En 2018 habrá un gran cambio en lo político y social, dice Diego Valadés | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 12 de Marzo, 2017

En 2018 habrá un gran cambio en lo político y social, dice Diego Valadés

El Colegio Nacional. En entrevista, el doctor en Derecho e investigador de la UNAM señala que en 2018, con la entrada en vigor de la reelección de legisladores y alcaldes, además de poder formar gobierno de coalición, el país podrá cambiar su aún existente viejo verticalismo

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Diego Valadés es un viajero, un Ulises moderno, cuyas travesías siguen la ruta que marcan sus lecturas en la novela, el cuento o la poesía, o sus investigaciones en Derecho Constitucional o Comparado, o su incansable periplo por la República Mexicana.

Esas travesías lo han llevado a entender la historia del país, sus condiciones contemporáneas, y como él dice: “Aunque no me gusta hacer pronósticos, mi impresión es que en 2018 cambiarán las condiciones políticas del país y, por ende, su arreglo social con la entrada en vigor de la reelección de legisladores y alcaldes y la posibilidad de formar gobierno de coalición”.

Hoy, añade, vivimos tiempos de incertidumbre y escepticismo, en los cuales los jóvenes no saben si van a encontrar empleo o podrán formar una familia, donde los altos funcionarios no rinden cuentas, sólo a su jefe, es decir, vivimos en el viejo verticalismo arcaico del siglo XIX y en los estados aún existe un primitivismo político con profundo caciquismo.

Son algunos de los puertos a los que arriba Diego Valadés y también hace un periplo personal: cuenta parte de su historia de vida.

Diego Valadés Ríos nace el 8 de mayo de 1945 en Mazatlán, Sinaloa. Para él, una fecha significativa: “no sólo por haber llegado al mundo, sino porque es el día que terminó la Segunda Guerra Mundial. Eso me produce una cierta emoción cuando voy, sobre todo a Francia, y ver que en París y en muchas ciudades de Europa hay una plaza que se llama 8 de mayo de 1945”.

Durante sus primeros meses de vida su padre, quien era director del El Correo de Occidente, un periódico  muy crítico contra las autoridades políticas del estado, tuvo que dejar Mazatlán y se llevó a familia para instalarse en la  Ciudad de México.

“Así, desde niño viví las vicisitudes de una persona que trabaja en el periodismo: su participación política en aquella época, combinada con su labor académica. Mi padre era profesor de historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, y al mismo tiempo que escribía artículos para la prensa, hacía investigaciones históricas”, dos profesiones que marcarían la ruta futura de Diego, quien hoy es integrante del Instituto de Investigaciones Jurídicas y de El Colegio Nacional, además de ejercer el periodismo.

“Esto marcó (una de) mis rutas: el interés por la lectura. Comencé a leer con mi padre los clásicos griegos y españoles entre los 9 o 10 años de edad. Todas las noches leía entre 40 y 45 minutos algún libro que él señalaba”. En esa etapa leyó La Odisea, La Ilíada y a lo largo de un tramo amplio de tiempo El Quijote, y la lectura fue desde ese entonces un placer para él.

Diego Valadés recuerda que entonces no había televisión, “por lo que los niños leíamos cuentos, novelas o escuchábamos la radio, aunque esto último era bastante raro para mí. A la par de esto, tuve una infancia muy activa en cuanto a viajes. El primero fue cuando tenía meses de nacido y llegué a la Ciudad de México y los siguientes, porque mi padre, un poco después de haber dejado Sinaloa, se incorporó al servicio diplomático mexicano. A los ocho años viví en Líbano, luego en Colombia y posteriormente en Uruguay. Más tarde estuve en Portugal. Fueron encuentros con diversas culturas y esto también marcó otra ruta en mi vida: ser viajero.

