El mes más largo de la historia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017

El mes más largo de la historia

Estupor. Trump cumplió hoy su mes como presidente de EU, pero la sensación es que lleva una eternidad. De escándalo en escándalo y de mentira en mentira ha logrado que el mundo se pregunte hasta dónde será capaz de llegar, quién podrá frenarlo o, como dijo ayer el primer ministro sueco: ¿Qué se fumó?

La revista Time ilustró el primer mes de Donald Trump con un presidente impasible ante la tormenta en el Despacho y la frase: “Aquí no pasa nada”.

Del 20 de enero al 20 de febrero de 2017. Éste es el tiempo que lleva Donald Trump en el poder. En estos escasos treinta y un días, los que no esperábamos o no deseábamos su victoria (es decir, casi todo el mundo) hemos pasado del estupor inicial a una creciente sensación de angustia, pero también de creciente burla.

El último en burlarse fue el primer ministro de Suecia, Carl Bildt, quien ayer mismo se preguntó si el presidente de EU se había “fumado algo”, luego de enterarse de que Trump había asegurado un día antes en un mitin que Suecia había sufrido un atentado yihadista, lo cual no era cierto.

El propio Trump tuvo que salir momentos después a matizar sus palabras, señalando que, lo que quiso decir es que Suecia está recibiendo a “demasiados refugiados”, como denunció un reportaje que vio en Fox News. Pero la realidad fue otra. La “realidad paralela” de Trump —la que denunció Hillary Clinton cuando ambos eran rivales—, fue mucho más perversa y ejemplifica su forma rastrera y sin escrúpulos de gobernar.

En el mitin del sábado en Florida, que montó para felicitarse por sus “éxitos” durante su primer mes en la Casa Blanca, Trump alertó a los presentes del “peligro” que supone dejar entrar a refugiados, poniendo dos ejemplos: el atentado yihadista de Berlín en Navidad y “lo que pasó anoche en Suecia”, sin dar más explicaciones. Sus seguidores, obviamente, salieron del mitin pensando que en Suecia acaba de ocurrir un atentado yihadista, y se mostraron más convencidos que nunca de la necesidad de que la Justicia autorice el veto migratorio de Trump, al que dan la razón cuando denuncia que los jueces están “politizados” y cuando los amenaza con hacerlos responsables “si algo ocurre” en EU.

¿Reír por no llorar? La etiqueta #lastnightinsweden (lo que pasó anoche en Suecia) se convirtió en tendencia y servirá de combustible para todo tipo de memes y programas satíricos, como Saturday Night Live, cuya imitación de Trump a manos del actor Alec Baldwin ha logrado las mejores audiencias del programa en dos décadas.

Twitsteria. En Australia, la popularidad del primer ministro Malcom Turnbull se disparó desde que el 1 de febrero, cuando Trump escribió un tuit en el que denunció el “estúpido” acuerdo migratorio que firmó el australiano con Barack Obama. La confirmación de que el estadunidense le gritó por teléfono generó todo tipo de videos humorísticos y memes, que están logrando que parte de la opinión pública mundial le esté perdiendo el respeto al hombre más poderoso y temido del planeta.

En vez de gobernar mesuradamente, en un intento de legitimar una victoria opacada por los tres millones de votos que sacó de más Clinton, Trump ha mostrado en un mes sus modos prepotentes, autoritarios e incluso esperpénticos, como fue atacar, a golpe de tuits, a Nordstrom por retirar la línea de moda de su hija Ivanka. Sin embargo, lo que está consiguiendo el presidente es el efecto contrario. En vez de intimidar a la tienda departamental ha disparado sus acciones y ha logrado que otras empresas anuncien la retirada de la ropa que diseña la “apestada” Ivanka.

