Odio, ergo temo

Fernando de las Fuentes

Es la mente la que crea el miedo

Jiddu Krishnamurti

Detrás de toda emoción negativa hay miedo, el arma más destructiva que el ser humano ha creado. El niño o niña, en su inocencia, nada teme... hasta que tiene su primera experiencia perturbadora o dolorosa. Una vez transcurrida, su ser íntegro la rechaza, porque no la comprende.

Sabe que no quiere repetirla, de manera que se pone en estado de alerta, para detectar cualquier amenaza. Nace el miedo y con él una serie de emociones aversivas respecto de las personas y situaciones con que relaciona la mala experiencia.

Sus padres deben enseñarle a procesarla. No saben. Por el contrario, refuerzan tanto el miedo, como las emociones asociadas. Lo o la educan diciéndole que la gente es mala, que la vida es dura, que se van a caer, que los van a dejar de querer si no se comportan, que son malos o estúpidos si cometen errores y cientos de otras creencias generalizadoras con las cuales casi todos crecimos y... de adultos reproducimos.

Éste es, hoy, el estado predominante en el desarrollo de la conciencia humana. No es la situación, sino lo que pensamos acerca de ella, lo que produce el miedo. El odio es su sima, con s por tratarse de la emoción asociada más cavernosa, profunda, oscura y peligrosa. Tantos se encuentran ahí hoy en día, en todo el mundo, que se ha acuñado el término haters, odiantes u odiadores, identificados y empoderados gracias a las redes sociales.

Son aquellos que muestran actitudes hostiles ante casi cualquier asunto, aunque tienen sus preferencias. Ofenden valiéndose de insultos, ironía, burla. Los buleadores verbales. Les gusta pensar que siempre tienen la razón y los demás están equivocados. Cualquier motivo es bueno para odiar, porque están muertos de miedo.

Viven desde el niño tremendamente asustado. No han procesado ni mental ni emocionalmente sus heridas. El miedo ha crecido con ellos. Es un temor de algo, de cualquier cosa, de todo, como escribiera el poeta chiapaneco Jaime Sabines.

Odiar da la falsa sensación de que el miedo se aleja; es una mezcla compacta de emociones y sensaciones (envidia, resentimiento, angustia, ansiedad, vacío, soledad, rechazo) que los hace sentir poderosos, osados, pero en realidad es el miedo mismo disfrazado, engañándolos.

Los odiantes pueden serlo poco o mucho, pueden solo insultar o llegar a matar. Se valen frecuentemente de la amenaza, el prejuicio, la discriminación, el berrinche, la ira y la violencia para salirse con la suya. Porque, insisto, están muertos de miedo.

Los opresores son y han sido siempre odiantes. Los nazis, los fascistas, los trumpistas. Ejemplos y etiquetas sobran. Hoy son más dañinos que nunca, porque tienen la tecnología para manifestarse, conectarse unos con otros y difundir su miedo, anclándose en el de otros que se sienten vulnerables.

A éstos los odiantes los llaman cobardes, pero son más valientes porque reconocen su miedo. La cobardía no es otra cosa que ceder al miedo, consciente o inconscientemente. Si empezamos por reconocerlo, hemos dado el primer paso hacia la valentía.

El miedo no es algo contra lo cual se lucha. De hacerlo, lo fortaleceremos y nos ganará la batalla. El miedo se comprende, y para comprender debemos desarrollar una inteligencia integral. Entenderlo intelectualmente será inútil, debemos sentirlo, sentir a ese niño asustado que tenía motivos para temer, debido a su indefensión, para darnos cuenta, captar, que su adulto está a salvo.

El miedo es débil, por eso se disfraza. No resiste ser desenmascarado. Quien vive a través de los disfraces de su miedo es igualmente débil, emocionalmente frágil, por eso inestable y hasta violento. Quien nos odia nos teme, pero eso no excluye la posibilidad de que nos haga daño.

La forma de encarar a los odiantes no puede ser la misma para cada una de sus manifestaciones. Ante la violencia, sólo instinto de supervivencia, pero ante la amenaza y la ofensa, ecuanimidad o hasta indiferencia.

delasfuentesopina@gmail.com

 

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