Ésas eran las circunstancias del niño y joven Diego Valadés, quien dice que nunca practicó deporte alguno, pero sí es un gran aficionado a la música. “Escuchaba básicamente la que le gustaba a mi padre, que era la clásica. Él tenía gusto especial por las obras para piano, instrumento que intenté tocar, pero siempre fui torpe. Aunque sí disfruto mucho escuchar música y sé distinguir una buena versión de otra no tan buena, en cuanto al género clásico”.

— Llegamos a los 16 años, el tiempo de decidir la carrera a estudiar...

Me llamaba mucho la atención, como fenómeno, la política. En 1960 seguí muy de cerca lo que ocurrió en Estados Unidos con el proceso electoral en el que participaron John F. Kennedy y Richard Nixon. Sobre todo porque Kennedy fue el representante de una juventud muy inquieta y además fue la primera ocasión en que las campañas electorales se trasmitieron por televisión con el primer debate entre los aspirantes.

Me interesaba la política, pero en el orden vocacional, en esa época, lo que más me atraía era filosofía, por supuesto la filosofía política. Cuando se acercó el momento de decidir mi ingreso a la Universidad Nacional, opté por Derecho, porque entendí que ahí se daba una buena integración entre la filosofía, la política y un aspecto muy importante que es la organización del poder y su regulación. Me atrajo como un aspecto práctico que concretaba o que permitía darle corporeidad a las ideas que procedían de la filosofía política. 

Pero su historia de viajes cambiaría el rumbo de Diego Valadés por unos años. En 1963 ingresa a la Universidad, pero sólo estuvo unos meses con su generación. Las clases iniciaron en febrero y para mayo se fue con su padre a Portugal, donde fue designado embajador. En esa nación hizo prácticamente su carrera de Derecho, pero no se tituló porque se terminó la comisión de su padre como diplomático. “Pude haberme graduado, pero no representaba ninguna ventaja en el orden profesional”.

Entonces, al regresar a México buscó que le revalidaran sus estudios. Había cursado cuatro años y lo máximo que podían reconocer en  la Universidad Nacional eran dos. “Entonces me reincorporé en el año de 1967 al tercer año de Derecho. Ya no con mis compañeros de la generación de 1963, sino con la generación de 1965. Esto tuvo una ventaja: formo parte de dos generaciones”.

En 1968, Diego Valadés tenía 23 años y estaba muy avanzado en sus estudios. Al año siguiente terminaría su carrera y en ese año Julio Scherer García lo invitó a colaborar en la página editorial de Excélsior, además de que Hero Rodríguez Toro hizo lo mismo para Diorama de la Cultura. “Así inicié el trabajo periodístico. Para la página editorial escribía textos sobre política académica y en Diorama eran análisis de novela y  poesía”.

Y entonces, dice, estalla el movimiento estudiantil. “Me incorporé al comité de lucha de la Facultad de Derecho sin ninguna  función directiva, porque tenía una fuerte presión en cuanto al estudio. Quería terminar cuanto antes y además seguía mi labor periodística para trasmitir a los lectores  de mi columna que era lo que estaba pasando con el movimiento estudiantil”.

Esta etapa fue intensa, como lo dice Diego Valadés, por un lado su reinserción a la Universidad y por otro el movimiento estudiantil, que “marcó mucho lo que sería mi manera de pensar. Fuimos una generación  con un fuerte compromiso y férrea convicción con la democracia”.

—¿Es el tiempo de la segunda transformación política y social de México contemporáneo. La primera fue la Revolución?

—Sí, aunque no tuvo la intensidad de la Revolución, pero sí exhibió algo muy importante: la dureza de un sistema político que se resistía a la democracia. Ya se habían dado en México algunas características en cuanto a la apertura a la democracia durante el gobierno de Adolfo López Mateos, y se logró la apertura para la participación de los jóvenes en el PRI, bajo la presidencia de Carlos Madrazo.

De hecho, me incorporé al grupo que él había formado, el cual tenía la convicción de transformar las instituciones del país y construir un sistema democrático que se había venido difiriendo. Entonces, participo en esa ola democratizadora que fundamentalmente exhibe la dureza de un sistema que ya era arcaico.

