Ganamos la batalla, no la guerra - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 09 de Mayo, 2017
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Ganamos la batalla, no la guerra

Marcel Sanromà

El viernes, entre vinos, cervezas y cebollas cambray –lo más parecido que existe aquí al calçot catalán— remojadas en salsa romesco, a base de tomates y almendras, un compañero expatriado aseguraba vehementemente que Marine Le Pen ganaría las elecciones.

Todos teníamos claro, y temíamos, claro, que el asalto de la xenófoba al Elíseo era la oportunidad más clara del fascismo de volver a reinar en Europa. Hace pocos meses, las encuestas daban a Le Pen una oportunidad real de asaltar la Presidencia gala, auspiciada por los descalabros electorales del Brexit y de Estados Unidos.

Francia demostró el domingo más sensatez, y pese al triste papel de Melénchon y parte de sus seguidores, negándose a votar contra el fascismo, la derecha extrema populista quedó derrotada.

Como quedó derrotada en Holanda, donde Geert Wilders aspiraba a lo mismo que Le Pen y, como la francesa, se quedó a las puertas de la machada. Como quedó derrotada, por la mínima, en Austria, donde Norbert Hofer a punto estuvo de convertirse en el primer presidente europeo de extrema derecha en tiempos modernos (con permiso del húngaro Víctor Orbán).

Sin embargo, sigue habiendo 10 millones de franceses que confiaron su voto al fascismo, como ocurrió en Holanda, como ocurrió en Austria. Si bien el populismo ha visto este 2017 frenado su ascenso (y parece que Alternativa por Alemania seguirá el mismo camino), los problemas permanecen.

El populismo ha sido derrotado en Francia, en Holanda, y lo fue en Austria, pero el caldo de cultivo para su ascenso permanece intacto. La crisis de los refugiados en Europa continuará echando leña al fuego de la xenofobia, en un contexto donde la recuperación económica en el viejo continente sigue avanzando a paso de tortuga.

El problema de Estados Unidos, donde el mundo rural está cada vez más desconectado del urbano, y votó masivamente por Trump, se repite en Europa, ahora nos damos cuenta. El geógrafo Christophe Guilluy ha sido una de las voces más claras en este sentido en Francia, alertando, hace ya años, de una ruptura entre la sociedad urbana y rural, en una división que sustituye al tradicional eje social izquierda-derecha y que quedó de manifiesto el domingo, como en EU en noviembre.

Emmanuel Macron dio un valiosísimo balón de oxígeno a las clases dirigentes europas, y nos hizo respirar tranquilos a los que todavía creemos en el proyecto de una Europa unida en armonía (y a poder ser, unida fiscalmente también). Pero el nuevo presidente francés, y la canciller alemana, Angela Merkel, que muy probablemente conseguirá iniciar un cuarto mandato de cuatro años más en otoño, deberán tener claro que deben trabajar para ofrecer soluciones reales a problemas muy hondos en la sociedad occidental actual.

El auge de la extrema derecha bebe del empobrecimiento y la sensación de abandono por parte de las élites más que del racismo, por tanto la prioridad de los gobiernos del establishment que resisten los envites de la nueva política debe ser volver a pensar en la gente, volver a invertir en su pueblo. Las políticas sociales se hacen más imprescindibles que nunca; debe existir un verdadero plan de rescate social, tan ambicioso como el que rescató a los bancos y abandonó a las clases populares en los momentos más delicados de la crisis económica.

De aquellos polvos vienen estos lodos, dicen. Es la hora de que Europa trabaje para barrer el polvo y evitar que Marine Le Pen, o cualquier otro sucedáneo del viejo fascismo, tenga una oportunidad todavía mejor en 2022. Ganamos un par de batallas, pero todavía no se divisa el fin de la guerra.

marcelsanroma@gmail.com

 

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