En Siria, de tal padre, tal hijo - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 11 de Abril, 2017
En Siria, de tal padre, tal hijo | La Crónica de Hoy

En Siria, de tal padre, tal hijo

Concepción Badillo

Dicen que la historia nunca se repite, pero en Siria parece que sí. Hace treinta años el país estaba gobernado por un despiadado dictador, hoy está en manos de otro dictador igual. El primero Hafez al-Asad se mantuvo 29 años en el poder asesinando a su gente y nunca pagó por eso, murió tranquilamente en su cama víctima de un mal pulmonar por tanto fumar.

El segundo, su hijo Bashar que heredó el poder, ha copiado sus métodos, la única diferencia es que gracias al internet el mundo entero puede ver las atrocidades que comete en contra de su propia gente, como el ataque la semana pasado con gas sarin que ataca los nervios y sofoca, lanzado por las fuerzas del gobierno sobre Khan Sheikhoun, un poblado controlado por rebeldes, en la provincia de Idlib, donde murieron más de 70 personas, incluyendo mujeres y niños.

Ante esto, el presidente Trump optó por la acción que su antecesor siempre evitó, el uso de la fuerza y ataques aéreos para destruír parte de su arsenal, pero no se sabe si solo fue una advertencia o es el principio de una campaña para quitarlo del poder. La Casa Blanca, el Departamento de Estado y la delegacion estadounidense ante la ONU aún no logran ponerse de acuerdo.

Se desconoce si en realidad Washington tiene una estrategia para acabar con Asad o si el dictador seguirá inmune a pesar de tanta atrocidad, tal y como sucedió con el padre. Despúes de todo cuenta con el apoyo de Rusia e Irán. La guerra civil en Siria, es el peor desastre humanitario de nuestro tiempo. Más de 400 mil sirios han muerto, en su mayoría civiles inocentes y cinco millones han huído del país y no encuentran refugio.  

Miles de activistas en busca de democracia son torturados y mueren víctimas de brutal represión, como era común con el padre. Esto a pesar de que cuando el joven Asad se quedó en su lugar en el 2000, Estados Unidos y Occidente confiaban en que las cosas cambiarían porque despúes de todo, este había sido educado en Inglaterra, era culto,  moderno y se daba por hecho civilizado y más humano, al grado de que en 2011 la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton anunció que se trataba de “un líder diferente, de un reformista”.

No hubo cambio. Hafez al Asad gobernó Siria con mano dura durante casi treinta años. Acabó brutamente con todo tipo de oposición, culminando su presión con el sitio de 27 días en 1982 a la ciudad de Hama, a la que prácticamente borró del mapa, dejando atrás cerca de cuarenta mil muertos. Sin embargo, nunca se le señaló como culpable de esa masacre, ni siquiera se le pidieron cuentas. Washington nunca dijo ni pío, al contrario, el entonces mandatario Bill Clinton envió a Damasco a su secretaria de Estado, Madeleine Albright, a rendirle honores en su funeral.

Asad, el hijo, un oftalmólogo de 51 años, casado con Asma de 41, antes llamada Emma, una inglesa de padres sirios, elegante y educada, de quien la revista Vogue ha dicho es como “una rosa en el desierto” quien se suponía sería la cara reformista del régimen y el freno a los excesos sanguinarios del marido. Sin embargo tras su matrimonio solo vino a ser parte de un gobierno brutal y de una familia que no esta dispuesta a ceder el poder. Se cree que la influencia sobre Asad, con quien tiene tres hijos, no es tan grande como la que ejerce su madre, Anisa y Bucha la temida hermana.  

De Asma, la revista Paris Match ha dicho que “es un rayo de luz en un país lleno de sombras” pero a estas alturas ya nadie cree que podrá iluminarle el camino a su amado dictador. Para muchos, con Trump a Asad se le acabó el tiempo, dicen que es “hombre muerto”, pero lo mismo hemos oído antes sin que nadie aclare que pasará con el tirano. Pensar en una reconciliación con la oposición es casi imposible despúes de décadas de torturas y violaciones a los derechos humanos, tampoco se puede esperar que acceda a reforma genuinas que podrían hacelo terminar ejecutado o en prisión.

Si un día cae, lo más seguro es que, como es la tradición familiar, quede sin castigo y se una a Rifaat, otro asesino, hermano del papá, que estuvo a cargo de la brutal represión en su régimen y quien vive jubilado y con gran opulencia en Londres.

 

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