de Donald Trump podría ubicarse en el 20 por ciento. Este acuerdo es de buena voluntad de las partes. En el caso de la querella entre Brasil y México se evitó ir a las instancias mayores, para obligar a Brasil a cumplir.

La clave de aquel acuerdo fue que tenía tiempos y entonces se especificó que a los tres años se volvería al libre comercio, con lo que México se sintió a gusto y no hubo más querellas. El tema es que en el fondo acarrea una gran desigualdad para las marcas, que no tienen grandes inversiones en Estados Unidos. Por eso, Toyota aseguró que iba para adelante, porque la producción de Guanajuato sería bastante razonable, pero para marcas como Mazda, que no tienen los volúmenes de sus competidoras.

De acuerdo a Baum & Associates LLC considera que la mayoría de las compañías automotrices, cuya producción se lleva a cabo en territorio mexicano, se verían obligadas a elevar los precios de sus vehículos para contrarrestar los costos.

En el tema arancelario es improbable que los fabricantes de automóviles aumenten los precios en más de unos pocos miles de dólares por auto y probablemente también tendrán que soportar parte de la mayor carga impositiva. Con una producción de un 82% en suelo nacional, la compañía Ford tendría un costo extra de unos 282 dólares por unidad, mientras que otras como Fiat, Chrysler, General Motors, Honda y Toyota, con una tasa de producción doméstica de un 60%, colocaría sus gastos en unos 995 dólares por cada vehículo entrado y vendido en el país.

Por su parte, los constructores coreanos se beneficiarían de su presencia en territorio estadunidense y de esta manera limitarían sus gastos. Sólo les tocaría aumentar su capacidad de producción de piezas de repuesto producidas en Estados Unidos para así mantener su ritmo de crecimiento.

En lo que respecta a los fabricantes alemanes, el estudio supone un costo adicional de 6.800 dólares para el grupo Volkswagen y de 7.600 dólares para Volvo. Sin embargo, con la puesta en marcha de una nueva planta en Carolina del Sur para finales de 2018, Volvo reduciría considerablemente este posible incremento de sus costos por concepto de importación.

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