Diego termina su carrera de abogado en el año 1970 y después obtendría el grado de doctor en Derecho, por la Universidad Complutense de Madrid. Pero antes, al salir de la Facultad, se incorpora como investigador auxiliar en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. “Estoy ahí desde 1970”.

— ¿Eres un viajero, qué significa esto en tu vida?

— Hay cosas que uno puede definir con mayor precisión a través del diálogo. Lo que me preguntas es una imagen muy plástica de lo que realmente representa mi vida y mi profesión, tanto así, que a lo que me dedico en el ámbito jurídico es al Derecho Constitucional Mexicano, a la Teoría del Derecho Constitucional y al Derecho Constitucional Comparado y eso me hace estar en un viaje permanente. Lo que me interesa del Derecho Constitucional Comparado es cómo van funcionando las instituciones, que son esencialmente gobiernos y congresos y diseños institucionales y me tengo que estar asomando a todo lo que se hace en el mundo, o digamos, el mundo que alcanzo a conocer.

Porque, tengo la limitación de no saber alemán, entonces estoy enterado de la literatura que se produce en mi materia en español, inglés, francés, italiano, portugués, leo algo de catalán, y eso me permite saber lo que ocurre en Europa, en América, mucho de lo que pasa en Asia y África, porque se publica en francés o inglés. Es el viaje a través del conocimiento, visitando las instituciones desde mis fuentes de investigación.

Su viaje no es sólo a través de la lectura, también lo hace de manera física. Se traslada mucho al extranjero, pero esencialmente le interesa viajar por el interior México. “La media son tres viajes por mes a lo largo de todo el año por el país. Voy generalmente a las universidades para establecer comunicación con los jóvenes y profesores de los estados y hablar de los temas de mi interés profesional.

“Me siento muy contento de hacerlo, además tengo algunas obligaciones institucionales: voy 10 veces al año a mi estado, porque formo parte de El Colegio de Sinaloa, y a instituciones de otras entidades con las que tengo una relación estable: ahora soy miembro de la junta universitaria de la Universidad de Sonora, hace algunos años lo fui en la Universidad Veracruzana. Esto me ha permitido conocer muy a fondo al país”, agrega.

Al paso del tiempo, no hay un estado al que Diego no visite por lo menos una vez cada dos años.

— El viaje, ¿qué le provoca al ser humano Diego Valadés?

— Un gran gusto, una gran curiosidad. Cada viaje es un descubrimiento. Lo mismo ocurre en la música que en la lectura. Por ejemplo, los buenos libros suelen ser tan atractivos que uno gusta revisitarlos. Uno de esos, que más revisito, en el orden histórico y político, es El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo. Trato de hacerlo en ediciones distintas porque siempre las marco, no puedo evitar esa tendencia del investigador.

Esta costumbre de leer distintas ediciones es para buscar una nueva versión o simplemente para que los subrayados no coincidan. Y hay otro que también releo mucho: el Fausto, de Goethe. Éste es un gusto, porque hasta lo hago con el periódico, que leo con una pluma en la mano. También subrayo lo que me interesa y a veces lo comento, aunque luego lo tire a la basura, porque  generalmente los periódicos no se conservan.

Diego Valadés también tiene otras visitas y ésas tienen que ver con los acordes, las melodías. “Esas estoy seguro que compartimos aficiones. Usted acaba de mencionar a Leoš Janácek, porque todos tenemos nuestros músicos. Me costaría trabajo decir cuáles son mis músicos favoritos, varían de acuerdo a las predilecciones del estado de ánimo. A veces necesita uno cierto tipo de música, pero también cuando uno escucha repetidamente las mismas  obras, son nuevas visitas que dan otras sensaciones e imágenes”.

