Nacional

“México”, la palabra más pronunciada en la marcha

De la porra teñida de amor a la patria a la mentada para el Presidente; del insulto fácil contra Donald Trump a la exigencia rotunda: “A México se le respeta”. A la hora de la hora, los miles de mexicanos que rodearon la columna de la Independencia dijeron todo lo que quisieron decir sin convertir la calle en una extensión del agarrón virtual que bulló toda la mañana en las redes sociales.

Las cercanías del Auditorio Nacional se llenaron del amplio abanico social que acude al llamado, al “Vibra México”, a la convocatoria universitaria, a las quejas contra lo que no funciona o indigna en este país. Son muchos y distintos; no solamente hay jóvenes. A este recorrido, que habrá de culminar en el familiar Ángel, llega la gente que decidió gritar “No al muro”, “Fuera Trump”, pero, sobre todo, los que vienen a gritar el “México-México-México” en uno de los corazones emocionales del país.

Mucho antes de que comience la marcha, el aparato comercial indispensable en estas ocasiones hizo su aparición. No le fue mal porque el surtido es amplio: los sombreros plegables y las botellas de agua entran en la categoría de los indispensables de una marcha por Paseo de la Reforma, pero el surtido de banderas deja satisfecha a la concurrencia: alguien ha sacado del cajón de “materiales de las fiestas patrias” docenas de banderas tricolores, y da en el clavo.

El llamado a participar proveniente de algunas de las grandes instituciones de educación superior amplía las posibilidades de una buena venta: aparecen por montones banderas doradas con el escudo de la UNAM impreso; acaso en menor proporción, pero igualmente se venden los estandartes blancos con el emblema de la UAM, y los guindas con el escudo del Politécnico estampado en tinta blanca. A la larga, todo se mezcla con la venta usual de un domingo chilango: cubetas de nieve de mango y de limón; golosinas y antojitos, refrescos por montones.

No hay duda de que la UNAM tiene convocatoria. Integrantes de generaciones diversas caminan en torno al rector Enrique Graue. Quienes llegaron temprano, pudieron conseguir una pancarta que habla del orgullo universitario: “La universidad de la nación”.

Todos tienen qué decir en esta marcha: Hasta el pintoresco Juanito, que algo intenta llevar a su molino: “Estoy aquí por mí, por nuestros amigos, por todos nosotros”, apunta el actor René Casados. Alguno aprovecha y pasa corriendo junto al rector de la UNAM para salir en la foto.

Quien haya creído que se trata de una manifestación sin alma crítica, se equivocó por completo, y los vendedores de banderas vuelven a atinar: les compran por montones los modelos “Fuera Trump” y “Anti Trump”; pero tienen también el “Fuera Peña” que no se vende nada mal, y para quienes traen el luto y la indignación en el alma y en la lengua, está la bandera mexicana, sustituidos el verde y el rojo por el negro. Y con todo, hay reclamos que intentan resumir todo: “Trump: Pig, cerdo americano”, insulta una larga pancarta vertical que no se queda allí: “Aunque mal gobernado y robado, México está firme y tenemos dignidad”. Una mujer madura da al clavo con su mensaje: “Tener un sistema corrupto no ayuda”.

Es claro que no todos están allí por la misma razón. Pero nadie lleva a las aceras el encono que toda la mañana ha enturbiado el intercambio en las redes sociales. Los que prefieren protestar contra la reforma energética o criticar el desempeño  presidencial optan por quedarse en la acera; a la par de los que marchan y nadie descalifica al de junto.

Al pie del Ángel, la vanguardia de la marcha se funde con los manifestantes de la otra, la que venía del Hemiciclo. Y menudean los “Fuera Peña”, pero nadie intenta callar a los que gritan. Otras consignas, los “Duro contra el muro”, los “¡México-México!” se alternan. Unas más populares que otras, a la hora de la hora es claro que no se trata de pelearse por lo que grita el que está a medio metro de distancia. Algunas propuestas surgen y se consumen en un instante, como “¡el que no brinque es Peña!”. Gana más adeptos el archisabido grito de los partidos de futbol, que se adapta a las circunstancias, pero no acaba de ser eficaz: unos cierran gritando “¡Trump puto!” y otros “¡México!”.

En eso se gastan los últimos minutos, antes de las 2 de la tarde, cuando todos, desperdigados, reacomodados, insolados, canten, ahí sí todos juntos, el Himno Nacional. Sin líderes visibles, pero con suma de voluntades. “Esta marcha salió razonablemente bien”, estima el escritor e historiador Héctor Aguilar Camín. “Es visible el sentimiento de rechazo a Trump, al muro, a la discriminación, pero especialmente a las deportaciones”.  Se acaban los cantos, la multitud se desgrana por la avenida: esos miles de voces que en algún momento se unieron en una sola.

Imprimir