La política del exabrupto y la revaluación del peso - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
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La política del exabrupto y la revaluación del peso

Carlos Matute González

Durante una entrevista con Rodrigo Pacheco del Grupo Imagen, el Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, declaró que el tono institucional entre México y EU nos ha favorecido y agregó que la disminución de las disonancias en la relación bilateral y que Trump haya abierto espacios a sus secretarios para la negociación reducen la incertidumbre y contrarrestan “de manera oportuna los efectos que puedan tener las alteraciones de las variables cambiarias y otros fenómenos externos o internos”. Asimismo, prevé la caída en la inflación para 2018.

La política del exabrupto y la ocurrencia afecta el diálogo entre los gobiernos, genera intranquilidad en las personas y entorpece el accionar de las organizaciones. Desde poco antes del triunfo electoral de Trump hasta un poco más de un mes después de su toma de posesión, sus declaraciones agresivas contra nuestro país y el trato inadecuado al Presidente de México y sus secretarios enviados a Washington provocaron la devaluación de nuestra moneda, cuyo valor pudiera estabilizarse alrededor de 17 pesos por dólar mientras persista la baja tensión en las relaciones binacionales.

Los ejemplos internacionales abundan. Las bravatas de la Rusia de Putin contra la Unión Europea consistentes en la amenaza del cierre de las canillas del gas por la guerra con Ucrania; la imposición de sanciones económicas de China contra Corea del Sur en la cuestión del sistema de defensa aérea de alta altitud terminal; las acusaciones de hacer declaraciones serviles de la Venezuela de Maduro al Secretario de Relaciones Exteriores mexicano por haber exhortado al diálogo y a la democracia plena, o la frase “comes y te vas” que el Presidente Fox le propinó a su homólogo Fidel Castro en la Cumbre Extraordinaria de las Américas en 2002.

Bajo esta misma óptica, en las organizaciones, la política del contentillo es producto de la carencia en la planeación; de la sobrevaloración de los dotes histriónicos como estilo de dirigencia, relegando en un segundo plano al trabajo ordenado y constante; del imperio de las ambiciones personales sobre los intereses institucionales, de la ceguera para hacer un diagnóstico de los problemas y la consecuente búsqueda de “chivos expiatorios” más que de las causas de las desviaciones o rezagos; de la prepotencia, la falta de respeto al otro y entre otros factores.

Las actitudes o el discurso agresivo sólo suelen alborotar y enturbiar el agua en beneficio de un pequeño grupo, o un individuo, y en perjuicio de la mayoría. Son efectistas, que no efectivas, producen una fuerte impresión en el ánimo, en lo superficial, pero no mueven a los países, ni a las organizaciones. No tienen la capacidad de cambiar estructuras, ni modificar comportamientos, ni desviar los flujos de la acción colectiva. Son el preámbulo del fracaso y la mediocridad.

Resulta lógico, incluso previsible, que la devaluación del peso provocada por un personaje público como Trump, desubicado respecto a sus propias capacidades personales e institucionales, fuera temporal. Hoy, todo parece indicar que si la prudencia de las partes en las negociaciones del TLCAN persiste la paridad cambiaria se estabilizará, pero nada garantiza que no reaparezca el ogro anaranjado que despacha en la Casa Blanca y que todo lo descomponga. Lo sano para los tres países es que los secretarios hagan su trabajo y los vientos de la campaña electoral queden en el pasado.

No hay que olvidar que la ineficacia e ineficiencia administrativas de las organizaciones originadas por la política del exabrupto son las más frecuentes. Cuando la ocurrencia o el capricho son el “método” de trabajo los resultados son magros y la actividad más recurrente es la redacción de las justificaciones de lo que no se realizó. Las personas más afectadas son aquellas a las que pretende servir la organización. Esto sucede sin importar el tamaño, ni la función de la misma, en lo nacional, estatal o municipal así como en lo público o privado.

Lo anterior, quedó demostrado con el hecho que la incertidumbre de un peso fluctuante respecto al dólar afectó en ambos lados de la frontera y casi los únicos que ganaron fueron los especuladores y los oportunistas. La falta de institucionalidad en las declaraciones de Trump a nadie ha convenido. Él también ha perdido, tal y como se ha visto en los últimos días.

En este sentido, es oportuna la invitación a llevar a cabo una revisión rápida del entorno, utilizando las reflexiones de Agustín Carstens citadas, lo que permitirá identificar quienes debieran ser menos protagónicos, más reflexivos, menos prepotentes y más proyectivos para contrarrestar “de manera oportuna los efectos que puedan tener las alteraciones de las variables” en una organización de cualquier índole.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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