Cultura

“La tarea es lograr que la cultura sea compañera cotidiana de los mexicanos”: Eduardo Vázquez Martín

Entrevista. El secretario de Cultura de la CDMX, Eduardo Vázquez Martín, asegura que “la tarea de las instituciones es lograr que la cultura forme parte de la vida cotidiana de la sociedad, pero alerta que algo letal para ésta sería corporativizarla y hacerla asistencialista. “No pensemos que de aquí vamos a sacar votos para ganar elecciones… ¡No!, porque entonces le damos en toda la torre”

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Chimalistac es un barrio del sur de la ciudad y también una palabra náhuatl que significa “lugar del escudo blanco”. Una de sus calles es Avenida De la Paz y en el número 26 está la Secretaría de Cultura de la CDMX. Ahí llega todos los días Eduardo Vázquez Martín, titular de la dependencia que también es un escudo blanco que día con día lleva a los capitalinos música, danza, teatro, exposiciones.., todas las manifestaciones artísticas para recrear su espíritu.

Al lado del edificio está la famosa Escuela de Música del Rock a la Palabra y enfrente el Parque de la Bombilla, dos lugares ya míticos y cercanos a la oficina de Eduardo Vázquez, quien en entrevista reflexiona sobre la cultura, esa actividad humana que no se queda sólo en la creación estética, sino que cumple con una función sustancial: ayudar al desarrollo humano.

Su experiencia en este tema es amplia. Fue jefe del Departamento Editorial de la dirección de Literatura de Difusión Cultural de la UNAM; fundador del Instituto de Cultura de la Ciudad de México; responsable de los programas “La calle es de todos” y “La Fábrica de Artes y Oficios del Faro de Oriente”, entre otros.  Además, como poeta, es autor de los libros Entre las sábanas, Minuta, Naturaleza y Hechos y Lluvias y secas. La conversación con Eduardo comienza con una evocación sobre el corpus musical de Frank Zappa, del cual es admirador y después se le pregunta:

—¿Qué hacer para que la cultura sea una compañera cotidiana de los mexicanos?

Es una idea espléndida. Me gusta mucho. Creo que eso debe ser la cultura para la gente que de verdad la vive, la aprecia, la consume. Para quienes son melómanos, la música los acompaña siempre. No necesitan una institución que les diga: pon atención en los discos, ya adquirieron el hábito, la complicidad o la trágica relación y ahí están. Así creo que el arte acompaña a la humanidad.

Mientras que la función de las instituciones gubernamentales es ser facilitadoras: un puente para el encuentro con manifestaciones artísticas, ya sean en un teatro, la plaza pública o la calle, una estación de radio, u organizar conciertos... Todo esto es el ejercicio que las instituciones deben realizar para que esa reunión con la cultura sea cotidiana. Esa no es la única dirección, también debemos reconocernos como una sociedad diversa culturalmente, por lo que no es raro que ciertos sectores de esta diversidad vean como muy poca cosa lo que a otros les gusta mucho.

Aquí, el Secretario de Cultura señala que se debe  entender que la diversidad cultural es asimétrica y un espacio diverso de diálogo y discusión de ideas. “La cultura pasa por varios caminos, uno la que está en los medios masivos de comunicación o la que buscas por tus propias redes, o la que se accede al comprar un boleto, es decir, es un espectro complejo”.

Entonces, asegura, “la tarea de las instituciones es lograr que la  cultura forme parte de la vida cotidiana de los mexicanos, porque hay una razón para esto: ésta es el espacio fundamental  del diálogo de esa diversidad”.

Y también, indica, tiene una función democrática que debe cumplir: el respeto de la diversidad y su reconocimiento, la construcción de comunidad de acuerdo a las diversas formas de vivir. Por esto, las instituciones tienen la obligación de mirar esa diversidad y apoyarla, señala.

—¿De las manifestaciones culturales, qué se debe apoyar?

—Hay cosas que sería absurdo apoyar  con los recursos que van quedando para la cultura en la administración pública. Recuerdo una idea que le dio Carlos Monsiváis  a Alejandro Aura, cuando el segundo tomó posesión del Instituto de Cultura del DF: “No promuevas lo que no necesita promoción”. Es una idea buena y funcional.

Algunas veces los gobiernos se dedican a promover al grupo que está de moda, ¡no debe ser así! Ése tiene las televisoras, ya está bien. Pero a lo mejor los jóvenes que se están reencontrándose con el canto cardenche —género de música popular mexicana de composición de canciones sólo interpretadas con la voz—, necesitan que los reconozcamos porque no van a salir en las estaciones de radio. Tal vez más adelante. Ahí hay una flor cultural que necesitas echarle agua. Eso es muy importante.

