2018. El sistema vs. AMLO

Juan Manuel Asai

El senador Miguel Barbosa dibujó el escenario de la contienda presidencial 2018 como una pelea entre el “sistema”, en el que puso al PRI, PAN y al PRD en contra de la opción de Morena, o sea López Obrador. Así justificó lo injustificable: anunciar que votará por el candidato de Morena en el 2018 y, además, pidió al PRD que haga lo mismo, lo que supone el fin para el sol azteca. ¿Asumiremos sin más que la única disyuntiva política en el país es si los ciudadanos quieren que Andrés Manuel López Obrador sea el presidente de México, o no quieren?

El primer interesado en que así parezca es el propio político tabasqueño. Tiene la fórmula para describir a quien no lo quiere en Los Pinos: es integrante de la mafia en el poder. Es un maniqueísmo cruel, pero que además se olvida de un detalle: la realidad. Uno de los rasgos distintivos del México de nuestros días es la pluralidad. Hay de todo para nuestra fortuna. No parece que la propuesta de AMLO y Margarita Zavala se ajuste a los hechos.

No es, que quede claro para evitar después confusiones, una disputa de ideologías en el sentido tradicional de izquierda y derecha. Son muchos los que sostienen que López Obrador no es un político de izquierda, progresista. Está lejos de serlo. Lo sostienen porque al Peje le tiene sin cuidado la agenda de la izquierda a nivel internacional. En esto es muy parecido a la ex primera dama, sólo que Margarita es católica y Andrés Manuel no lo es, es parte de grupos cristianos no católicos, pero sobre el tema de los derechos individuales piensan casi lo mismo.

López Obrador emana de la corriente del nacionalismo revolucionario que fue hegemónica en el país hasta el final del sexenio de López Portillo, cuando el nuevo gobierno, el de Miguel de la Madrid, dio un golpe de timón y condujo la nave de la nación por otras corrientes. Margarita sería parte de esa corriente que emergió en la década de los años 80 y López Obrador un producto de la década de los 70, afín a Luis Echeverría y López Portillo. Un nacionalismo con perfil populista que hoy, quién lo diría, tiene éxito en Estados Unidos.

¿A eso se reduce nuestro espectro político en estos días? Por supuesto que no. ¿Vamos a regresar a la era del ogro filantrópico con un señor dado a los sermones? Andrés Manuel fue jefe de gobierno en el año 2000. Su gestión fue tan mediocre como la de otros antes que él y otros después. Ninguno de los problemas serios de la ciudad se resolvió, de hecho algunos como la movilidad y la seguridad se deterioraron. Los logros en materia de derechos civiles para la ciudad vinieron después. Tuvo, nada cuesta reconocerlo, dos impactos de grandes proporciones: la pensión para los viejitos, como le dicen, y sus conferencias de prensa mañaneras que marcaban la agenda política del día.

De entonces a la fecha se la ha pasado en campaña. No es extraño que sea el político más conocido, pero de ahí a suponer que representa los anhelos de la mitad de los habitantes del país, hay un abismo que se debe recorrer como si nada. No digo que la mejor opción sea el PRI o el PAN, digo que hay que perder de vista los esfuerzos de que quienes pretender competir y que representan la agenda de sectores amplios de la población.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

Imprimir

Comentarios