Psiquiatras en acción

Leopoldo Mendívil

DON ANDRÉS MANUEL LÓPEZ O.

+Uno es dueño de lo que calla

y esclavo de lo que habla

 

Sigmund Freud

 

Espero que usted esté consciente de los problemas mentales de Donald Trump y las consecuencias que eso podría acarrearle a su país y al mundo entero; y que con toda responsabilidad esté midiendo, en otro, lo que cualquiera podría hacer si ignora lo que ocurre en su cerebro.

Espero, también, que los psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas mexicanos estén midiendo su responsabilidad y no lleguen a decir lo que sus colegas gringos en las páginas del New York Times, a través de Lance M.Dodes:

“Al Editor:

Charles M. Blow (columna nytimes.com, Feb. 9) describe la constante necesidad de Donald Trump de ‘pulverizar a patadas a la oposición’. Como profesionales de la salud mental, compartimos la preocupación del señor Blow.

“El silencio de las organizaciones de salud mental del país se originó en un dictamen autoimpuesto sobre la evaluación de figuras públicas (la Regla de Goldwater de 1973 a la Asociación Psiquiátrica Estadunidense). Pero este silencio ha significado una falla en cuanto a asesorar a periodistas y miembros del Congreso preocupados por este momento crítico y consideramos que es mucho lo que está en riesgo para mantener el silencio.

“El discurso del señor Trump y sus actos demuestran incapacidad para tolerar opiniones diferentes a las suyas, que lo llevan a reaccionar con furia. Sus palabras y conductas sugieren una profunda incapacidad de empatía. Personas con estas características distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico, atacando a los hechos y a quienes los transmiten (periodistas, científicos).

“En un líder poderoso es probable que estos ataques se incrementen ya que su mito personal de grandeza les parece que se confirma. Creemos que la grave inestabilidad emocional indicada por el discurso y las acciones del señor Trump lo hacen incapaz de servir con seguridad como presidente.”

Barry Goldwater, un individuo parecido a Trump pero muy inferior a él en su situación mental, como senador estadunidense y precandidato presidencial, ejerció su poder para callar a la ciencia psiquiátrica en diagnosticar a las figuras políticas sospechosas de sufrir problemas mentales. Eso no es para avergonzarse ni enfurecerse, sino para atenderse y, en lo posible, curarse.

Una vez más, como hace seis y doce años respectivamente, este espacio vuelve a insistir en la necesidad de que cualquier —repito, cualquier…— figura política que busque ascender a cargos de gran responsabilidad, sea previamente evaluado en sus facultades mentales por especialistas de intachable rectitud ética que avalen su aptitud para alcanzar sus legítimas aspiraciones.

Si los ex gobernadores de Coahuila, Chihuahua, Sonora, Aguascalientes, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Quintana Roo, que son quienes han superado todos los límites de corrupción, inmoralidad y daño a sus gobernados, hubiesen sido oportunamente diagnosticados, las finanzas nacionales se encontrarían en mucho mejores condiciones para soportar los vaivenes financieros del mundo y lo mismo digo de los que han pasado por la Presidencia de la República y dejado a la historia impregnada de su pestilente olor a rateros…

Estamos en tiempo para tomar las previsiones que faltaron al norte de la frontera y ahora fustigan a los propios ciudadanos estadunidenses, no sólo a los migrantes. Espero que no tengamos que arrepentirnos oootra vez de no usar los beneficios que la ciencia ha desarrollado para cumplimentar los derechos que tenemos a no ser dañados por la imprevisión y la contumacia desde el poder.

 

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