Sobre este tema, cuenta Eduardo Vázquez, se dan discusiones de por qué promueves esto y no lo otro. Ahí, añade, se entra en el tema de que los recursos son escasos. “Por esto, lo que no necesita promoción, se le da lo mínimo, porque no está mal acompañarlo, porque todo debe ser reconocido”.

No obstante, dice, hay flores culturales que son difíciles de desarrollar, aunque sean de mucho talento y un caso es la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. “Ésa hay que cuidarla mucho. No tiene una  relación con el mercado como otras manifestaciones de la cultura y es esencial que la tengamos. Se trata de una herramienta para escuchar la historia de la música mundial y nacional y debemos tenerla lo mejor aceitada que se pueda, porque es una institución compleja, como un parlamento de músicos”.

—¿La OFCM es uno de los grandes frutos de la cultura que la ciudadanía poco usufructúa?

—No es así. En la Ciudad de México sí usufructuamos todos los beneficios que da la cultura, como la Feria Internacional  del Libro de la Ciudad de México. ¡Es un juergón de la cultura! Todo mundo contando sus cuentos, diciendo sus verdades frente a gente, la ciudadanía que va es activa: oye, pregunta, propone, se acerca. Lo mismo quienes van a escuchar a un joven poeta brasileño que a un periodista de alto rating. La gente se mueve, juega, van niños, familias y es un tiempo antisolemne. Es un lugar muy desenfadado.

También está el Día de Muertos, que es una gran fiesta, pero también es un acto de memoria y reflexión. Los artistas crean mediante técnicas como la cartonería o cualquier otra. Entonces, la ciudad es bastante festiva con la cultura, aunque tiene sus espacios de solemnidad como el Palacio de Bellas Artes. No es raro que te encuentres a la misma gente en la Sala Manuel M. Ponce o en la FIL del Zócalo que asiste a una presentación de libros. No son espacios excluyentes, ambos gustan y son formas distintas de usufructuar la cultura.

Sí creo que hay una fiesta cultural, porque la cultura es fiesta por dura que a veces sea. Cada vez que hay una inauguración en el Museo de la Ciudad veo un mar de gente, como fue el caso de la muestra sobre los cholombianos, una exposición rara e inquietante, pero también estuvimos en la del exilio español o de la pintura de artistas contemporáneos o el mural de Jazzamoart, con el mismo gusto.

Éste es el espíritu que buscamos para que la cultura sea una compañera cotidiana de la sociedad. A veces lo hacemos con más fortuna y más recursos y otras con menos de ambos. Es el espíritu al que se apega la Secretaría de Cultura de la CDMX. La Fiesta de las Culturas Populares  tomó ese camino, lo mismo es un tianguis que un centro de conferencias o taller de literatura, foro de danza y música y, sobre todo, de encuentro y diálogo.

—¿Un gran juergón que permite el desarrollo humano y que desperdiciamos?

—Hay que ir al encuentro de los grupos de la sociedad mediante la descentralización. Por eso hoy existen los Faros. No están en Coyoacán ni en el Centro Histórico o Polanco. Debemos poner cerca dela gente el panal cultural y su sabor para crear oasis artísticos. Pero la cultura y su juergón no pueden ser una imposición.  No podemos prohibir las telenovelas u otras manifestaciones, son parte de la cultura, lo que pasa es que estas manifestaciones tienen mayor exposición que otras expresiones culturales. Por eso hablo de la simetría, porque no se trata de acotar la diversidad cultural, pero sí de equilibrar las asimetrías.

En este punto, Eduardo Vázquez pone la carta sobre la mesa y dice que los recursos públicos y las políticas públicas están para garantizar el acercamiento de la cultura, “porque hay cosas que si no se riegan un poco, desaparecen. Por ejemplo, tenemos 14 orquestas sinfónicas juveniles en la Ciudad de México, y si el gobierno retira la mano, está muy duro que subsistan. Si el gobierno no mete la mano en la telenovela de las 20:00 horas, no hay problema. No hace falta que nos metamos a ver qué necesita, van muy bien, aunque a veces tengan sus crisis”.

Porque, explica, no es tarea de los gobiernos ayudar a las telenovelas u otros espectáculos que van bien. “La tarea es promover el teatro mexicano, convocar a las compañías para montar una obra de Henrik Johan Ibsen, que poco se hace, porque  no todo mundo la conoce, aunque sí hay una comunidad que la aprecia. Esos grupos que saben cosas particulares las difunden y ayudan a promover el arte. Te digo algo, es posible no exista una persona, si saliéramos a preguntar, que no conozca el pasaje de El Quijote y los molinos de viento, aunque no haya leído la novela. ¿Por qué la sabe?, porque hubo quien lo leyó y le pareció genial. Se lo contó a otro, y éste lo tomó y tal vez dice: “Yo aprendí que el Quijote es un ser romántico, que se sacrifica por los demás, que vive un poco en las nubes, pero que es un hombre  bueno que combate molinos de viento y ésa es una actitud padre de la vida, soñadora”.

