¿Será que Trump y los musulmanes ya se quieren? - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 23 de Mayo, 2017
¿Será que Trump y los musulmanes ya se quieren? | La Crónica de Hoy

¿Será que Trump y los musulmanes ya se quieren?

Concepción Badillo

Los últimos cuatro presidentes de Estados Unidos, dos republicanos y dos demócratas, escogieron México o Canadá para su primer viaje al extranjero como mandatarios. Y era lógico: países vecinos, aliados cercanos, socios comerciales y sistemas de gobierno democráticos. Donald Trump, en cambio, decidió que su primera gira exterior empezara en Arabia Saudita, una oligarquía donde hasta el nombre de la familia gobernante es el del país. Un lugar donde en realidad no hay elecciones, no hay libertad de expresión y donde las mujeres no tienen derechos, se les obliga a cubrirse, tienen prohibido conducir y tampoco pueden salir a la calle si no van acompañadas de un varón que sea pariente.

Pero no sólo por eso llamó tanto la atención que el jefe de la Casa Blanca, el presidente de la más importante democracia del mundo, iniciara en Riad su viaje por Medio Oriente; también extrañó, porque nadie olvida, bueno parece que los sauditas sí, que Mr. Trump hasta hace unos meses insistía en que “los musulmanes nos odian” y abiertamente proponía que se prohibiera la entrada a Estados Unidos de todos ellos, optando una vez en el poder por impedir, a través de una Orden Ejecutiva, que pudieran venir ciudadanos de siete países donde se practica esa religión, orden que fue suspendida por un juez.

Como los mexicanos, los musulmanes fueron el punto favorito de sus ataques cuando buscaba la Presidencia y uno que mucho éxito le dio con los millones de hombres blancos derechistas que votaron por él. Pero, guste o no, la gira empezó ahí y en el tan dividido Estados Unidos de la actualidad, algunos están felices y elogian el paso dado por Trump para enmendar su relación con el mundo árabe. Ante gobernantes de 50 países de la región, el mandatario les aseguró que no tiene pleito con su fe y que no fue a imponer el estilo de pensar ni de vida de los estadunidenses.

Pero, dicen sus críticos aquí, ¿cómo puede el Presidente acudir tranquilamente a un país donde su mujer y su hija fueran las únicas figuras femeninas que aparecieron en público? Donde la Policía Moral controla la vida de todos y ha dado lugar a episodios como el de 2002, cuando en la ciudad sagrada de La Meca esa policía impidió que un grupo de niñas abandonara su escuela en llamas, porque no estaban “propiamente vestidas” y quince fallecieron quemadas. Un país donde se castiga con latigazos y diez años de cárcel a quien critique al gobierno, así sea en la brevedad de un tuit.

Los sauditas por su parte lo recibieron como nunca lo hicieron con Barack Obama. Pero es que, temerosos de la influencia de Irán en esa parte del mundo y ante la realidad de que el barril de petróleo quizás jamás volverá a costar cien dólares, poniendo en riesgo su control y su estancia en el poder, los anfitriones lograron de Trump armamento moderno por 110 millones de millones de dólares y a cambio le dieron una plataforma dónde expresar el radical cambio ideológico que tuvo en sólo meses.

Trump en ningún momento les habló de la ausencia de democracia o de derechos humanos y tampoco hizo hincapié en el hecho de que 15 de los 19 terroristas que en 2001 atacaron Washington y Nueva York eran originarios de Saudi Arabia, un país al que muchos acusan de fomentar el odio hacia otras culturas. Otros esperaban que el mandatario aprovechara para, desde allá, disculparse ante los 3.3 millones de musulmanes estadunidenses, cuya religión es la tercera más importante aquí, luego del cristianismo y el judaísmo y a los que tanto ha ofendido y que no sólo son parte importante de esta nación, sino una comunidad educada y próspera, donde el 40 por ciento cuenta con título universitario y, aunque constituyen sólo el uno por ciento de la población, de ahí han salido el diez por ciento de todos los médicos de este país.

Pero si algo resultó bien en el polémico viaje al país de la casa Saudita, fue la cordial acogida que tuvo la Primera Dama Melania Trump, quien como sus antecesoras y otras mujeres occidentales, optó por no cubrirse la cabeza, porque no es obligación que las extranjeras lo hagan si no van a entrar a una mezquita y a quien los diarios locales elogiaron con amplitud, aunque de acuerdo a la prensa aquí, fue porque es callada, reservada y camina detrás del marido, como le gusta al suyo y a todos por allá.

 

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