En ese punto, cuenta que sus gustos se decantan por la música para violín, en particular Giovanni Battista Viotti, que fue contemporáneo de Niccolò Paganini. “Me fascina. En la música sinfónica, una de las que más frecuentemente escucho es la Sinfonía 3 Órgano, de Saint Saëns, es hermosísima. Me gusta en general la música de órgano. Las obras de Georg  Handel las puedo escuchar de manera permanente, y claro no puede uno dejar de escuchar a Bach, por lo que representó al cambio musical. En ocasiones derivo hacia la ópera y me atrae Verdi y por supuesto Puccini.

— Este viajero ¿cómo ve el viaje de México a su futuro inmediato?

— Qué bueno que me lo pregunta porque en este momento estamos viviendo una etapa de desconcierto y escepticismo, sobre todo los jóvenes. Mi juventud fue una etapa muy feliz, aunque hayamos tenido ese desgarramiento traumático y tan profundo que fue el movimiento de 1968, específicamente la represión del 2 de octubre. Y no obstante, era una juventud que tenía posibilidad de trazar su desarrollo, con una cierta seguridad y tranquilidad. Porque fuera del hermetismo político, el país ofrecía la posibilidad de un desarrollo profesional personal, por esto la Universidad se convirtió en una fuente de  movilidad social muy importante.

En ese tiempo, recuerda Diego Valadés, los jóvenes no se planteaban si tendrían o no empleo, si podrían formar o no una familia. “Pero hoy, los jóvenes sí tienen ese problema. México se ha vuelto un país muy injusto con los pobres y con los jóvenes”.

El volumen de pobreza que tenemos hoy es superior al de los años sesenta y setenta del siglo pasado. La incertidumbre que viven hoy los jóvenes no se compara a la de hace 40 años. Creo que tenemos que reconstruir la capacidad de combatir con instrumentos democráticos la marginación, la pobreza y la violencia que representan para los jóvenes graves elementos de incertidumbre.

Sobre este panorama, Diego Valadés dice que, aunque no le gusta hacer pronósticos, “mi impresión es que estamos muy cerca de llegar al momento en el que cambiarán las circunstancias del país. Mi optimismo llega al punto de que, incluso señalo una fecha: tengo la convicción de que las condiciones políticas del país y, por tanto, todo el arreglo social cambiará a partir de 2018. Los cambios en una sociedad, por supuesto, son lentos, son paulatinos, son agregativos.

Por qué digo 2018, porque a partir de ese año entra en vigor, aquí vuelvo a mis temas de Derecho Constitucional, la disposición constitucional que establece el gobierno de coalición a partir del 1 de diciembre de 2018.

Y también partir de ese año se abre la posibilidad de que los legisladores y alcaldes sean reelegidos. La reelección y el gobierno de coalición no son perfectos. Pero el asunto es que habrá giros en la política, que ésta se vuelva más controlable y  quienes desempeñan cargos de responsabilidad política, la tengan realmente, porque en este momento no la tienen. Un funcionario público no da explicaciones a nuestros representantes acerca de lo que hace o dejó de hacer, se las da solamente a su jefe, o sea, seguimos todavía en el viejo verticalismo del siglo XIX.

Cuando esto comience a cambiar y sean más exigentes las condiciones para los gobernantes, mejores gobernantes habrá. Porque mientras tengamos condiciones tan flexibles, como las tenemos ahora, y no haya capacidad para demandar responsabilidades a quienes nos gobiernan, poco avanzaremos, porque ellos hacen lo que quieren.

Por eso tenemos a veces tan malas experiencias con los titulares de las funciones públicas. Cuando mejore la calidad de los gobernantes en el país, se eliminen las terribles condiciones de primitivismo político en los estados, con su profundo caciquismo, tendremos mejores resultados, mejores gobernantes, mejor democracia y mayor capacidad de los ciudadanos para tomar sus decisiones”.

Y aunque esto tardará en concretarse, señala Diego Valadés, “soy optimista en que podemos alcanzar las metas que hoy nos parecen lejanas. Porque la reelección significa ratificar el acierto o rectificar el error. En 2018 inicia el tercer viaje de México y espero que sea a la democracia”.

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