La muerte de la música en Venezuela - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 05 de Mayo, 2017
La muerte de la música en Venezuela | La Crónica de Hoy

La muerte de la música en Venezuela

Fran Ruiz

Armando Cañizares Castillo sólo conoció en vida el chavismo. El mismo año en que nació —1999— Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela. Cuando el líder de la revolución bolivariana murió, en 2013, Armando era un adolescente de 14 años, pero ya tenía una pasión y una ilusión en su corta vida: la música.

El chavismo empezaba ya a agrietarse, pero no todo lo sembrado iba a dar malos frutos. No todo el maná del petróleo fue para comprar fusiles a Rusia o para vender petróleo casi regalado a Cuba. También se invirtió en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, de la que salió el genial director de orquesta Gustavo Dudamel, que asombró al mundo con sus conciertos “bolivarianos”.

Allí ingresó Armando para aprender violín y allí se puso, como tantos otros jóvenes, literalmente bajo la batuta de Dudamel. En un gesto del joven, quizá dedicado a su antiguo maestro, escribió en su cuenta de Instagram: “Cuando alguien te dedica su tiempo, valóralo, pues te está dando algo que no va a recuperar”.

Dudamel dedicó tiempo a Armando y le entregó un arma, un violín. Armando dedicó tiempo a la música, pero también a su país, Venezuela, a la que ofreció de arma su voz, para protestar contra la injusticia que veía. El presidente Nicolás Maduro también dedicó tiempo, pero para señalar a sus enemigos y para entregar armas —los fusiles rusos de Chávez— a sus seguidores.

Uno de los que salieron a la calle para protestar contra la dictadura instalada en Venezuela fue Armando. Dedicó su preciado tiempo a luchar por un país mejor y allí mismo, hace dos días, en una calle de Caracas, un compatriota que no piensa igual que él le quitó su tiempo y su amor por la música para siempre.

Dudamel, que hasta entonces había mostrado una actitud tibia y demasiado condescendiente con Maduro, estalló ayer y le exigió al presidente que “escuche el clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis”.

Pero Maduro no escucha: sólo baila al son de los violines del Titanic mientras se hunde y arrastra a su pueblo y su música al abismo.

 

fransink@outlook.com

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