Crisis de identidad en EU

Raúl P. Lomelí-Azoubel

El próximo mes de marzo estaré viajando a la ciudad de Washington, D.C., en tres distintas ocasiones. Estas serán mis primeras visitas a la capital del país desde aquella nefasta noche del 8 de noviembre cuando decidí dejar a un grupo de amigos con quienes me había congregado después de un largo día de reuniones para observar los resultados de la elección para presidente de Estados Unidos.

Esa noche me retiré sin despedirme a pocos minutos antes de la medianoche, y caminé solo por la ciudad y por sus monumentos. El silencio era abrumador. Terminé en los escalones del monumento a Abraham Lincoln e intenté racionalizar el momento que jamás, ni por un instante, pensé que pudiera ocurrir en el “país de las oportunidades”. Después de todo, yo había sido el único ingenuo del grupo que auguraba una victoria decisiva en contra del movimiento xenófobo del candidato que se perfilaba a ser declarado ganador. Yo también era el único ciudadano estadunidense del grupo, mientras que el resto eran extranjeros visitando el país para una reunión internacional de procesos electorales. En las palabras de uno de ellos: “Esta película ya la vimos, en BREXIT y en Colombia.”

Desde el monumento de Lincoln podía observar perfectamente el Obelisco en honor a George Washington, y el Capitolio, el cual aún mostraba los intensos trabajos de remodelación. Y he aquí otra disyuntiva: El Capitolio, al igual que la Casa Blanca, fue construida con mano de obra esclava. De acuerdo a Fred Beuttler, el historiador oficial de la Cámara de Representantes, las zanjas para los cimientos del Capitolio fueron excavadas por esclavos, y hasta la famosa estatua de cobre, añadida 75 años después, representando “Libertad”, fue creada en parte por Philip Reid quién había sido esclavo. Y me pregunto, ¿cuántas manos obreras remodelando el Capitolio en el 2016 fueron de indocumentados? La historia innegablemente se repetía frente a mis ojos.

Me queda claro que en Estados Unidos vivimos una crisis de identidad. Estamos enfrascados en un debate sobre que significa ser de Estados Unidos basado en el color de nuestra piel, en el idioma que hablamos, o en la religión que profesamos. En el monumento a Lincoln está inscrito su discurso después de haber sido reelecto presidente, y tras una sangrienta guerra civil, en donde exclamó en 1865 que “una de cada ocho personas del país había sido esclava, distribuidas peculiarmente por poderosos intereses (económicos)”… y aunque la población indocumentada hoy en día es de tan solo 3.4% de la población total del país, el discurso político del momento nos harían creer que el país está invadido por indocumentados realizando actos criminales, cuando el verdadero crimen es por un sistema institucional que se sigue aprovechando de una “mano de obra esclavizada”.

Lección de esa noche: En Estados Unidos debemos forzarnos a reconocer nuestros pecados del momento y no solo justificar los errores del pasado, en especial, como mexicano-americanos, debemos dejar de decir que no somos “ni de aquí ni de allá” y empezar a decir con orgullo que somos ¡de aquí y de allá! No somos ni “pochos” ni “traidores” pero tampoco somos “héroes”. Sin embargo, me queda muy claro que podemos ser lo que más necesitamos hoy en día, y lo que irónicamente siempre hemos sido aún sin saberlo… Puentes entre sociedades hermanas.

Presidente del Consejo de Administración de SABEResPODER

rlomeli@saberespoder.com

Twitter: @lomeli_azoubel

Raúl es orgullosamente hijo de trabajadores migrantes, y laboró en los campos agrícolas en California los veranos de su juventud hasta su primer año de universidad. Es autor principal de 18 guías didácticas sobre temas de finanzas, salud, tecnología y civismo, con más de nueve millones de copias distribuidas en los Estados Unidos. Actualmente es presidente del Consejo de Administración de SABEResPODER, una organización dedicada al empoderamiento de la comunidad Latina en Estados Unidos.

 

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