Maras cobran a migrantes 100 dólares por estación al trepar a La Bestia | La Crónica de Hoy
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Maras cobran a migrantes 100 dólares por estación al trepar a La Bestia

En los 4 mil kilómetros (de sur a norte) también son acechados por zetas ◗ “Manejan el tren como si fuera su juguete de control remoto”, califica un hondureño refugiado en la Casa del Migrante en Huehuetoca

Los Mara se adueñan y sacan provecho de la vía ferroviaria mexicana por donde transita La Bestia.

[ Tercera y última parte ]

Cien dólares por estación. Es la cuota fijada por las bandas del crimen organizado para abordar La Bestia… De entre los 4 mil kilómetros de recorrido de sur a norte, hay tramos operados por maras o zetas.

“Manejan el tren como si fuera su juguete de control remoto”, cuenta Miguel, listo para seguir su camino, después de reposar unas horas en la Casa del Migrante de este municipio.

Esta paga obligada, el abandono de coyotes y las estafas de constructores, capataces y otros empleadores son amenazas crecientes en el andar de los indocumentados por nuestro país.

SIGO VIVO. Miguel salió de La Ceiba, en Honduras, con mil lempiras, unos 500 pesos mexicanos. Cuando llegó al río entre Guatemala y México ya no tenía dinero. Caminó nueve días hasta Salto de Agua, en Chiapas.

“Ahí tomé el tren, pero me bajaron a chingadazos”, cuenta.

¿Quiénes?

—Los mafiosos… Como a los 20 minutos el tren se paró y ellos empezaron a subirse.

“Son 100 dólares hasta la siguiente estación”, dijo en tono hostil uno de los sujetos.

Unos se asustaron: comenzaron a huir. Otros sacaron lo que traían.

—Tus 100 cabrón —le exigió el hombre de manera directa.

—No tengo dinero —atrevió Miguel.

—Aquí matamos gratis a muertos de hambre como tú.

“Otro de los pandilleros me alcanzó a soltar un par de patadas y un golpe en el hombro. Me bajé como pude y pensé: estoy vivo, tengo dos pies, me encomendé a Dios y seguí andando”.

Caminó seis días más hasta llegar a Chontalpa, en Tabasco. Pero ahí se repitió la escena: “Esto cuesta: si no pagas, aquí mismo te volamos la cabeza”.

Ellos, describe el centroamericano de 26 años, “se suben al tren y lo paran cuando quieren, tienen compradas a las compañías ferroviarias. Cuando acaban de cobrar, por un radio le dicen al conductor: ya jálate”.

¿Y cuánto cobran?

—En esa zona de Chiapas y Tabasco cien dólares por estación, aunque en otros tramos hay compas a quienes les han pedido hasta 150. Sólo respetan a los encoyotados.

¿Y quiénes son esos?

—Así les decimos a los que van con coyote y ya hicieron pagos previos. La mafia trabaja con los coyotes y cuando éstos no quieren los matan. Al principio te dan una clave y debes aprenderla. Vengo pagado, dices cuando los maras o zetas te atoran. Cuál es tu clave, preguntan. Sólo si la dices bien te dejan en el tren. No crea que los coyotes son buenos, también roban.

¿Cómo?

—Se arreglan con el propio migrante o con su familiares en Estados Unidos: te cobro 10 mil dólares, ahorita me das cinco y al final el resto, pero te caminan poquito y luego dicen: voy a traer tu comidita, quédate acá, se van y ya no vuelven. Han dejado a compañeros tirados en el monte.

Sin dólares ni clave, Miguel proyectó su ruta a pie, por ratos a ride o en autobús cuando lograba juntar unas monedas.

Lleva la cuenta: ha caminado 20 días y sus noches hasta el centro del país.

Pero este derrotero no borró las desdichas…

DESPEDIDA. La Ceiba, Honduras, mañana del 26 de febrero de 2017.

—Madre, le voy a dar un abrazo. Y necesito que me dé su bendición.

¿Y eso?

—Ya me voy.

—¿A dónde?

