Bukowski con gafas violeta - Wendy Garrido Granada | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Bukowski con gafas violeta | La Crónica de Hoy

Bukowski con gafas violeta

Wendy Garrido Granada

El fin de semana pasado revisé algunos libros que hace tiempo no abría. Uno de ellos fue Factótum, de Charles Bukowski. Su alter ego Chinaski acompañó mi transición de la prepa a la universidad; en esa época leí casi la mayoría de su obra. Durante un tiempo fue uno de mis escritores favoritos. Obviamente crecí y leí a otros autores que destronaron al escritor y poeta maldito, y sólo mantuve ese aprecio particular por su estilo crudo y directo.

Mientras hojeaba la segunda novela escrita por Bukowski, mis gafas violeta se activaron, esas que usamos las feministas para detectar el machismo y la misoginia. “Si yo fuera un hombre de verdad, pensé, la violaría, le prendería fuego a sus bragas, la obligaría a seguirme por toda la superficie del planeta, haría que se le saltasen las lágrimas con mis cartas de amor escritas en fino papel de seda color rojo”.

Durante mi adolescencia, esas palabras pasaron totalmente inadvertidas. El párrafo no estaba subrayado y mucho menos tenía algún apunte al margen de la hoja, como suelo hacerlo cada vez que leo algo que llama mi atención. Mis gafas violeta estaban extraviadas en ese momento. Ni siquiera relacionaba conscientemente a Bukowski con  el machismo, pese a que en muchos textos la referencia y denuncia son claras. Porque si la obra de Bukowski es autobiográfica, como él mismo pregonó, entonces Henry Chinaski, el misógino, es también Charles Bukowski.

Traigo todo esto a colación porque a veces, en ciertos periodos, parece más difícil detectar en una obra literaria, cinematográfica, musical o en cualquier expresión artística y cultural el machismo. Está tan impregnado en el sistema que pasa desapercibido. Probablemente muchas personas sólo se queden con la parte romántica y poética de la frase “haría que se le saltasen las lágrimas con mis cartas de amor escritas en fino papel de seda color rojo”, y pasen por alto la declaración y relación que para ser un verdadero hombre se tiene que ser un violador.

Y no es que los personajes o autores de las expresiones humanas tengan que ser políticamente correctos. No. Nadie quiere prenderle fuego a las obras de Freud por señalar en el Malestar de la Cultura que “las mujeres representan los intereses de la familia y de la vida sexual; la obra cultural, en cambio, se convierte cada vez más en tarea masculina, imponiendo a los hombres dificultades crecientes y obligándoles a sublimar sus instintos, sublimación para la que las mujeres están escasamente dotadas”.

O ignorar la grandeza de Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury porque los personajes femeninos siguen teniendo los mismos roles domésticos hasta en Marte. Como bien dice Francisco Báez, los autores de ciencia ficción de los años 50 y 60 pudieron predecir celulares con imágenes, cirugías láser, el 3D, pero no el feminismo y sus efectos.

Pero sí es importante reconocer el machismo, visibilizarlo, estar conscientes que trata de esconderse e instaurarse como un virus en nuestras mentes. Que muchas veces realmente violenta y mata. Notarlo es fundamental para luchar contra él. Así que si usted cree que no es machista, temo decirle que lo es. Como yo, como muchos y muchas. No se preocupe. Es una enfermedad que aunque no se cura por completo, se controla. Y como lector, siempre toca asumir una posición crítica respecto a lo que se lee.

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

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