Copan coyotes el Registro Civil… y nadie les dice nada | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube

Copan coyotes el Registro Civil… y nadie les dice nada

Ofrecen agilizar la entrega de documentos y también la obtención de papeles falsos, ante la complicidad de las autoridades ◗ Operan en el interior y exterior del edificio de Arcos de Belén; incluso utilizan una iglesia para amarrar sus negocios

  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx

En el Registro Civil de la Ciudad de México, ubicado en Arcos de Belén y donde existen más de 29 millones de datos de identidad y el estado civil de las personas, hay una mafia de coyotes, coludida con funcionarios de la institución.

Es por eso que en el lugar, fuera o dentro del edificio, puede conseguirse lo que se quiera “actas buenas, hechizas o alteradas”.

Sólo es cosa de tener dinero para pagarlo.

Con sólo llegar a los alrededores del Registro Civil, los coyotes te ofrecen certificados de actas de nacimiento, de matrimonio y defunción “originales o chuecos”; agilización de divorcios, tutelas, adopción y presunción de muerte; cambio de apellidos, recuperación de documentos…

“Lo que se te ofrezca. Yo te lo consigo y te ayudo”, aseguran los coyotes.

Los supuestos gestores también te ofrecen documentos falsificados, aunque con un mayor costo debido a que “es muy peligroso para nosotros”.

Crónica realizó un recorrido por el lugar, ubicado en Arcos de Belén número 19, en la colonia Doctores, y confirmó que, pese a la promesa de operativos policiacos, los coyotes siguen operando.

Todo lo anterior, ante la displicencia de las autoridades locales, policiacas o delegacionales.

“Seguiremos acá por siempre. Esto es nuestro trabajo y nadie nos va a quitar”, indica el Teto, el sujeto que presumió ser uno de los líderes de los coyotes.

¿Quieres un acta?... te cuesta 500 pesos y me tardo 40 minutos, ofrece a esta reportera a plena luz del día y sin remordimiento.

“¿Y qué te ahorras?”, pregunta… y se responde él mismo: “todo un día de estar formado, parado y acalorado”.

ACECHANDO A LA PRESA.  Los coyotes están por todos lados. Sobre Río de la Loza, en Doctor Andrade, por José María Vértiz y en Arcos de Belén. A ellos no les interesa secuestrar los alrededores del Registro Civil y tampoco tienen miedo de trabajar dentro de las oficinas. Ellos ofrecen sus servicios sin que nadie se los impida.

Incluso los coyotes “ni a Dios perdonan”. En muchas ocasiones utilizan las bancas del Templo de Belén de los Mercedarios, que se encuentra a un costado de la Escuela Libre de Derecho, para cerrar sus negociaciones o cobrar por los trámites que realizan.

Es un lugar seguro, en el que la policía no entra. 

Pero no es el único sitio que ha sido tomado por estas personas. Apenas y pones un pie fuera de la estación del Metro Salto del Agua, lo primero que se escucha son los ofrecimientos de los coyotes.

Y basta con verlos para saber que son ellos los que  de manera ilegal realizan los trámites.

La mayoría usa gorra, pantalón de mezclilla, mariconera, tenis y collares, esos que se utilizan en la santería.

Además, casi todos tienen tatuajes en cuello y brazos.

Durante dos días se pudo observar que los coyotes siempre traen periódicos o revistas en la mano, mismos que utilizan para cubrir su rostro para evitar que las cámaras de vigilancia los identifiquen apenas y se les acerque un cliente, que ellos denominan “la presa”.

El Teto, su líder, les pide una cuota de 80 a 200 pesos por cada trámite que realicen.

De no cumplir, los castiga y no los deja trabajar.

LA CAZA. Esta reportera caminó sobre Arcos de Belén en busca de alguno de ellos. No hizo falta esmerarse mucho. Ayer, alrededor de las 11:30, ya estaban ahí. Eran más de 20 los que pudimos observar.

En la esquina de Doctor Andrade se acercaron cinco hombres. Todos hablan al mismo tiempo, pues su intención era ganarle “la presa” al compañero.

—¿Qué necesitas, güerita?

—¿Qué tramite quieres?

—¿En qué te puedo ayudar?

—Bara, bara y de volada te lo damos.

Es lo que decían los sujetos, todos no mayores a los 30 años.

Y como nadie resultó triunfador en la caza, comenzaron los jaloneos y las descalificaciones: “Yo la vi primero”, “ya está haciendo trato conmigo”, “ya hasta estoy pidiéndole datos”, se decían unos a otros.

Y todos se calmaron apenas y apareció El Teto: “Cálmense, cabrones, cálmense. Con una chingada, ya les dije, sólo dos y uno habla. Me la van a espantar”.

