Sigue pendiente la vinculación entre ciencia y sector privado | La Crónica de Hoy
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Sigue pendiente la vinculación entre ciencia y sector privado

Cecilia Noguez, Física. Líder en física computacional, reconocida por sus aportaciones fundamentales en los campos de la plasmónica, la actividad óptica y la física de superficies

Sigue pendiente la vinculación entre ciencia y sector privado | La Crónica de Hoy

— ¿Qué significa para usted haber sido galardonada con el Premio Nacional de Ciencias en el área de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales?

— Estoy muy contenta, realmente no me lo esperaba. Es un premio difícil de conseguir pues es el máximo galardón que un científico mexicano puede aspirar a ganar en México. Desde que me notificaron que lo había ganado, todo ha sido muy rápido y todavía no he tenido tiempo suficiente para reflexionar bien sobre él. Una cuestión es, por supuesto, que me siento muy bien y la otra es todo lo que conlleva este premio; tengo que reflexionar al respecto, sentarme y dimensionar el compromiso que implica haberlo recibido.

Me parece que éste es el 13° Premio Nacional de Ciencias que recibe un científico del Instituto de Física de la UNAM (IFUNAM) y eso habla de toda la historia de nuestro Instituto, pero también de todo su futuro. Existe entre nuestros científicos una gran responsabilidad para mantener el nivel del Instituto e ir mejorando.

— ¿Qué la impulsó a dedicarse a la Física?

— Me parece que fue una serie de eventos afortunados, porque cuando era niña no se oía mucho de científicos y en México realmente no había museos de ciencia, los que existían estaban en el extranjero y no tuve oportunidad de conocerlos.

Creo que dos cosas fueron esenciales: siempre fui muy curiosa, me gustaba entender cómo funcionaban las cosas, y siempre tuve mucha facilidad para las matemáticas y ese tipo de cosas. Además, los maestros poco a poco te dan, consciente o inconscientemente, cierta autoestima, te empujan… yo recuerdo muy bien que los maestros decían “vamos a revisar la tarea de matemáticas”, me pedían la tarea y decían “las respuestas son éstas” y ni siquiera las revisaban, ellos confiaban y eso de alguna forma te empieza a retroalimentar. Fue así cuando llegué a la secundaria y supe que había una materia que se llama “física” que utilizaba a las matemáticas para explicar la naturaleza de las cosas y que existían los científicos —porque en casa nunca hubo científicos— y supe que quería dedicarme a la ciencia.

— ¿Cuál es el proyecto que le ha generado mayor satisfacción?

— Hay varios proyectos interesantes. Un proyecto que nos ha dado mucho reconocimiento a nivel internacional es el de la plasmónica. La plasmónica estudia la interacción de fuentes de luz con la materia a escala nanométrica, con nanopartículas y que conlleva a nuevos fenómenos como el movimiento colectivo de los electrones que da lugar a los plasmones de superficie. Es importante mencionar que, aunque ya se sabía desde hace mucho tiempo sobre los plasmones de superficie, en el momento en que tienes materia a escala nanométrica, ésta da lugar a que se localice esa excitación, lo que permite que se amplifiquen muchos órdenes de magnitud, un millón de veces, los campos electromagnéticos alrededor de la nanopartícula y eso te abre un amplio panorama para muchas aplicaciones, porque amplificar así el campo electromagnético permite “localizar la energía”. Cuando ya “concentré la energía” en ciertos puntos, puedo preguntarme qué hacer con ella. Este punto te abre una gama de posibilidades de cómo puedes manipularla, controlarla, transportarla y optimizarla.

— ¿Qué significa hacer “Ciencia de Frontera?

— Es una definición muy ambigua. Es muy difícil de definir cuál es la frontera del conocimiento, o saber quién la pone. Puedo decir que muchos de los proyectos en los que trabajo son de “frontera” porque hay mucha gente en el mundo tratando de entender y aplicar esos sistemas.

Por ejemplo, uno puede decir que la nanociencia es una moda porque, como muchas otras ramas de la ciencia, llega un momento en el que se conjugan varias cosas para que tenga impacto en particular. En el caso de la nanociencia, se necesitan herramientas para poder observarla, interactuar con la materia, medirla o manipularla, entre muchas otras cosas. Pero se dio un momento en el que empezaron a haber esas herramientas y las que existían se mejoraron: desde los microscopios electrónicos de transmisión de alta resolución en donde puedes ver la materia a escala nanométrica y hasta los átomos que la conforman, además de identificar el arreglo de los átomos y las formas de las nanopartículas.

Desde el cómputo numérico, que es algo en lo que trabajamos mucho, ahora realmente puedes hacer miles de millones de operaciones por segundo, lo que te permite considerar esa cantidad de átomos y sus electrones y resolver ecuaciones que jamás se podrían resolver en papel. Eso, de alguna forma, ayuda a entender la materia, ya que puedes observar, interactuar con ella, desarrollar sistemas ultra sensibles, porque si estás hablando de materia muy pequeña, pues la respuesta también lo es. Como muchas otras cosas se congregan ahí, todo esto te abre puertas y retos muy grandes. Ahora, si me preguntan “¿dónde está la frontera de la ciencia?” bueno, creo que, por decirlo de forma sencilla, se encuentra cuando de alguna forma estás dando una semillita para que la gente vuelva a abrir ese gran panorama.

— ¿Cómo lograr la vinculación entre la ciencia y el sector privado?

— Ésa es la pregunta del millón y la tarea que tenemos pendiente como país: saber cómo transmitir el conocimiento científico para convertirlo en tecnología. Una vez que ésta se desarrolla, se tiene que involucrar a las empresas, porque puedes hacer ciencia aplicada, pero eso no quiere decir que sea tecnología. Para ello, se tendrían que haber transferido los prototipos, hacer plantas y, nuevamente, tener empresas en la frontera de la tecnología.

Realmente creo que sí es una tarea pendiente y que, para realizarla, debemos acercarnos porque posiblemente lo que hacemos no les interesa o no saben que les interesa y viceversa. En este caso creo que los jóvenes son un puente excelente para hacer la transferencia tecnológica.

— ¿Cuál es panorama de los jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia?

— Creo que la ciencia está totalmente globalizada. Posiblemente ahora se hace con más facilidad y frecuencia que antes, por lo que los jóvenes tienen que esforzarse muchísimo más y estar muy bien preparados porque la competencia científica no es local, sino global.

Otro aspecto importante con el que los jóvenes deben enfrentarse es con la inmediatez. Cuando se llega a un resultado, éste tiene que ser verificado, entendido, observado y saber qué se hará con él, lo que probablemente implique 85 por ciento más del tiempo total invertido. Gracias a la tecnología, las nuevas generaciones están acostumbradas a la inmediatez y a la poca reflexión y para hacer ciencia de calidad es totalmente al revés. Los resultados se pueden obtener relativamente “rápido”, pero entenderlos y estar seguros de que están bien, lleva mucho tiempo, por eso hay que enseñarles que la reflexión es sumamente importante en cualquier cosa y sobre todo en la ciencia.

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