“Hechos alternativos”. Las palabras de moda en este primer mes de la era Trump las pronunció su jefa de campaña y luego asesora presidencial, Kellyanne Conway. No fue, como algunos podrían pensar aquella que dijo en un video delirante: “¡Compren ropa de Ivanka!”, saltándose cualquier norma ética y confundiendo, una vez más, negocio con gobierno. La frase que dijo sin que le temblase la voz fue, en inglés “Alternative facts”, o sea, “hechos alternativos”, que es una manera eufemística de decir “fake news” (noticias falsas) o directamente “mentiras”.

Así que, hablemos de mentiras. Trump mintió el mismo día que juró el cargo, cuando, en un insulto a la inteligencia, declaró que había sido la ceremonia más masiva de la historia, cuando la foto aérea de la explanada del Capitolio mostraba un aspecto lamentable, comparado con las dos juras del cargo de Barack Obama.

Si todo hubiera quedado ahí, la gente hasta lo podría haber visto con cierta simpatía, pero no fue así; al contrario, empezó a decir mentiras cuando nadie las pedía, como cuando denunció “fraude electoral masivo” o que “millones de ilegales (como llama a los indocumentados) había votado. Hasta la fecha no ha aportado ninguna prueba.

Dijo también que su triunfo en el colegio electoral había sido “el mayor desde Reagan”. Cuando un periodista le hizo ver que en realidad estuvo por debajo de Bush padre, las dos elecciones de Clinton y las dos de Obama, su respuesta fue: “Bueno, no sé, me han dado esa información”. En su obsesión por criminalizar a indocumentados y musulmanes, aseguró el nuevo mandatario que Estados Unidos sufría la peor ola de violencia desde hace 47 años. Sin embargo, los datos del FBI revelan que, excepto ciudades donde ha repuntado el crimen, como Chicago, los datos de crímenes en toda la nación son mucho más bajos que en la década de los 80 y los 90.

La propia Kellyanne Conway fue noticia cuando se inventó una matanza cometida por iraquíes en Kentucky, para justiciar el veto islamófobo de su Trump y de paso denunciar que la prensa oculta estos hechos a la opinión pública. Todo resultó falso y la asesora presidencial tuvo que reconocerlo.

“La prensa, enemiga del pueblo”. Nada de esto alteró al presidente Trump; ni siquiera el escándalo de su asesor político, Michael Flynn, al que obligó a dimitir cuando fue descubierto por la prensa que había mentido al vicepresidente Mike Pence sobre sus conversaciones secretas con un diplomático ruso.

Sin embargo, en vez de pedir una inmediata investigación sobre el contenido de esas llamadas tenían que ver con un levantamiento de las sanciones a Rusia, como premio por los “ciberataques” contra la campaña de Clinton, Trump atacó con furia al mensajero, a los medios, a los que acusó de conspirar con las agencias de inteligencia estadunidenses para difundir mentiras. En un ataque nunca antes visto, el presidente llegó a coronar su primer mes de gobierno diciendo que la prensa estadunidense es la “enemiga del pueblo”.

El senador y ex candidato presidencial John McCain no lo dudó y advirtió a su compañero republicano que “los dictadores empiezan reprimiendo a la prensa”.

Desmantelando a Obama. Entre la ceremonia de posesión y la burla de ayer del gobernante sueco, Trump firmó 23 órdenes ejecutivas y un sinfín de tuits, todos destinados a desmantelar la era de su antecesor Obama y sembrar el caos y el odio, como la cacería abierta contra los indocumentados (cualquier falta será buena para la deportación), las amenazas a las empresas para que no inviertan fuera de EU o su obsesión con que el muro lo paguen los mexicanos, lo que originó una grave crisis entre los dos países y la práctica inviabilidad del TLC como lo conocemos.

Sin embargo, los mexicanos se han encontrado con un aliado inesperado: La opinión pública mundial (empezando por gran parte de la estadunidense), que detesta esa actitud de Goliat dispuesto a pisotear al David que se le ponga por delante

La batalla comenzó hace apenas un mes. Veremos cómo termina.

fransink@outlook.com

 

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