La transformación del derecho constitucional mexicano - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 22 de Abril, 2017
La transformación del derecho constitucional mexicano | La Crónica de Hoy

La transformación del derecho constitucional mexicano

Carlos Matute González

En el año del centenario de la promulgación de la Constitución mexicana, la actividad académica en torno a este hecho ha sido significativa. Esta semana, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se presentó el libro editado por el Fondo de Cultura Económica de Ignacio Marván Laborde Cómo hicieron la Constitución de 1917 y, en el Instituto Nacional de Administración Pública, la Constitución comentada por profesores de la Facultad de Derecho de la UNAM, coordinada por Márquez Rábago, editada por Porrúa. También en la SCJN, en marzo se presentó otra Constitución comentada, en dos tomos, coordinada por el Ministro Cossío Díaz y editada por Tirant lo Blanche.

Desde el siglo XIX, el constitucionalista alemán, Ferdinand Lassalle, en unas conferencias dirigidas a una asociación obrera, se auto-formuló e intentó resolver una pregunta aparentemente sencilla: ¿Qué es una Constitución? Dividió en dos la respuesta: una hoja de papel y un pacto entre los factores reales del poder. El enfoque formal-jurídico y el político-social.

Por supuesto, este intento de dimensionar lo que es una Constitución ya no capta toda su riqueza, ya que forma parte de una etapa inicial de estudio del derecho público moderno y es limitada para entender el nuevo contexto constitucional del mundo globalizado en el que impera la teoría de los derechos humanos como fundamento esencial de la interpretación y aplicación del orden jurídico y la franca crisis del concepto tradicional de soberanía. Sin embargo, Lassalle sí fue un punto de partida para que otros autores identificaran que existen diversas funcionalidades atribuibles al documento fundante de los estados contemporáneos. Los aniversarios son momentos útiles para concentrar las refl exiones sobre un fenómeno en particular. El centenario referido no es la excepción y puede provocar en cualquier ciudadano el cuestionamiento original: ¿qué es una Constitución? Esta curiosidad básica, que es esencial para entender porque hay que celebrar la fecha de su promulgación, también es un detonante para profundizar en el estudio lo que vivimos. Entender nuestra vida jurídica y buscar caminos viables para la existencia de poderes sociales legítimos. Hay que señalar que la Constitución tiene muchas facetas. Citemos algunas: pacto político, garantía de respeto de los derechos humanos, reparto y estructura del poder, acto y documento fundante, parámetro de medición de validez en un orden jurídico (norma máxima), proyecto político, ideario social, aspiración de bienestar individual y colectivo, determinación de la existencia y delimitación territorial de un Estado, pacto federal y compromiso de convivencia pacífica.

Bajo esta perspectiva, la Constitución sólo es estática cuando se imprime su contenido como expresión del acto fundante. Después de ese momento es dinámica. Un poeta diría que es inasible, etérea e inabarcable, es decir, plural en su aplicación e interpretación. El alcance de sus principios es modificable en atención a las circunstancias, su efectividad sujeta a los acuerdos políticos, su respeto condicionada por el ejercicio libre y objetivo de la función jurisdiccional y su vigencia real deriva de la existencia de autoridades respetuosas del derecho y de una ciudadanía activa y consciente.

El dinamismo se ha acentuado en las tres últimas décadas y se refleja en las numerosas reformas constitucionales en cinco ejes: derechos humanos y juicio de amparo, estructura del poder, relaciones federales, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidades y rectoría económica del Estado.

Entonces, se puede afirmar que hay un cambio de paradigma, desde el punto de vista político ha servido como contrapeso para establecer límites al poder del gobierno, mientras que para los gobernados en relación con la autoridad, ha servido para consolidar sus derechos como ciudadanos y los medios para su defensa, a través de los mecanismos de combate a la corrupción, así como de responsabilidad de los servidores públicos y algunos particulares e incluso derechos electorales como candidatos independientes.

Esta transición a un llamado neoconstitucionalismo abre el espacio para el estudio de la transformación del derecho constitucional mexicano, que consiste en que lo jurídico y el interés público va más allá de lo que interesa al Estado. La reflexión contenida en las obras citadas reformula los alcances de la pregunta: ¿Qué es una Constitución? La sencillez de la propuesta de Lassalle no basta. Hoy la hoja de papel es técnicamente compleja y el gobierno abierto diluye y equilibra la influencia de los factores reales del poder en las decisiones públicas.

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

 

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