Historias de un ogro bueno - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 11 de Abril, 2017
Historias de un ogro bueno | La Crónica de Hoy

Historias de un ogro bueno

Guillermo Puente Ordorica

Cuando alguien más fuerte pone en su lugar a un abusivo que maltrata a los más débiles, concita inmediatamente apoyo. Con las distancias guardadas, se parece a lo observado en días pasados con la destrucción de una base aérea militar siria por una lluvia de misiles de crucero estadunidenses, desde la cual se asume que el régimen de Al Assad desplegó armas químicas en contra de su propia población civil, desatando un nuevo episodio en la masacre que ha supuesto el conflicto en ese país en seis años de violencia indiscriminada. Poco ha importado el incumplimiento del derecho internacional y el unilateralismo de la acción, mucho menos la impopularidad de que gozaba dentro y fuera de su país el presidente estadunidense. Dicha iniciativa, por el contrario, ha recabado simpatías, configurándose probablemente, como el único acierto que se le reconoce al momento.

La maniobra es tanto una acción militar como una operación política. Técnicamente, el objetivo buscado cuidó minimizar los riesgos colaterales, vulnerando la capacidad del régimen sirio de movilización armamentística, al tiempo que evitó desatar otros escenarios bélicos, al avisar con antelación a propios y extraños, incluyendo a los rusos, principales aliados del gobierno sirio, sin comprometer efectivos de combate sobre el terreno para no allanar las formas legislativas. Políticamente, la operación ha servido para recuperar el liderazgo del gobierno estadunidense y particularmente de su primer mandatario. Las reacciones internas han sido en general positivas, lo que ha incluido a una amplia capa de legisladores opuestos al presidente, a la opinión pública, a los especialistas y al llamado establishment militar, pero también le permite al gobierno marcar una línea de separación con la cercanía rusa de la que se mantiene sospecha desde el proceso electoral. Por si fuera poco, insiste en el contraste entre su bien hacer y los desaciertos de su antecesor en la presidencia. Solamente ha disgustado a sectores de la extrema derecha y a los progresistas, si bien por diferentes razones.

En lo internacional, ante la cerrazón del prolongado conflicto y del enorme costo de vidas humanas, pero sobre todo a las recientes escenas trágicas de civiles sufriendo como consecuencia de la utilización de armas químicas, muy presentes en la opinión pública mundial, llama la atención el respaldo recibido de diferentes países a pesar de las contradicciones y la falta de claridad de su trasfondo. Los más radicales, apuntan a que se envía un mensaje a los rijosos y abusadores del mundo, particularmente a Corea del Norte, de la resolución estadunidense de actuar militarmente, y abre la posibilidad de establecer relaciones con Rusia desde una posición más firme.

Es poco probable que la tirantez entre las dos potencias militares vaya a ir más allá del discurso, a pesar de la fuerte molestia rusa por el operativo militar, pero no deja de preocupar el tipo de diálogo que vaya a producirse a partir de esta coyuntura tanto para la solución de este conflicto como para el tratamiento de otros temas delicados de la agenda mundial, como la anexión de Crimea o bien la posición subyacente de China en este tablero general, que incluye el supuesto mensaje lanzado a los norcoreanos, por mencionar unos pocos ejemplos de las vertientes que se abren tras este episodio.

Es cierto que el régimen de al-Assad es indefendible independientemente de si se comprueba que es o no el perpetrador de los ataques químicos, a todas luces violatorios del derecho internacional, que generaron la respuesta estadunidense, pero difícilmente se corrige una violación mediante la fuerza unilateral y abriendo brechas en la vigencia de las normas internacionales. Se abren más dudas que certezas en lo que se persigue más allá de la demostración de poder brindada.

Cabe recordar que las revueltas en Siria en 2011 comenzaron como un movimiento político que demandaba una transición democrática de la mano de la llamada Primavera árabe. Casi tan pronto como irrumpió la violencia en ese año, quedó claro que la única vía para una solución duradera era la salida política y no la militar, que implicara además la partida del poder de Al Assad para convocar a elecciones tendientes hacia un proceso de reconciliación. Nada de ello ha sucedido en estos años. Si se ha acrecentado el tamaño de la crisis humanitaria y de la complejidad del conflicto. Todo eso que parece olvidado, no ha perdido su vigencia, pero tampoco se está más cerca de lograrlo.  

 

gpuenteo@hotmail.com

 

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