La única derrota militar de México a Estados Unidos

Leopoldo Mendívil

+Aparéntate débil siendo fuerte

y fuerte siendo débil

SunTzu

¿Creen ustedes que México nunca ha derrotado militarmente a Estados Unidos?
¿Podrían afirmar que ésa es la verdad histórica absoluta?

Yo ni siquiera había pensado en esa posibilidad porque, como ustedes, casi todos los mexicanos crecimos con esa enseñanza que pronto mutó en cultura y de eso ya corrieron siglos de repetir y repetir que México no fue hecho para la guerra; el nuestro es un ejército de paz o le llamamos así para justificar nuestra incapacidad bélica, aunque no necesariamente nuestra cultura sea pacifista, como lo está demostrando nuestro lamentable, vergonzoso, brutal presente…

… Así pensaba, hasta que hace escasos días se me cruzó en uno de los chats de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) un corto video que subió mi colega y amigo Gustavo Lomelín, realizado con películas más viejas que las de la Revolución Mexicana, pero con una historia sorprendente, difícil, ciertamente, de creer por esa cultura que ha dominado a nuestra nación.

Les hablo, en síntesis, de la decisión adoptada a finales del siglo XIX por Washington, para construir su propio canal interoceánico, pero en el Istmo mexicano de Tehuantepec para lo cual, dice la historia narrada, el entonces presidente estadunidense Theodore Roosevelt pidió al entonces presidente, Porfirio Díaz, vender a su país los estados de Oaxaca, Veracruz y Tabasco. La respuesta mexicana fue contundentemente negativa, pero sospechando que su colega no cruzaría los brazos, Díaz ordenó al general Manuel Mondragón que preparara a la región del problema contra un eventual intento de invasión.

La principal decisión del general Mondragón fue la adquisición de dos inmensos supercañones alemanes de largo alcance, de manera que cuando una flota estadunidense apareció en la lejanía marítima, frente al puerto de Salina Cruz, Mondragón ordenó un disparo preventivo, pero como la flota continuó su avance, el segundo disparo destrozó y hundió casi instantáneamente al buque insignia. De inmediato, incapacitados los cañones de las naves para alcanzar sus objetivos en tierra por la distancia de unos 15 kilómetros que los separaban de la costa, y ya con la pérdida de al menos dos buques, el resto de la flota recibió la orden de virar en redondo y estacionarse fuera del alcance de aquellos supercañones y ahí permanecieron durante unos tres meses, hasta que, luego de también perder la batalla diplomática, Washington emitió la orden de volver a sus bases.

Este video-película pueden encontrarlo en YouTube, donde ya es visto por los visitantes asiduos de ese espacio, pero debe ser conocido por todos en todo el país. Lamentablemente la historia no estaría mayormente documentada, pero ahí están esas imágenes para que ustedes confirmen lo que México logró por la voluntad de aquel presidente y el talento de aquel general, cuyo ejército ahí en Salina Cruz lo integraban 11 artilleros, pero sólo dos entraron en acción y realizaron la hazaña que apenas les he esbozado.

¿Por qué el hecho se mantuvo secreto? Porque al momento de ocurrir, Díaz ordenó ocultarlo para evitar la ira estadunidense; y algo más de una década después, porque Díaz estaba convertido en una lacra para el país y el nuevo régimen decidió evitar que aquel momento cumbre de la historia mexicana trascendiera y reacrecentara la imagen del paria mexicano asilado en París.

Por un motivo político-ideológico de Estado, a México se le ocultó aquel hecho que podría haber modificado la manera de pensar y actuar de los mexicanos. Por ello, les sugiero buscar ese relato, conocerlo, juzgar al México de aquel instante, imaginar qué pudo ser diferente y expresar por este conducto, si así lo desean, su juicio y su sentencia…

 

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