Policías piden dinero para reducir horas en El Torito | La Crónica de Hoy
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Policías piden dinero para reducir horas en El Torito

Una mujer entregó dinero que solicitaron oficiales para permanecer menos tiempo en el Centro de Sanciones Administrativas; sin embargo, se quedó sin dinero y sí cumplió su arresto

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Desde hace seis meses la vida de Susana es un auténtico martirio, la mujer fue detenida por el alcoholímetro, llevada al Centro de Sanciones Administrativas, amparada por un coyote y buscada por desacato a una orden de presentación.

En noviembre pasado, Susana “N” venía de una cena de trabajo, cuando salió del restaurante consideró que podía manejar pues sólo había bebido dos copas de vino tinto para acompañar su comida.

Pidió su carro al valet parking, se subió y condujo por la calle de Homero en dirección a Mariano Escobedo; minutos después se percato que había un punto de revisión del programa Conduce sin alcohol, su seguridad era tanta que no dudo en formarse en la fila pues tenía plena certeza de que pasaría el examen.

Tocó su turno, luego de tres autos llegó al punto en donde un oficial de apellido Gutiérrez le pidió que bajara su ventanilla.

“Buenas noches, ¿cómo esta?”, dijo el uniformado.

—Bien oficial ¿y usted?, contesto la mujer.

Antes de que ella dijera otra cosa el policía Gutiérrez introdujo su cabeza al vehículo, cosa que está prohibida ya que el automóvil es considerado propiedad privada, y le ordenó a Susana que bajara de su coche ya que, a decir del uniformado, venía en estado de ebriedad.

Ella accedió, sabía que aunque le practicaran la prueba la pasaría, sin embargo, esto no fue así.

El oficial la llevó con el doctor en turno para que le fuera aplicada la prueba de alcoholemia a la mujer de 30 años.

Sopló en la boquilla, pero para el doctor del alcoholímetro, que Susana exhalara una vez no fue suficiente y por ello la obligó a hacerlo en dos ocasiones más.

Para la tercera vez su resultado fue positivo por lo que el dictamen fue que Susana no estaba en condiciones de manejar su carro y la orden siguiente fue “llévensela al Centro de Sanciones”, mejor conocido como El Torito.

Sin más fue esposada cual delincuente y subida a una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública en la que se encontraban cuatro policías.

Es importante decir que ninguno de los uniformados era mujer, por lo que Susana insistió en que la dejaran bajar ya que temía que le hicieran algo.

Susana se quitó las esposas y como pudo bajo de la patrulla y corrió hacia donde estaba el doctor; “yo sólo quería sentirme segura”.

“Le dije al doctor que yo iba a decir que no estaba borracha y que él siempre diría que sí lo estaba. No me negaba a cooperar, pero tampoco quería que pusieran en riesgo mi vida”, contó la mujer a Crónica.

Y agregó, “una vez que lo convencí, porque no fue nada fácil hacerlo entender que no era correcto que estuviera con cuatro hombres, me dijo que tenía que esperar a que llegara una mujer policía para trasladarme a El Torito”.

La detuvieron a las 00:30 horas, tuvo que esperar más de dos horas a que llegara la uniformada que la trasladó al lugar donde tendría que cumplir con su sanción por conducir bajo los efectos del alcohol.

Al llegar a El Torito, cerca de las 03:00 horas, tuvo que dar dinero para que le dejaran hacer una llamada telefónica, llamar a su madre para avisarle que estaba bien, le costó 200 pesos.

Fue encerrada en una celda sola, la justificación de las uniformadas fue que “güerita, allá afuera hay siete prostitutas y te tenemos que cuidar para que no te hagan nada”.

A las 07:00 horas la llamaron para decirle que habían llegado por ella; su madre fue acechada por uno de los coyotes y tramito con él un amparo para que Susana pudiera salir del Centro de Sanciones Administrativas.

Cuando le dijeron que podía irse a casa, nadie le explicó que tenía que regresar para pagar las horas que debía, ella pensó que todo había terminado pero no fue así aún quedaba la deuda con su coyote.

La madre de la infractora traía consigo sólo 500 pesos, por lo que cuando Susana salió de El Torito fue escoltada por dos de estos gestores hasta un cajero automático para que pagara los mil 500 pesos restantes por el trámite de su amparo.

PERSECUCIÓN. El pasado 10 de febrero, el oficial Cervantes llegó al domicilio de Susana para informarle que tenía que regresar al Centro de Sanciones Administrativas, dejó el recado con una de sus vecinas.

Su madre llamó al oficial y éste le dijo que “podían llegar a un arreglo siempre y cuando hablara con la infractora para ver a qué solución llegaban”.