—Aunque sea a México por ahorita, ya ahí Dios dirá.

—Pero el camino está bien peligroso por los cárteles.

—Pues sí, pero ¿qué hago aquí? Usted sabe que no hay chamba. Ya se acabó el trabajo en la fábrica de pan y en la construcción sólo dos o tres días por semana. No paso de lo mismo…

—Al menos estás vivo.

—Hay que morir en el intento… 

Que la Virgen de Suyapa te acompañe.

EL PLAGIO. “Iba con un amigo. Saliendo de Chontalpa, caminamos como siete horas hasta llegar a un pueblito, donde nos encontramos con otra flota. Pasarían 10 minutos cuando llegaron unos hombres en camioneta dizque a ofrecernos trabajo, necesitaban tres personas. ¿De qué se trata?, les preguntamos. Es para que ordeñen ganado, vamos a pagarles bien y además les daremos techo y comida. Nosotros dos y otro cuate aceptamos.

“Fue como una hora de camino para llegar a un monte. Había más gente de ellos ahí, nos bajaron a golpes. Era en realidad un secuestro. Fácil estábamos ahí unos 15 migrantes. Nos vendaron los ojos y nos amarraron las manos por atrás. Fueron días de golpizas; nos pedían números de familiares o amigos en Estados Unidos y al que dijera que no se acordaba lo empezaban a tablear. No tengo a nadie, les decía, pero me daban más duro. A éste lo vamos a matar, dijo uno. Ya me creía muerto. Otro dijo: ténganlo ahí, a ver cómo le sacamos jugo; le sacamos sus tripas y las vendemos. Conté 10 días así y ocurrió el milagro. Mi amigo había estado tratando se zafarse. Ya tengo floja la cinta, me dijo despacito. Alcanzó a moverse un poquito la venda y se dio cuenta que sólo estaba un cuidador. Pidió permiso para ir al baño, vio que tenía a la mano un bat con el que nos daban. El tipo dio la espalda y mi cuate aprovechó el descuido. No se cómo le hizo, pero agarró el bat y le alcanzó a dar uno bueno en la nuca. Lo dejó tirado. Corrió a donde estábamos, me desamarró a mi y cuando soltaba a otro chavo vimos que venían corriendo otros secuestradores tirando balazos. No corran, hijos de su pinche madre, gritaban. ¿Cuál? Descalzo y sin playera corrí con todas mis fuerzas, sin mirar atrás, corrí y corrí hasta que ya no pude más. Escapamos en diferentes direcciones. De mi amigo y el otro no supe nada…  Recorrí como siete horas por el monte, me iba dirigiendo por las torres de luz hasta que llegué a un pueblito. En la primera casa toqué, conté todo y me regalaron un taco y unos zapatos. En otra casa me regalaron un pasaje para Chontalpa”.

ABUSO. José Serrano, originario del departamento de Copan, salió de casa el 5 de marzo. Allá trabajaba en la siembra de maíz, frijol y café. Le pagaban 100 lempiras al día, alrededor de 50 pesos mexicanos. Tiene dos hijas: Keydi de 8 años y Jeymi de 4, y su esposa está embarazada por tercera vez.

—¡No te vayas! —le suplicaba ella.

—De qué sirve estar acá sin nada que ofrecerles– la atajó él.

Salió con 700 lempiras (350 pesos).

Aún entre penurias, en el viaje se ha salvado de secuestros, pero no de la voracidad de contratistas.

“Es muy triste que en el camino los migrantes nos ponemos a trabajar y no nos paguen. Trabajamos una semana, dicen que tuvieron problemas y nos prometen que a la siguiente semana ya nos pagan todo, pero llega el día de cobro y es lo mismo. Lo que hace el contratante es amenazarte: no te voy a pagar y si no te vas le avisaré a migración”.

Ocurre en el campo, en haciendas, ranchos y proyectos de construcción.

¿Por qué arriesgarse a pasar todo esto, a tener la muerte al lado?.

---En nuestros países, la muerte ya vivía con nosotros…

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