Luego del regaño, los coyotes pidieron “moverse” de la calle de Andrade para ocultarse de las cámaras.

Ellos no niegan que lo que hacen es ilegal.

“Vamos a ponernos aquí, es que hay cámaras y, bueno fuera que nos regañaran. Nos llevan a todos, hasta a ti”, explica uno de ellos mientras se tapa la cara con un periódico y señala la cámara de vigilancia que está en contra esquina.

—¿Qué necesitas, güerita?, ¿Qué trámite vas a querer? —comienza el interrogatorio, que muchas veces atosiga; sin embargo, El Teto quiere trabajar y corre a todos.

“A chingar a su madre de aquí, a ésta la atiendo yo”, les ordena.

El Teto es el único que no usa gorra, dice que no la necesita, ya que “no quiero ocultar mi belleza”, indica.

LA NEGOCIACIÓN.A ver dime ¿qué vas a querer?—, nos pregunta .

—Necesito un acta de nacimiento, pero la verdad es que la quiero con unos datos en específico—, le decimos.

—Aquí todo se puede. Todo. Sólo es cuestión de arreglarnos.

—¿Pero no tendría problemas?

—No, mira, no es la original, pero queda igualita. Yo te lo aseguro, confía en mí.

—¿Y eso en cuánto me saldría?

—Pues no te voy a mentir, es caro, pero llegaste a las mejores manos. Te cobro mil 800 pesos y la tienes en dos horas.

—¿Te pago primero o como le hacemos?

—Me das mil ahorita para que yo me mueva y ya que la tenga me das el resto, por eso no hay bronca.

—Está bien. También necesito el acta de nacimiento de mi mamá, ella es de Puebla— se le indica.

—Ésa es más fácil, nada más dime su fecha de nacimiento, el nombre de tus abuelitos y su nombre.

—Es del 60, pero ¿no importa que sea un trámite foráneo?

—Ya te dije que aquí todo se puede. Mira, como ya es archivo muerto te cobraría 500 pesos y la tiene de 35 a 40 minutos, aquí somos más rápidos que los otros.

—¿Y por dos actas de defunción?

—Pues como vas hacer muchas cosas con nosotros, esas dos te las dejo en 600 morlacos. Nada más móchate para los chescos y ya está.

Durante el interrogatorio tres hombres se quedaron ahí cuidando a su jefe por si algo pasaba.

En todo momento se monitorean a través de radios con los que se avisan si alguna patrulla o uniformado se acerca a la zona, ya que “si vienen los azules corres con nosotros, si no ya nos cargó la chingada”.

—Voy a decirle a mi mamá para que ella venga. ¿Me das tu celular?

—¿Qué pasó, morra, para eso nos hiciste perder tiempo? Aquí no trabajamos con teléfonos, que nos busque, como si no nos fuera a encontrar.

Cuando al sujeto se le pidió su número celular, su nerviosismo era evidente y abandonó, junto con dos de sus achichincles, como él les llama, el sitio.

Uno de sus trabajadores se quedó ahí y explicó:

“Aquí nadie da el número de nadie. Quien quiera que le trabajemos nos viene a buscar aquí”. 

SIN TEMOR A DIOS. Al entrar al Registro Civil para preguntar acerca de los mismos trámites, tres de los hombres que minutos antes estaban con el Teto se encontraban en el interior del lugar. A unos metros de las ventanillas y escritorios.

—“Oye, estabas allá afuera, ayúdame con mi trámite, no tengo tiempo y hay mucha fila”, se le dice.

“Cámara mi’ja, pero aquí no. Te veo en 10 minutos en la iglesia que está aquí en la esquina y ahí nos arreglamos, si no, mi jefe se emputa”, explica un hombre al que le apodan el Sapo.

Al entrar a la iglesia, él no es el único que está haciendo sus negociaciones en el lugar.  Ahí están dos hombres más, cada uno con su propio cliente.

Nadie los vigila, más que las imágenes católicas que ahí se encuentran.

El Sapo cuenta que “la neta muchos también tenemos nuestro negocito por aparte. Está cabrón, porque ya sabemos que si no le entramos con el moche nos cacha el pinche Teto, nos va mal, pero también tenemos que rascarle”.

El hombre, de unos 23 años, está acompañado de su hermano, quien es el encargado de vigilar la puerta del templo para que nadie entre.

Lo que bien es cierto es que los coyotes están vigilados, pero no precisamente por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, sino por ellos mismos.

La Plaza de la Identidad, así como el interior y las calles aledañas del Registro Civil, no cuentan con vigilancia policiaca como lo prometió el Gobierno de la Ciudad de México, y por tal motivo los coyotes hacen cacería sin que nadie se los impida.

Imprimir