Ya no hay intocables - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 22 de Marzo, 2017
Ya no hay intocables | La Crónica de Hoy

Ya no hay intocables

René Arce

En el país, durante muchas décadas fue común leer o escuchar que sólo había tres cosas con las que nadie se podía meter: en primerísimo lugar el Presidente de la República; en segundo, la virgen de Guadalupe y en tercero las Fuerzas Armadas. A la virgen de Guadalupe el propio abad de la Basílica y encargado de preservar el rito guadalupano (Monseñor Schulenburg), antes de retirarse declaró que la aparición de la Virgen del Tepeyac era más una leyenda popular y que no había evidencias de dichas apariciones, incluso se puso en duda la existencia del indígena Juan Diego que, como sabemos, ahora ya es un Santo.

Al Presidente de la Republica, desde los años 80 se le desacralizó, a pesar de que en la Constitución aún conserva el título de Supremo Poder Ejecutivo, actualmente es motivo de múltiples críticas, prácticamente todos los días; incluso, ha sido vetado para acudir de manera personal a presentar su Informe Anual al Congreso de la Unión. No hay personaje más caricaturizado y más estigmatizado que el titular del Ejecutivo de la Nación.

Las Fuerzas Armadas son de las pocas instituciones que aún conservan el aprecio de la mayoría de los mexicanos, a pesar de haber intervenido en hechos represivos contra los movimientos sindicales de los años 50 (principalmente maestros y ferrocarrileros), así también en los sucesos trágicos de Tlatelolco, donde jóvenes estudiantes y profesores fueron agredidos en 1968. A pesar de estos hechos la población tiene más presente y agradece su intervención ante los desastres naturales como huracanes, inundaciones, terremotos, incendios, etc. un elemento clave es que se integran fundamentalmente por individuos de origen popular, a diferencia de Fuerzas Armadas de América Latina, no han interrumpido los gobiernos de origen civil con golpes de fuerza para apropiarse del resto de las instituciones.

Sin embargo, la irracional decisión de Felipe Calderón, en 2006, al declarar la guerra al narcotráfico utilizando a las Fuerzas Armadas en tareas que corresponden a las instituciones de seguridad pública, provocó que el Ejército y la Marina, capacitados para combatir contra ejércitos similares y defender a la nación de ataques del exterior, usen su capacidad de fuego en ámbitos que no les corresponden; al cabo de más de diez años de estar en estas tareas, su imagen se ha devaluado de manera constante, cada vez son más voces las que exigen sus regreso a los cuarteles y sus mandos corren el riesgo de verse juzgados en algún momento por haber participado en hechos violatorios de los derecho humanos, de ahí su exigencia de que el Congreso legisle un ordenamiento que justifique su participación en una guerra que inició Calderón y Peña Nieto ha continuado.

Por lo anterior, mueve a risa la defensa a ultranza que de las Fuerzas Armadas han hecho el Presidente de la República y sus corifeos ante el señalamiento que López Obrador hizo a un padre de los desaparecidos de Ayotzinapa, para que les reclamara al Ejército y a Peña Nieto sobre la verdad de esos hechos. Cierto es que todos conocemos (menos sus fieles), la intolerancia de López Obrador a la crítica, también es cierto que él, junto con Marcelo Ebrard, impulsaron la carrera de Abarca, ex alcalde de Iguala en las filas del PRD, pero de ahí a instrumentar una campaña de Estado aprovechando el comentario irascible del Peje, considero que es un exceso.

¿Será que la causa verdadera es el crecimiento de Morena en la lucha por ganar la gubernatura del Estado de México? o ¿es el nerviosismo el que provoca esta campaña?, más de un militar ha de pensar que ante el descrédito del gobierno federal es mejor decir: ¡no me defiendas compadre!

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