Salinas y Peña - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 10 de Mayo, 2017
Salinas y Peña | La Crónica de Hoy

Salinas y Peña

René Arce

(Segunda de dos partes)

Enrique Peña Nieto recuperó la Presidencia para el PRI, después de doce años que la alternancia lo sacó de la misma. Doce años en que la frivolidad con ocurrencias de Vicente Fox; y la soberbia, prepotencia e hígado en lugar de razones de Felipe Calderón, hicieron posible lo impensable: el retorno del PRI. Quizá puede ser un abuso de mi parte comparar los daños que al país causaron Luis Echeverría y José López Portillo, en lo que se ha denominado “la docena trágica” —entre 1970 y 1982— con el populismo nacionalista y depredador de aquellos años, y lo que Fox y Calderón hicieron entre el 2000 y 2012 cuando se encargaron de acabar con la esperanza que el país tenía en el cambio de régimen, para terminar con la corrupción, inseguridad e impunidad así como con la creciente pobreza.

Doce años con mínimas transformaciones, a pesar del gran ingreso petrolero, sin reformas estructurales en la educación (prefirieron tomar como aliada a Elba Esther Gordillo) y en lo energético siguieron con los grandes negocios y no tocaron para nada al sindicato corrupto y voraz de esa empresa paraestatal. Tampoco se atrevieron a realizar una verdadera reforma hacendaria y casi no tocaron a los grandes monopolios y oligopolios; menos aún cumplieron sus promesas de atrapar a los “peces gordos” de la corrupción y entregaron a los gobernadores grandes cantidades del presupuesto federal a cambio de simular que gobernaban y con ello impulsaron la creación de verdaderos caciques corruptos en los gobiernos estatales.

La decepción de la ciudadanía fue de tal tamaño que se llegó a decir que era preferible “que regresaran los corruptos y que se fueran los pen…”. Igualmente se confirmó que una buena parte de los funcionarios del gobierno federal y gobernadores panistas fueron parte de la corrupción que tanto se criticaba.

La propuesta reformadora que integró a su programa Enrique Peña Nieto como candidato, concitó el apoyo para ganar con cierta comodidad la Presidencia de la República y la mayoría en las cámaras legislativas.

En su primer año de gobierno, Peña Nieto logró acuerdos con las oposiciones de la derecha y la izquierda con mayor representación en el Congreso, para que se aprobaran una decena de reformas estructurales, entre las más importantes la educativa, la energética y la fiscal, entre otras, y promovió el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, lideresa del SNTE y férrea opositora a la reforma educativa. En ella se centraba el símbolo de la corrupción de los liderazgos sindicales. De la noche a la mañana, con estas reformas aprobadas, México vivió el denominado “gran momento” en todo el mundo, las reformas prometían un futuro halagüeño para la economía y el presidente Peña era el centro en los grandes foros internacionales.

Sin embargo, el gozo se fue al pozo de manera muy rápida. El caso Iguala con los 43 desaparecidos; la denuncia por la adquisición de la casa blanca a través de la relación con empresas constructoras favoritas como OHL; el proseguir con la política de seguridad publica que Calderón había instrumentado con el creciente número de muertos y desaparecidos; la corrupción de gobernadores a quienes Peña Nieto había presentado como la nueva imagen (los Duarte, Medina, Borge, Moreira, etc., etc.) y el caso aún por investigar a fondo de Odebrecht y una larga lista sobre la falta de transparencia y la corrupción; así como la negativa del PRI a construir realmente con autonomía y eficacia un sistema nacional anticorrupción, han generado que la simpatía de Peña esté cada vez más baja en la población, según la mayoría de las encuestas.

Si las reformas del TLC de Salinas se vieron opacadas por la falta de transparencia en la venta de empresas nacionales, a Slim en teléfonos, González Barrera en Maseca, Imevisión a Salinas Pliego entre muchas otras. OHL, Odebrecht, narcogobernantes, opacidad, corrupción e impunidad han enterrado las inicialmente promisorias reformas estructurales de este sexenio.

Salinas y Peña serán recordados más por su falta de transparencia y opacidad en sus gobiernos que por la importancia que han tenido las reformas estructurales que promovieron.

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