En este punto, Eduardo Vázquez retoma un pasaje anterior de la plática y señala: “Me comentabas que los discos de Zappa en vivo son mejores. Conozco Apostrophe y otros, pero ahora voy a buscarlos, porque ahí debe estar todo el free jazz y la experimentación. Voy a ver qué me encuentro.

—¿Eso es la generosidad de la cultura?

—La gente culta, a diferencia de la  gente rica, lo que le gusta es andar tirando cultura por todas partes. Es como el amor, mientras más das, más tienes, a diferencia  del dinero. La cultura es una economía que funciona de otra manera y es un antídoto contra la otra economía de la lógica del cálculo egoísta, frente a una cultura dominante como es la que prefiere el poder, la que discrimina, la que busca sólo los dineros, que cree que sólo sirve lo que funciona en el mercado y, si no está ahí, no merece la vida. En contraparte está la otra, ésa que promueve el dar, como lo hacen muchos ciudadanos. Por esto hay que defender las instituciones culturales. Si uno dijera a los músicos de las 14 sinfónicas de Ciudad de México que no caben porque no tienen mercado, sería abandonar la generosidad de la cultura.

Porque algo letal contra esta generosidad sería corporativizarla, hacer de un signo político este espacio que es el encuentro donde cabemos todos. Si decimos que ésta es la cultura de la izquierda, ésta es la cultura verde… la reducimos a intereses. Entonces, si queremos transformar el espacio de la cultura, que por naturaleza es crítico, independiente, irreverente, sorprendente,  promovámosla con este espíritu de libertad y generosidad, sin ataduras partidistas ni asistencialistas. No pensemos  que de aquí vamos a sacar votos para ganar elecciones o repartir recursos para adquirir lealtades y complicidades a prueba de todo o tener marchistas a la mano. ¡No!, porque entonces le damos en toda la torre. Esto tiene que ser un acuerdo de todos y tenemos que ir ganando la batalla. Por fortuna hay gobiernos en que eso no es así, como el de la CDMX, donde el Jefe de Gobierno  acompaña las cosas culturales, pero no las limita.

Lo que debemos tener presente, añade Eduardo Vázquez, es que la cultura tiene grandes héroes y no a ese otro tipo de gente que son los sicarios o los políticos que han saltado de un partido a otro. Sus héroes son Juan Villoro, Paco Ignacio Taibo II y Elena Poniatowska, entre muchos más, que han hecho cosas para los otros y las entregan con generosidad.

El poeta y autor de libros como Navíos de piedra y Comer sirena hace una digresión y comenta que hoy se da un cambio en las instituciones culturales del país, como la creación de la Secretaría de Cultura federal, pero sube la jerarquía de la cultura y baja el presupuesto. “No obstante, apoyo lo anterior porque es valioso lo que pasa y lo que están haciendo. Ahora en el gabinete federal se oye la voz de la cultura”.

Otro asunto que analiza Eduardo Vázquez es lo que está inscrito en la primera Constitución de la Ciudad de México: los derechos culturales. “Es un hito y hay que aplaudir. Pone como garantía que todo ciudadano tiene derechos culturales y que éstos están dentro de los derechos fundamentales de los seres humanos”.

Explica que, en resumen, éstos son: toda persona tiene derecho a una identidad cultural, toda persona tiene derecho a que esa identidad cultura sea respetada, que toda persona tiene derecho a una memoria histórica y a su patrimonio, que toda persona tiene derecho a  los bienes y servicios culturales, que toda  persona tiene derecho a formarse en el arte y cultura de acuerdo a sus preferencias, que toda persona tiene derecho a emprender proyectos culturales y por tanto encontrar el ecosistema  que lo favorezca.

DONALD TRUMP. Ante la política que lleva a cabo el presidente de Estados Unidos, Eduardo Vázquez asegura que nuestro país tiene un poder creativo muy grande. “Somos producto de éste y nos mantiene en pie. Es el poder más seguro. Somos una potencia cultural y en este momento esto debe ser fundamental para responder a la crisis internacional que estamos viviendo”.

Porque, dice, nuestra armada es la cultura y hay que ponerla ahí. Es la mejor manifestación de nuestra dignidad contra este bárbaro que es Donald Trump. “¿Cómo vamos a ser dignos?, pues mostrando nuestra cultura: leer a Paz, ver un Tamayo o sentir la grandiosidad de los pueblos indígenas. Somos producto de eso y en este  momento es muy importante que la cultura sea el signo distintivo ante la violencia que estamos enfrentando”.

Y es a través de ésta nos hermanemos con otros pueblos, con esa gente que está haciendo lo mismo en Nueva York y Washington, en Madrid y en La Habana contra Trump, porque ¡no es una agresión del pueblo norteamericano!, sino de un individuo.

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