De casonas de abolengo a restaurantes | La Crónica de Hoy
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De casonas de abolengo a restaurantes

◗ La Roma está de moda. Catalogadas por el INBA, las viejas casas requieren de costoso mantenimiento; una solución ha sido convertirlas en negocio

Los barrios de moda, como la colonia Roma, experimentan la transformación acarreada por sus nuevos pobladores y los visitantes; las antiguas casonas se vuelven espacios comerciales, restaurantes o, incluso, pequeños malls.

En el caso de la ciudad de México, el fenómeno incluye una cara que tiene que ver con la conservación del patrimonio arquitectónico de la zona: las antiguas mansiones pertenecieron en otras épocas a familias numerosas. Al paso de los años, con el cambio poblacional, las familias se vuelven pequeñas; las casas construidas  en los primeros años del siglo XX comienzan a ser demasiado grandes para seguir conservando su vocación habitacional original.

Aun las que fueron propiedad de familias adineradas, sufren el lento proceso que extinguía una manera de vivir: quienes conocieron a los habitantes de la célebre Casa Lamm, rememoran que hubo un momento en que la servidumbre era más numerosa que los propietarios.

El relevo generacional planteó retos con respecto a la sobrevivencia de estos grandes y viejos inmuebles, agravados por el impacto de los terremotos de 1985: despoblamiento, deterioro, abandono, parecieron dominar algunos rumbos de la Roma y la Condesa. Poco a poco, la zona se repobló, pero el tema de los antiguos inmuebles seguía siendo asignatura pendiente.

A principios del siglo XXI, heredar una de estas casonas implicaba hacer frente a cuestiones muy terrenales y urgentes: cómo sostenerlas y darles el mantenimiento adecuado, pues la colonia Roma ya tiene más de 100 años —los primeros trabajos de urbanización datan de 1903— y varios de estos inmuebles antiguos están catalogados por el INBA, lo que supone cuidados particulares e, idealmente, demanda atención especializada en caso de restauración.

Todo esto significa un gasto importante que no todo mundo puede solventar. Las más pequeñas de estas antiguas casas, conservan su perfil habitacional original.

Las más grandes, que un día fueron palacios suntuosos, se las ven más difíciles para sobrevivir. Al volverse incosteable, mantenerlas como residencias particulares, los herederos tienen tres alternativas respecto a las grandes mansiones: las venden para transformarlas en condominios –que con licencias de “remodelación” derrumban la vieja construcción y conservan sólo la fachada– o se venden o rentan para convertirlas en restaurantes, uno de los giros más socorridos. Una pequeña proporción de estas casas son rentadas o vendidas para transformarse en despachos y oficinas.

[ Omar Díaz ]

Las muchas casonas de la Roma que han sido convertidas en restaurantes, conservan elementos originales que te dicen ‘estás entrando a una casa antigua’, comenta el arquitecto y escritor Edgar Tavares López, “esto es lo que marca uno de los atractivos más evidentes de la actividad para esta colonia”.

Tavares ha seguido desde hace 20 años el desarrollo de la Roma y señala que es, sin duda, una de las colonias más representativas de la Ciudad de México: por su historia, por lo que aún conserva de otras épocas y los toques de modernidad.

Los comercios y franquicias que tienen su apogeo desde los últimos años muestran, asegura, cómo se puede aprovechar la magia de esta colonia luego de establecerse en una de estas edificaciones históricas. Y hay mucho de donde escoger: mil 300 inmuebles de las primeras décadas del siglo pasado.

Aunque, en muchos casos estos comercios no están al alcance de los vecinos originales o romanos, como los llama el arquitecto Tavares.

Crónica charla con el también escritor en Casa Lamm, uno de los lugares que muestran la transformación de la arquitectura de inicios del siglo XX en favor de un negocio próspero. “Son 114 años de existencia y todavía la Roma ha logrado mantener contra todas las corrientes estilistas, contra todos los depredadores del patrimonio, contra todas las inmobiliarias, ha conservado todos estos inmuebles; yo creo sigue dando ese aire provocador de colonia antigua”, sentencia Tavares.

Una plática que sostuvo con el artista plástico Javier Marín ejemplifica lo que es la colonia Roma. Marín escogió poner allí su taller y vivir en el rumbo porque tiene la esencia de un barrio, en donde los vecinos se conocen y se saludan, donde todo lo tienes a la mano y no necesitas irte a un centro comercial.

Por todo esto, para el arquitecto, la colonia Roma es la que manda y la más conocida en la ciudad, pues cumple con un sentido urbano, arquitectónico y social que muy pocas colonias de la capital tienen y conservan.

Caminar por la Roma es vivir la historia de México, pues significa llevar como compañeros de paseo a personajes relevantes como el general Álvaro Obregón, la actriz María Conesa, el poeta Ramón López Velarde o Fidel Castro cuando planeaba la Revolución Cubana.

Tavares trató en su libro Vivir en la Roma la historia de muchos vecinos y el paulatino cambio de las fonditas y las cocinas de barrio a las franquicias o cafeterías. “Justamente el libro ofrece un testimonio completo de su andar durante los poco más de 110 años de vida, desde aquellos lejanos y prósperos tiempos de una ciudadanía privilegiada, al moderno siglo XXI, con los cambios económicos y culturales traídos por cada época…”.

 

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