Cultura

Nuestra sangre, nuestro color expone la fascinante policromía en el arte mexica

La exposición se centra en 28 esculturas descubiertas durante 30 años de trabjo en el Templo Mayor: Michelle De Anda ◗ Se exhibirá un cráneo que aún conserva restos de pintura azul y negra

Un cráneo con restos de pintura azul y negra que fue ofrendado en Templo Mayor, dos ollas Tláloc de las cuales una conserva su pigmento azul de hace más de 500 años son parte de los 28 vestigios hallados en la zona arqueológica de Templo Mayor que por primera vez se expondrán el 18 de mayo en el vestíbulo del Museo de Templo Mayor bajo el nombre Nuestra sangre, nuestro color. La escultura polícroma de Tenochtitlan, que tembién exhibirá las réplicas tridimensionales de cinco monolitos mexicas monumentales.

“Esta exposición forma parte de la trilogía de eventos culturales que el Proyecto de Templo Mayor (PTM) ha organizado desde el año pasado para mostrar el color dentro de las culturas como un elemento importante de la antigüedad. En otras exposiciones comparamos el arte griego y romano con lo mesoamericano, pero en esta ocasión nos centramos en 28 esculturas, consideradas obras maestras y las más representativas de policromía que durante 30 años hemos hallado en Templo Mayor”, explica la arqueóloga Michelle de Anda.

La también curadora precisa que uno de los recientes hallazgos a exponerse es el cráneo de un guerrero sacrificado, al que los mexicas le dieron cierto acabado (con pintura) para que representara al dios de la muerte, y a la par de dicho cráneo se exhibirá su réplica con la reconstrucción de policromía, incluyendo los ojos hechos de concha y pirita que tenía al momento de ser ofrendado.

Gracias a la colaboración de la UNAM y de Giacomo Chiari, del Getty Conservation Institute en Los Ángeles, agrega el arqueólogo y encargado del PTM, Leonardo López Luján, es que los asistentes apreciarán la reconstrucción de dicho cráneo de la ofrenda 141, dedicada a la diosa de la Tierra: Tlaltecuhtli.

“Colocar los colores azul y negro en el cráneo le dan una sensación distinta en comparación con el cráneo hallado, porque también se representan los ojos con concha y el iris, con pirita, el famoso oro de tontos, porque que si lo ves parece oro. Entonces verán cómo eran los cráneos pintados con ojos refulgentes y, según dicen las fuentes, con espejos”.

Todo lo mexica, añade López Luján, tenía color, desde las esculturas talladas en piedras volcánicas hasta instrumentos hechos con pedernal, cerámica, madera y huesos humanos. Por eso, otras piezas que por primera vez se exhibirán, serán dos ollas Tláloc hechas en madera.

“Son objetos que contrastan porque una de las ollas se conserva con sus pigmentos y la otra no, es decir, ahondaremos en cómo los mismos materiales trabajados con la misma técnica, pueden conservarse o no. En esta parte (de los 10 ejes temáticos) de la exposición nos enfocaremos a explicar los procesos de conservación”, destaca Michelle de Anda.

 Al respecto, López Luján explicó que las ollas son un caso de conservación diferencial. “Ambas las encontramos en 1995 en la Casa de las Águilas, son dos piezas que seguramente las hizo el mismo artista y el mismo sacerdote quien las enterró en la misma ceremonia, el mismo día, pero cuando las vean en vitrina, una está como nueva: pintada toda de azul, y la otra está oxidada. ¿Qué pasó durante 500 años de enterramiento?, el edificio se hundió y una ofrenda quedó bajo el agua y la otra no, la que apareció bajo el agua se conserva de una manera espectacular”, explicó.

MONUMENTALES. Las réplicas de piezas monumentales a exhibirse en Templo Mayor serán: Tlaltecuhtli, la diosa de la Tierra (la cual se mostrará a la mitad de su escala original); Coyolxauhqui, es la diosa lunar; un Chaac mol, dos cabezas de serpiente que se encontraban en las alfardas del Templo Mayor y un guerrero estelar.

“Estas piezas fueron elaboradas con tecnología de punta y se les aplicó la restitución de color, a partir de la identificación del color en las piezas originales, es decir, fue una decisión resultado de las investigaciones hechas con luces especiales, microscopios digitales y demás herramientas”, destaca De Anda.

La especialista señala que algunas de estas réplicas impresas en 3D y pintadas a mano se hicieron ex profeso para la exposición El color de los dioses. Policromía  en la antigüedad grecorromana y Mesoamérica montada el año pasado en el Palacio de Bellas Artes, pero ahora se podrán comparar con la escultura original, ya que todas las piezas son parte de la museografía de Templo Mayor.

“No quisimos hacer una exposición grande, quisimos centrarnos a un momento y a una geografía particular: la ciudad de Tenochtitlan, la capital del imperio mexica que para el momento de la llegada de los españoles era la ciudad, tal vez, más poblada del continente americano con 200 mil habitantes, y sin duda el centro gravitacional del arte de toda Mesoamérica. Por eso nos centramos en el arte mexica de finales del siglo XIV, XV y XVI”, añade Luján.

COLORES MEXICAS. ¿Cuáles eran los colores usados por los mexicas?, se le pregunta a Michelle de Anda. “Rojo, ocre, azul, negro y blanco, casi todos de origen inorgánico, excepto el aglutinante (una especie de pegamento para contener los pigmentos) era de origen orgánico: mucilago de orquídea”, responde.

En la exposición se apreciará cómo es la hematita de la cual los mexicas obtenían el rojo, la goethita (ocre), la paligorska mezclada con la arcilla de añil (azul), la calcita (blanco) y el carbón (negro).

¿Cómo los mexicas seleccionaban los colores?,

—Existen códigos simbólicos y un deseo de imitar la realidad. Cuando pintaban por imitación, usaban el ocre para pintar la piel y el rojo para la sangre, es decir, hay una correspondencia con los objetos.

“Pero también tenían códigos simbólicos, usaban a nivel cromático pares de opuestos y complementarios, muchas veces basados en la naturaleza, por ejemplo, el negro con la noche y el blanco con el día, o el azul y el ocre presente en las cabezas de serpiente, en donde el azul es la época de lluvias y el ocre la de secas”, responde López Luján.

➣ La exposición Nuestra sangre, nuestro color. La escultura polícroma de Tenochtitlan se inau­gurará el jueves 18 de mayo a las 19:00 horas en el vestíbulo del Museo del Templo Mayor, ubicado en Seminario 8, Centro Histórico de la Ciudad de México, y permanecerá hasta finales de agosto.

 

Imprimir