Sálvese quien pueda o... dreamers primero - Ulises Lara López | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Marzo, 2017
Sálvese quien pueda o... dreamers primero | La Crónica de Hoy

Sálvese quien pueda o... dreamers primero

Ulises Lara López

En fecha reciente, durante su visita a una de las escuelas de la Ciudad de México, el titular de la SEP, Aurelio Nuño, señaló que de los 200 mil mexicanos deportados en 2016, la mitad no había concluido su educación básica y, del total, sólo dos mil de ellos tenían trunca su carrera universitaria, por lo que se comprometió a que, a través del INEA, atendería el rezago de 100 mil adultos sin certificado de primaria o secundaria, y que el sistema de universidades públicas estaría en capacidad de absorber a los dos mil que dejaron sus estudios superiores.

Resulta interesante que en el mismo tenor de los llamados dreamers, el doctor Enrique Luis Graue Wiechers, rector de la UNAM, hablara de un cálculo de 400 mil personas que realizan estudios universitarios y que, en caso de ser deportados, no se estaría en capacidad de poderlos atender, al menos en la máxima casa de estudios, cuya cifra de alumnos desde hace décadas no ha crecido hasta ese número. De hecho, la matrícula conjunta de bachillerato, licenciatura y posgrado llegó en algún momento hasta los 350 mil alumnos.

Los datos dados a conocer por el Gobierno de la CDMX hablan de poco más de 500 casos (Excélsior, 06/03/17) a los que se apoyará con la certificación en el manejo (habla y escritura, suponemos) del idioma inglés, además de acciones de apoyo durante su tránsito por la CDMX en el camino a sus lugares de origen. De acuerdo con las declaraciones hechas por el jefe de gobierno a la BBC de Londres, este apoyo consistirá en la entrega de “una especie de certificados como el TOEFL, para que puedan exhibirlo”. El problema es que quien se exhibe es el propio gobierno de la ciudad, es decir, la idea de apoyar a las personas deportadas en EUA es bienvenida, el problema son la ideas que, sonando bien, son de nota fácil y sin consistencia.

Pongámoslo de esta forma. Como lo he señalado en ocasiones anteriores, la Secretaría de Educación de la Ciudad de México (SEDU) está lejos, muy lejos, de ser una instancia que responda de forma efectiva y eficaz a las demandas de educación de los ciudadanos. Los programas anunciados con bombo y platillo (“Estás viendo y no ves”, “Saludarte”, “Educación por ti”, entre otros), algunos anunciados en más de una ocasión como el caso del Programa de Alfabetización, no logran impactar positivamente las condiciones en que la administración pública de esta ciudad interviene en la mejora de la calidad ni de las condiciones en que se desarrolla la labor educativa.

Si revisamos por enésima ocasión el texto de la nueva Constitución, ni siquiera en los artículos transitorios se habla de la conducción del sistema educativo local, como sucede en el resto de las entidades. Menos aún de las responsabilidades operativas de la administración capitalina. Sí, ya escuchamos que eso se verá en las leyes secundarias, sólo que el tema de las responsabilidades operativas van más allá de pintas e impermeabilizar escuelas. Se trata de la responsabilidad del gobierno local en los resultados, la forma en que se desarrolla el trabajo formativo con las nuevas generaciones, las oportunidades reales para continuar sus estudios e incluso de nuevos modelos de educación que sí respondan a las demandas de la población.

Una muestra más de los anuncios vacíos, sin soporte, es el arranque de los famosos Técnicos Superior Universitarios (TSU), de los que, al día de hoy, no sabemos absolutamente nada. Por supuesto, son más urgentes los temas partidistas y las candidaturas (bueno, las posibilidades de ser candidato) o representante partidista ante el INE, la contención de las fugas y la permanencia en los cargos que la consolidación de las políticas públicas que, supuestamente, garantizarán los derechos establecidos en nuestra nueva Constitución “garantista”.

Así las cosas, debemos de reconocer que la aspiración de nuestros migrantes y en especial de los dreamers no es regresar a estudiar a nuestro país, es probable que incluso muchos realmente, sin negar su origen, no deseen ser mexicanos. Finalmente, desde la llegada de los tecnócratas a la fecha, el prestigio de las instituciones públicas de educación superior fue decayendo en función del reconocimiento otorgado a quienes cuentan con estudios en el extranjero y en instituciones privadas. Actualmente, la mitad del gabinete presidencial proviene de instituciones privadas y/o cuenta con estudios superiores de Estados Unidos. La mayoría de los jóvenes egresados no encuentran trabajo o cuentan  empleos mal pagados. Si ésa es la realidad, ¿cuál es el futuro? Lo bueno es que unos  pueden obtener su certificado de educación básica (aunque difícilmente serán bilingües) y los que quieran tener estudios, recuerden que sus títulos sólo serán validos en la república mexicana.

 

 

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