Dos letrinas y una regadera

Rafael Cardona

El paulatino y silencioso poblamiento de haitianos y africanos en el norte de México, especialmente en Tijuana, representa un desafío para la congruencia de este país en materia de Derechos Humanos y respeto al hombre indocumentado, con papeles o en busca de un futuro en cualquier parte del mundo.

Ocupados como estamos por la perversa persecución de nuestros paisanos en Estados Unidos, la potencial fractura de un sistema de traslado de divisas y envíos de dinero, sin el cual la economía nacional sufriría graves quebrantos en cientos de comunidades sostenidas por el trabajo mexicano en el extranjero, cuyo desempeño es desdeñado hasta “por los negros”; según dijo un nobilísimo ex presidente de la República, no nos hemos puesto a pensar seriamente en cómo resolver los problemas actuales de esa masa de negros hacinados en Tijuana.

Y no me vengan por favor con eso de lo políticamente correcto de los afro descendientes, Leopold Senghor, un estadista del Senegal, escritor, poeta y dirigente nacional, llamó a su filosofía “la negritud”; no le dijo la “africanidad”.

En ese sentido recojo parcialmente el ensayo “Migración en tránsito, pobreza y discriminación en el territorio mexicano”, de María Lucía Araceli Cruz Vásquez, publicado por la CNDH.

“…Es importante reiterar la discriminación que enfrentan las personas descendientes de africanos, sean o no migrantes, por lo que es comprensible lo que acontece a quienes poseen características físicas diferentes y transitan por el país, cualquiera que sea su nacionalidad, ya que persiste una discriminación histórica, en alternancia con las migraciones forzadas.

“El tránsito por México representa la pesadilla del sueño americano. Pasar la “frontera vertical” es el parte aguas entre llegar o perder la vida y con ella, los sueños.

“Las condiciones de pobreza y falta de oportunidades que enfrentan gran cantidad de personas en diversos países es la principal razón que ha conducido a una migración a todas luces forzada. Como país receptor, expulsor y de tránsito, México debe tratar a los migrantes como sujetos de derechos.

“La migración irregular a través del país es una paradoja porque el sentimiento hacia la familia muchas veces propicia o da lugar a la separación de la misma. Lo cual implica valor, no solo para alejarse de todo lo que se considera propio hasta que se migra o se muere, sino también para enfrentarse a lo incierto, peligroso y desconocido.

“Algunos migrantes prefieren morir antes que desistir de su objetivo porque sabemos que sólo una minoría traspasa la frontera norte de este país. Los que no, continúan intentándolo hasta que los vence el agotamiento físico o las consecuencias de las graves violaciones a sus derechos humanos, y entonces tienen que retornar y desafiar una vez más la miseria de sus sitios de origen, seguramente derrotados, quizá́ mutilados, vejados, humillados y por supuesto, más pobres.

“El tránsito de las personas migrantes por este país es cada vez más intenso y peligroso, con violaciones de todo tipo a los derechos humanos de quienes por necesidad se alejan de los países donde nacieron y se internan por la frontera sur mexicana en su intento por llegar a Estados Unidos de América.

“Los derechos humanos de las y los migrantes no sólo son transgredidos con robos, secuestros, malos tratos, engaños, detenciones arbitrarias, violaciones físicas y agresiones psicológicas, sino también al ser discriminados por condición de raza.

“La población afro descendiente en tránsito por México, como ya se indicó, enfrenta una triple discriminación.

“La situación no es exclusiva de quienes provienen de otros países porque los descendientes de africanos que habitan el territorio mexicano también son discriminados, ya sea cuando migran con intención de pasar alguna frontera o simplemente cuando se alejan de sus comunidades de origen hacia otras regiones dentro de México y las autoridades los confunden con inmigrantes irregulares, particularmente centroamericanos, y los detienen, violan sus derechos y en el peor de los casos, los envían a otros países.

“En la situación de los extranjeros afrodescendientes en tránsito, el escenario se agrava porque aparte de todo lo señalado son víctimas de mayores burlas y malos tratos por sus características físicas diferentes”.

Así lo relataba el NYT hace apenas dos semanas. Y el drama sigue:

“..Tijuana.- Esta ciudad mexicana estaba abrumada, incluso desde antes de que el presidente Donald Trump decidiera construir un muro en la frontera.

“El año pasado comenzaron a llegar tantos migrantes haitianos con la esperanza de cruzar hacia Estados Unidos que las iglesias, los salones comunitarios, los programas de clases extracurriculares, los centros de rehabilitación y ciudadanos particulares han abierto sus puertas para darles techo, comida y ropa.

“En un albergue, cerca de 250 inmigrantes (hombres, mujeres y niños) comparten dos escusados y una regadera”.

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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