El mundo al revés ya no es divertido - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
El mundo al revés ya no es divertido | La Crónica de Hoy

El mundo al revés ya no es divertido

Guillermo Puente Ordorica

En la película Músico, poeta y loco, Tin Tan y su carnal Marcelo representan a unos advenedizos e improvisados profesores, que acaban dirigiendo una escuela para señoritas de normas estrictas y disciplina a raja tabla, transformando sus lúgubres formas a un sitio de baile y alegría al que alumnas y directoras-prefectas se incorporaran en esta comedia de enredos. Es un mundo al revés de gran entretenimiento y jovialidad.  En marcado contraste con esa parábola, el mundo al revés de la actualidad preocupa y causa resquemor y da la impresión de que pudiera no ser un mero accidente de consecuencias provisionales. Desde luego el caso más emblemático de ello, es lo que sucede en el corazón mismo de la llamada potencia hegemónica, en la que la política interior y exterior parecieran orientadas a perfilar un estado de cosas más parecido a una comedia de terror, en la que el resultado es incierto simplemente porque se trata de la realidad.

David Brooks habla metafóricamente de la política estadunidense como un manicomio, en el que los pacientes han tomado el control de la institución “…esa que llaman gobierno democrático, y aparentemente creen que son los mejores gobernantes de la historia: nadie ha visto algo como esto, repite el que dice ser presidente”. Recuerda que especialistas connotados, en nota publicada por el diario Huffington Post a finales de 2016, advirtieron que el mandatario pudiera padecer lo que se denomina como desorden de personalidad narcisista y “afirman que alguien con esta condición puede ser muy peligroso, y por lo tanto, en ese puesto, representa una amenaza para el país y el mundo.” (La Jornada, 27 febrero 2017). Por su parte, Richard Friedman afirma que el hecho de estar enfermo psiquiátricamente no hace automáticamente incompetente a una persona y también advierte de los riesgos de etiquetar de esa manera a los líderes estadunidenses. (New York Times, NYT, 17 febrero 2017). Es claro que si bien por distintas razones, no todos están de acuerdo en elaborar este tipo de diagnóstico, ello no deja de ser inquietante.

Dada la seriedad de la obra que se han propuesto realizar (hacer grande de nuevo a su país) y de los métodos utilizados para ese propósito, tales señalamientos merecen atención especial, más allá de seguir esperando a que el ejercicio del poder les lleve a una “normalización” del tipo de perogrullo de que una cosa es estar en campaña y otra distinta gobernar. No parece ser el caso no obstante la disociación que prevalece en el interior del círculo gobernante, que por cierto varias voces explican como parte de una pugna política por el control de la agenda política. Si bien cabría seguir preguntando si el catalizador de esa pugna no pudiera ser la presunción del aparente desorden de personalidad ya advertido. 

Lo que parece más evidente es el malestar del presidente y de buena parte de sus colaboradores cercanos con la realidad de su país, en el que la multirracialidad y la plurietnicidad es estructural y no coyuntural, lo mismo que la diversidad religiosa, de creencias y orientaciones, entre otros temas, como la migración y la seguridad, también causas del disgusto enquistado en el grupo en el poder. Por si ello no fuera suficiente, se encuentran con un país en el que a pesar de su poderío, su dependencia respecto del sistema internacional es real y se corresponde con el lugar que ocupa en él a partir de su poder real y relativo en lo político, lo económico y lo social.  La globalización reafirma los particularismos, pero no los hace únicos. Tampoco este código de supremacía puede darse en el vacío, ni de espaldas a la realidad interna y externa de su país.

A raíz del más reciente episodio con varios de los principales medios informativos que fueron excluidos de una conferencia del vocero presidencial, y que en protesta varios otros decidieron no participar, Charles Throw, articulista de uno de los medios vetados, sugiere que el presidente es el archienemigo de la verdad y que como simplemente no quiere que la verdad sea cierta, asalta su calidad cuestionando los motivos de quienes persiguen llegar a la verdad e informar de ella. (NYT, 27 febrero 2017).

Lo dicho, el mundo al revés de Músico, poeta y loco es inocente y jocoso, el del nuevo inquilino de Casa Blanca es pernicioso y negativo.

 

gpuenteo@hotmail.com

 

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