Libertades devaluadas

René Arce

El derecho a la manifestación también es una libertad ciudadana. Durante muchas décadas se obligó a obreros, campesinos, empleados del gobierno federal y estatal a marchar obligados. Los 1 de mayo de cada año estos sectores tenían que pasar bajo los balcones presidencial y de los gobernadores de los estados a dar las gracias por ser gobernados por el PRI. Las manifestaciones de protesta o antisistémicas eran hostigadas y muchas veces reprimidas. Durante muchos años, después de los sucesos del 68, el Zócalo de la Ciudad de México estuvo vedado para realizar cualquier concentración, con excepción de las del PRI-gobierno, quienes gozaban de ese privilegio para concentraciones oficiales o para recibir al nuevo Presidente de la República para aclamarlo.

El sismo de 1985 cambió la ciudad, tuvo que ser ese gran sismo, destructor de vidas y construcciones, lo que permitió que la ciudadanía conquistara la libertad de que todos los espacios públicos fueran eso, públicos. La incompetencia del gobierno federal y local para enfrentar el sismo provocó un despertar ciudadano que volcó toda su solidaridad hacia los más afectados, era conmovedor ver a pobres y ricos compartiendo esfuerzos para tratar de rescatar a los aún atrapados, recolectar alimentos y ropa para los que habían perdido todo. A partir de ahí, la Ciudad de México y el país entero fue otro, y la réplica política de aquel sismo fue tres años después, cuando en 1988 el PRI casi perdió el poder presidencial y solo un gran fraude electoral impidió conocer cuáles fueron los verdaderos resultados de la voluntad ciudadana. Las grandes manifestaciones por el respeto al voto atraían a cientos de miles de personas a lo largo y ancho del país, solo la cordura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas impidió que la violencia ocupara el lugar de la política. Las calles se llenaron de la expresión ciudadana cívica. 1985 con 1988 fueron los años en que se conquistó el derecho a ocuparlas de manera pacífica, genuinamente ciudadana. Después, ese derecho conquistado se fue devaluando cuando las organizaciones políticas y sociales hicieron del mismo, un negocio rentable; se inició un ciclo perverso donde las movilizaciones han servido para presionar al servidor público y así conseguir para un grupo, los servicios o apoyos que pertenecen a toda la sociedad; gradualmente la mayoría de los líderes de estos grupos terminaron en convivencia con las autoridades en el manejo de los bienes públicos; así, los gobernantes pudieron realizar sus corruptelas, fraudes y mal gobierno contando con la complicidad de estos líderes a los cuales, con prebendas, los cooptan y vuelven parte del sistema. Este círculo vicioso ha provocado que la ciudadanía, que al principio manifestaba simpatía por las causa justas que provocaban estas manifestaciones y mítines, poco a poco ha generado aversión a las mismas, porque no tan solo se han convertido en un modus vivendi de estos liderazgos , sino que han causado molestias al derecho de tránsito, que casi de manera cotidiana se sufre, con la pérdida de una cantidad de horas de los ciudadanos que van al trabajo, a la escuela o que simplemente transitan por la Ciudad de México por diversas causas. Este abuso de una libertad, que debería concluir cuando se afecta la libertad de los demás, seguramente es una de las causas por las que hoy a los ciudadanos les cuesta trabajo tomar la decisión de asistir a ellas; solamente cuando convocan a miembros o simpatizantes de partidos, sindicatos o grupos religiosos es cuando concurren.

Lograr que asistan 20 mil personas de manera totalmente voluntaria a una manifestación no es poca cosa, aunque de ninguna manera ello responde a la necesidad de mostrar fuerza ante un adversario tan peligroso y demencial como Donald Tump.

¿Será que además del hartazgo a las manifestaciones, tampoco ayudó el que se corriera el rumor que ese evento pudiera ser considerado como de apoyo al Presidente Peña?

Hoy las manifestaciones en la Ciudad de México tienen el rechazo de la mayoría de la población y al Presidente Peña solo lo respalda un 10%. ¿Sería la explicación a la poca concurrencia?

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