Por cuestiones de trabajo la mayoría del tiempo Susana se encuentra fuera del país por lo que presentarse a El Torito resultaba sumamente complicado, sin embargo, Cervantes le aseguró a su progenitora que se podía presentar “cuando ella pudiera y que no urgía”.

Dos meses después un par de patrullas llegaron a su casa, asegurando que traían consigo una orden de aprehensión contra Susana, porque supuestamente para los oficiales, ella era una prófuga de la justicia.

Susana no estaba en casa, se encontraba de viaje y no sabía lo que en ese momento sucedía en su hogar.

Los uniformados tomaron la decisión de cortar el suministro de gas así como los cables de luz que alimentan el hogar de la mujer.

Amedrentaron a los vecinos y los interrogaron uno a uno para que dijeran el paradero de la mujer.

Aguiñaga, uno de los uniformados, dejó una nota pegada en su puerta en la que solicitaba que la mujer se comunicara a la brevedad con él.

El viaje de la mujer había concluido, después de un tiempo fuera de la Ciudad de México, regresaba a casa sin imaginarse a lo que se enfrentaría.

Los vecinos de Susana se le fueron encima, la mujer no entendía qué sucedía hasta que uno de ellos comenzó a explicarle lo que horas antes había sucedido.

“Llegaron a buscarte, que tienen una orden para llevarte detenida. No sabemos qué hiciste pero no queremos que vuelva a suceder, estuvieron aquí más de dos horas. Hasta una nota te dejaron”.

El miedo invadió a la mujer, no sabía qué hacer así que se comunicó con el oficial.

“No señorita, es que como usted no se presentó a pagar las horas que debía pues ya la estamos buscando. Usted tiene desacato y mi jefe eso no lo perdona, aparte ésta es la cuarta vez que la buscamos y nada, no sabemos nada de usted”, señaló el uniformado.

—Pero mi mamá habló con el oficial Cervantes y le dijo que no urgía, yo estaba de viaje. ¿Es correcta la forma en la que ustedes llegaron a mi casa, se puede hacer eso?— preguntó Susana

—Nosotros sólo queríamos tener información acerca de usted, como le digo ésta ya es la cuarta vez que la vamos a buscar. Pero no se preocupe, mire, yo puedo retener su informe si se presenta mañana, es más vemos cómo le hacemos para reducirle horas— explicó Aguiñaga.

—¿Arreglarnos?, ¿pues cuántas debo? La verdad nadie me dijo que tenía que regresar por eso no fui nunca, si alguien me hubiera explicado esto no estaría pasando —refutó la mujer

—Si se amparó con un coyote ésos nunca explican nada, y eso también es un delito señorita. Pero mire, si mañana se presenta temprano en El Torito yo veo cómo la puedo ayudar para que en lugar de quedarse las 17 horas que debe se quede aunque sea 12, ¿qué le parece?—respondió el oficial.

Ambos quedaron de verse el miércoles 12 de abril a las 07:00 horas afuera de El Torito, Susana se imaginaba que le pedirían dinero, no obstante, no sabía que no sería tan sencillo.

Antes de colgar la llamada el oficial le dio instrucciones, “lleve papel de baño, agua, comida, libros y vaya cómoda; pero sobre todo no olvide aquello que sabemos es importante”.

Cervantes y Aguiñaga se bajaron de la patrulla, una de sus compañeras, la oficial García, se quedó al interior y comenzó la negociación.

“Mire señorita, para poder detener su reporte me tuve que quedar hasta tarde y luego el jefe se puso bien pesado. No crea, me tuve que esforzar mucho para que no le pusieran que otra vez tuvo un desacato a su orden”

“Pero mire, yo ahorita le voy a poner que la detuve a las cinco de la mañana y así ya son dos horas menos, usted sólo dígame cómo nos arreglamos y ya. Hace frío y aún tengo que hacer rondas con mis compañeros”, explicó Aguiñaga.

Susana le dijo que le daría 300 pesos para que desayunaran, las risas de Aguiñaga y Cervantes no se hicieron esperar, como si la cifra ofrecida fuera una verdadera burla para su labor.

¡Cómo cree señorita, hoy el jefe quiere ir a comer camarones, aparte le tengo que preguntar a mi compañera si está de acuerdo, si no pues ni cómo. Pero por 300, ni el regaño ni las horas extra!

Las dos horas menos le costaron a la mujer 600 pesos. Para que nadie se diera cuenta la mujer tuvo que abordar la patrulla y dejar los tres billetes de 200 pesos en la parte trasera, tras unos minutos la dejaron bajar.

El pago fue en vano, aunque le habían prometido que la dejarían salir a las 18:00 horas, fue liberada hasta las 20:00.

Su sanción en El Torito se convirtió en una verdadera tortura.

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