Ni una, ni un periodista menos - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 21 de Marzo, 2017
Ni una, ni un periodista menos | La Crónica de Hoy

Ni una, ni un periodista menos

Marcel Sanromà

Ricardo Monlui dirigía el periódico El Político en Xalapa y colaboraba con diversos medios veracruzanos, como por ejemplo, El Sol de Córdoba. El domingo, unos sicarios le pegaron varios tiros cuando salía de un restaurante al que había ido a desayunar con su esposa y una hija. Así, Ricardo se convirtió en el último nombre de una larga lista, en parte del incesante goteo de homicidios de periodistas en el país.

Su gota, como el resto, se pierde en el anonimato de este mar de sangre; algo que debería ocupar portadas se convierte en un breve, porque así lo exige la cotidianidad de la violencia pandémica que sufren tanto México, en concreto, como América Latina en general.

Según la Federación Internacional de Periodistas, el país fue en 2016 el tercero donde más periodistas murieron asesinados en todo el mundo. Fueron once. Por delante, sólo Afganistán e Irak, con trece y quince periodistas ultimados este pasado año. Pero las cifras no están claras, y a menudo no se incluye a los desaparecidos en el recuento, a la espera de que lleguen las conclusiones de las pesquisas. Y, demasiado a menudo, nunca llegan.

Por ejemplo, otros datos arroja la ONG Reporteros Sin Fronteras, que documenta nueve asesinatos de reporteros en México en 2016. De igual modo, el país figura tercero en la lista, por delante de Irak pero por detrás de Afganistán y, en este caso, de Siria, a menudo excluido de algunos recuentos por ser zona de guerra. Allí, en 2016 murieron diecinueve periodistas.

El reporte anual de la organización escribe: “La policía y un sistema judicial corruptos miran hacia otro lado mientras los periodistas son acechados”. También el reputado periodista británico Ioan Grillo, residente de la Ciudad de México, escribía hace apenas tres semanas en The New York Times: “La mayoría de los periodistas asesinados trabajan en pequeños medios de comunicación en pueblos y ciudades de la provincia donde el Estado está muy debilitado y la delincuencia organizada es muy fuerte. Los asesinos sienten que las consecuencias de asesinar a los periodistas son mínimas… y tienen razón”.

De nuevo, el problema no es exclusivo de México, sino que pertenece al imaginario y a la cotidianidad de América Latina. Este pasado año un total de 39 reporteros y fotógrafos fueron asesinados en toda la región. Los datos, ofrecidos por la Comisión para la Investigación de Atentados a Periodistas (CIAP), parte de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), recuentan un total de 16 homicidios en México (contando desapariciones), 10 en Guatemala, 5 en Brasil, 4 en Honduras, 2 en El Salvador y 1 en Perú y Venezuela.

El caso de Guatemala es especialmente doloroso, si tenemos en cuenta que el país cuenta con 16 millones de habitantes frente a los 120 de México, lo que indica un indice de 1 periodista asesinado por cada 1.6 millones de habitantes, frente a los 1 por cada 7.5 millones de México, siempre según datos de la CIAP.

Si tenemos en cuenta que, al menos en el caso de México, prácticamente ningún homicidio de periodistas recibe una sentencia judicial, se refleja de nuevo que, tal y como relataba con precisión Grillo, la impunidad es el peor enemigo de la libertad de prensa, y por ende, de la libertad de expresión, en el país y en la región latinoamericana.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la violencia de género, donde, en el país, apenas el 1.6 por ciento de los feminicidios –y eso sólo de los casos documentados como tales— reciben una sentencia judicial, según datos de 2013 del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

Por supuesto, las mujeres ultimadas por el mero hecho de ser mujeres son muchas más que los periodistas que mueren asesinados porque su trabajo incomoda a seres de la calaña de Javier Duarte —no en vano Veracruz ha sido el lugar más mortífero de México para los reporteros estos últimos años—, pero los atentados contra la prensa van más allá.

El derecho a la información, la libertad de prensa y la libertad de expresión son robustos pilares de cualquier sociedad que desee vivir en paz, con justicia, equidad y respeto. Nada de esto puede existir en plenitud mientras la corrupción y la impunidad permitan a criminales y funcionarios públicos desalmados acechar a los periodistas.

Por ello, igual que debemos unirnos para pedir que ni una más nos sea arrebatada, debemos unirnos para exigir que el Estado se reforme para perseguir de forma efectiva tan viles ataques a los derechos fundamentales del pueblo mexicano y latinoamericano.

 

marcelsanroma@gmail.com

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