La imposible tarea de explicar México - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 15 de Mayo, 2017
La imposible tarea de explicar México | La Crónica de Hoy

La imposible tarea de explicar México

Marcel Sanromà

El español medio, y por extensión, el europeo medio, de México sólo conoce el bigote panchovillesco, el sombrero, el burrito, el guacamole y la violencia. Todo lo demás es completamente ajeno. Hace años, en una emisora de radio catalana, el narrador de los partidos del Barça definía los errores de Rafa Márquez, en su época de continuas excursiones a Madrid, como “burritos”, desconocedor, claro, de la realidad culinaria de Michoacán y de la república en general.

Cuando decidí venir por primera vez a México, y de nuevo cuando decidí regresar para instalarme, tuve que soportar un aluvión de comentarios, más o menos desafortunados, sobre los peligros del país. Un amigo incluso me dijo que si a los seis meses me habían asaltado menos de tres veces y no me habían secuestrado, se plantearía venir a visitarme. Ni así ha venido, naturalmente.

Cada vez que México aparece en las noticias en España es por algo malo. Asesinatos, corrupción… ya saben, Javier Duarte, las fugas del Chapo Guzmán, etcétera. De forma rutinaria tengo que contestar, como la mayoría de compatriotas expatriados, a mensajes de alarma sobre lo que han dicho en el telediario de nuestro país de acogida.

Por otro lado, yo me siento con el feliz deber de explicar las bondades de México, de contar lo maravilloso de su extensa y plural gastronomía, de hablar del pozole y de la cochinita pibil; de la barbacoa y del ceviche. Del rey taco. Les hablo a mis amigos de la belleza de Taxco, del color de Oaxaca, de la playa de Tulum y del paraíso de Holbox. Del imponente Popo y del Nevado de Toluca; del desierto de Sonora y de la selva de Chiapas. ¿Qué otros países en el mundo cuentan dentro de sus fronteras con desierto, selva, montañas nevadas y playas tropicales?

Pero a la vez me siento incapaz de callar ante las continuas violaciones de los derechos humanos y atropellos que ocurren todos los días en el país. Un militar remata de un tiro en la cabeza a huachicolero malherido en Puebla. La mayoría de juicios a indígenas sigue realizándose sin traductores. Dos policías te roban el celular y la cartera en el metro, que se niega a entregar la cinta con las imágenes de la cámara de seguridad.

Ayer mismo, Javier Valdez, reportero de Ríodoce y corresponsal de La Jornada, se convirtió en el sexto periodista asesinado en México en menos de cinco meses de 2017. Y el quinto en dos meses, todo por intentar informar de las disputas entre las distintas facciones del narcotráfico y dentro de los propios cárteles en Sinaloa.

Como denunciaba en una columna de hace casi dos meses, en 2016 México fue el tercer peor país del mundo para ejercer como periodista, después de Afganistán e Irak, y sin contar la guerra de Siria, con 11 reporteros asesinados. Al ritmo actual, se superará con creces esta cifra, un síntoma inequívoco de la espiral de violencia que vive el país en pleno clima pre electoral.

En su número de hoy, la edición española del diario El País habla en portada de la crisis del Estado de México, donde el ascenso de los feminicidios recuerda a los peores días de Ciudad Juárez, de nuevo, demostrando que 2017 está devolviendo al país a los peores días de su historia reciente de violencia y muerte.

Explicar México es imposible. Hay que vivir México para entender la complejidad de un país que vive la contradicción de un esplendor cultural sin parangón y un terror social sin aparente solución, a juicio de tantos y tantos mexicanos que conviven con un miedo tan viejo que dejaría un extraño vacío si desapareciera.

Explicar México es contar que a mí no me ha pasado nada, que no extraño la tortilla de papas ni la paella porque vivo feliz echándome unos taquitos de barbacoa los domingos antes de llegar a trabajar, y planeando viajes a playas imposibles. Pero a la vez, consiste en ayudar a mis amigos a lanzar un grito de hartazgo que aumente la presión sobre un presidente que, aunque seguro que no se levanta pensando en cómo joder a su gente, ignora deliberadamente sus súplicas. Como casi todo en la vida, la dificultad reside en encontrar el equilibrio.

marcelsanroma@gmail.com

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