Inmigración: el gran problema

José Fernández Santillán

El 12 de febrero, Donald Trump mandó el siguiente mensaje por twitter: “La campaña contra los delincuentes ilegales es simplemente el cumplimiento de mi promesa de campaña. Miembros de pandillas, traficantes de drogas, y otros están siendo removidos.” De acuerdo con el efe de Seguridad Interna, John Kelly, el 75 por ciento de los deportados en el período que lleva la nueva administración tienen antecedentes criminales. Pero esa cifra es harto dudosa porque en ella se incluyen infracciones de tránsito y otras faltas menores por medio de las cuales los indocumentados son localizados, detenidos y luego sacados de Estados Unidos.

Esa es la manera en que fue deportada Guadalupe García de Rayos, el 9 de febrero desde Phoenix, Arizona a Nogales, Sonora. El propio alcalde de esa ciudad, Greg Stanton, se pronunció en contra de las políticas migratorias del presidente Trump y agregó: “Lo que ha pasado con Guadalupe García es una farsa. Ella ha estado viviendo pacíficamente y trabajando en el valle por más de dos décadas y construyendo una vida contribuyendo a nuestra comunidad. Ella ha sido separada de su familia.”

Durante 8 años, a Guadalupe se le permitió ir a la oficina de inmigración para checar su estatus y refrendar su permiso de permanencia en el país. Tal como ella temía, este año fue diferente: agentes del servicio de inmigración y control de aduanas (ICE por sus siglas en inglés) la estaban esperando. Simplemente la deportaron. Esas son las nuevas políticas de migración. Las protestas no se hicieron esperar. (Samantha Schmidt, Sarah Larimer, The Washington Post, 9 de febrero)

Otro caso emblemático es el de Daniel Ramírez Medina. El 10 de febrero agentes del ICE fueron por su padre. Daniel se encontraba por casualidad allí, en un poblado cercano a Seattle, en el Estado de Washington. Con todo y que Daniel les dijo a los agentes que él contaba con un permiso especial para trabajar y residir en el país (DACA, programa de Acción Diferida, emitido por el Presidente Barack Obama) de todas maneras se lo llevaron. Luego, los agentes agregarían que Daniel, al parecer, pertenecía a una pandilla. La razón fue que tenía un tatuaje que decía “La Paz B.C.” El dreamer ha negado esa acusación. Además, Daniel ha aprobado el proceso exigido por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para verificar si representa una amenaza para la seguridad pública o la seguridad nacional.

Ni Guadalupe García ni Daniel Ramírez son delincuentes. Son víctimas de la política migratoria de Donald Trump quien, en realidad, se ha lanzado a una cruzada racista y xenófoba con fines políticos. El propósito ha sido, desde un inicio, dividir al país con base en una perspectiva populista según la cual es necesario mantener a la sociedad en un estado de agitación permanente contra un enemigo creado a modo, en este caso, los inmigrantes indocumentados.

Esta práctica había sido utilizada en Estados Unidos por agrupaciones populistas como “Los Caballeros del Trabajo” (Knights of Labor) quienes en septiembre de 1885 asesinaron a 28 mineros chinos en Wyoming; dos meses después, esa misma agrupación encabezada invadió la sección que ocupaban mineros chinos en Tacoma y los obligó a abandonar la ciudad. El embate contra los inmigrantes asiáticos se debió a que supuestamente les estaban quitando el trabajo y las oportunidades a los mineros blancos (Robert McMath Jr., American Populism, New York, Hill & Wang, 1993, pp. 121-122). Luego, en el siglo XX, otro populista de derecha, George Wallace, la emprendió contra la población negra. Por ejemplo, en su discurso inaugural como gobernador de Alabama, el 14 de enero de 1963, Wallace dijo “segregación ahora, segregación mañana, segregación por siempre.”

Donald Trump, desde que anunció su deseo de competir en las primarias del Partido Republicano, el 17 de junio de 2015, sacó a relucir su animadversión contra México y los mexicanos. Es la estrategia para ubicar a ese enemigo que necesitan los populistas.

Hay que revisar, simplemente, su discurso sobre la inmigración el 1 de septiembre del año pasado en Phoenix. Allí vinculó a los migrantes indocumentados, con la delincuencia. Presentó una serie de casos de personas asesinadas (Sarah Root, Kate Steinle, Earl Olander, Marilyn Pharis) por inmigrantes mexicanos de tal manera que en las mentes de su auditorio quedó grabada la imagen de quien busca un lugar en Estados Unidos con la violencia.

Conviene recordar que el pasado 25 de enero, Trump firmó dos decretos en materia de migración. En esa ceremonia estuvieron presentes (como también lo habían estado en Phoenix) familiares de personas asesinadas por migrantes indocumentados. El propósito sigue siendo ligar el tema migratorio con el crimen.

Acaban de estar en nuestro país el Secretario de Estado, Rex Tillerson, y el Secretario de Seguridad Interna, John Kelly. La propia Casa Blanca, en un comunicado señaló que era un signo alentador. Luego de las conversaciones con el presidente de la República y miembros de su gabinete, lo que se espera es que las cosas se distiendan entre ambos gobiernos pero, sobre todo, que nuestros connacionales dejen de ser vistos como delincuentes.

jfsantillan@itesml.mx

@jfsantillan

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