Frank Underwood región 4 - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Frank Underwood región 4 | La Crónica de Hoy

Frank Underwood región 4

Wilfrido Perea Curiel

Si el presidente Frank Underwood, en la ficción de la célebre serie de House of Cards, representa al político norteamericano corrupto, avaricioso, oportunista, traidor y adicto al poder, el presidente Trump, en los hechos, se presenta como la tropicalización de la política norteamericana, convirtiéndose en una copia y resumen de los ejecutivos latinoamericanos, mezclando mucho de las torpezas, ignorancias, autoritarismos, nepotismos y hasta visión pueblerina de distintos mandatarios que detentan, o han detentado, el poder del Río Bravo, pasando por el Orinoco “chavista”, hasta la Patagonia.

Frank Underwood recurrió al crimen, la traición, el doble juego y el abuso para poder ganar la presidencia, en la trama televisiva que cuestiona los juegos del poder norteamericano. Pero como siempre sucede, la realidad supera la ficción y nos descubrimos con un Donald Trump que busca ejercer el gobierno de la misma manera que ejerce su quehacer empresarial, con base en la fuerza y la rudeza.

Ganó la presidencia con los votos del colegio electoral, pero nunca ganó el voto mayoritario y popular, tema que él descalifica tajantemente, asegurando que fue víctima de los votos emitidos por inmigrantes “ilegales” en los Estados Unidos. Su discurso simplista, demagogo y manipulador, dirigido a minorías blancas, conservadoras y “ruidosas”, lo colocan justo como un político populista más latinoamericano. Impositivo, poco negociador, intolerante y falto de diplomacia y cultura general, se encarga de ganar enemigos, reproduciendo precisamente aquello que lo acerca más a los “indeseables” que tanto rechaza en público.

Curiosamente, en la misma semana en la que el presidente Maduro, de Venezuela, veta a CNN y la llama “agencia del imperio”, la administración Trump veta a la misma cadena de noticias y a otros importantes medios, como el New York Times, llamándolos medios “falsos”, “deshonestos” y promotores de las “fake news” (noticias falsas), iniciando un conflicto con la prensa de su país, colocando peligrosamente un pie dentro de lo que ya se puede considerar un atentado a la libertad de expresión en los Estados Unidos.

La recurrencia a la mentira y su cinismo hacen de su política de comunicación un caldero de sorpresas e incertidumbre, ante el voluntarismo y el arrebato del mandatario, quien cada vez confirma que sus decisiones dependen del estado de ánimo que goce en el momento preciso.

Las órdenes ejecutivas firmadas, en especial en los temas de migración y seguridad nacional, tienen un consenso cuestionable y la legitimidad existente solamente en su visión autoritaria. Sus decisiones ya han provocado soldados norteamericanos muertos, grupos indígenas reprimidos y miles de inmigrantes legales y ciudadanos americanos musulmanes, impedidos de arribar a los Estados Unidos. Estas decisiones son un bólido en ruta de colisión con el poder judicial norteamericano. Tema que lo ha situado, a escasas semanas de haber asumido el poder, como el presidente más rechazado en la historia del país, con un 53% de desaprobación y apenas un 44% de simpatía, según CNN.

Empero, el fantasma de Watergate se le asoma amenazante, cada vez que se insiste en la conexión rusa, tema turbio y que parece tener el potencial para provocar el impeachment y su salida, por la puerta trasera, pero que requiere de tiempo, investigaciones y revelaciones que incluyen a la presidencia de Putin, en Rusia, por lo que se vuelve asunto de mediano e incluso largo plazo.

La destitución por ineptitud o incapacidad profesional también se comenta, pero la mayoría republicana en el congreso hace ver esta alternativa lejana por el momento.

Mientras tanto, los yerros políticos y diplomáticos se acumulan. Cierta impaciencia y nerviosismo se experimentan en las esferas diplomáticas de todo el mundo, tanto como el malestar y el enojo en los medios y en los círculos intelectuales norteamericanos.

Como nunca antes, la solución se dará cuando la institucionalidad someta el liderazgo carismático a la regularidad democrática. Mientras tanto, habrá que aprender a convivir con la presidencia bananera de Trump.

pereawilfrido@me.com

 

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