Andador Regina, una historia en el baúl de los recuerdos | La Crónica de Hoy
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Andador Regina, una historia en el baúl de los recuerdos

Enclavado en el Centro Histórico, este corredor con aroma a café y amenizado siempre por algún músico, es vigilado por la familia Burrón, Monsiváis y su inseparable gato negro

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Todo cambió en la calle de Regina, menos el número 27, donde el olor a hogar aún se respira cuando llego. Ahí nació mi abuelita, mi papá y yo viví los mejores momentos de mi infancia en aquél lugar, los cuales ahora están guardados en el baúl de los recuerdos.

He visto la modificación del que ahora es uno de los andadores más emblemáticos del Centro Histórico en la delegación Cuauhtémoc.

Las fachadas, las paredes, el piso, los negocios, la gente, todo es diferente, menos ese edificio viejo que muchos pensarían que está por caerse debido a las condiciones en las que se encuentra.

Dicen que los años no pasan en vano, y así es, el edificio color azul con contornos beige, que ahora más parece una vieja vecindad, ha sobrevivido a muchas cosas, incluso fue de las pocas construcciones que se mantuvo en pie luego del terremoto del 85.

Jugar en la calle era prácticamente un sueño ya que hace unos años era de tránsito vehicular, en cambio, ahora que es sólo peatonal, es común ver a pequeños correr por el andador.

La banca roja que está justo afuera de la casa de mi abuela, es uno de mis lugares favoritos, cuando estoy ahí sentada no hace falta nada, incluso puedo decir que sobra todo.

Mirar a la gente pasar es uno de mis pasatiempos predilectos, cada persona es un mundo, una historia.

Al frente de donde suelo sentarme tengo el mural de la familia Burrón, ese que desde hace siete años parece vigilar el edificio viejo pero bien conservado, donde solía vivir la mamá de mi padre.

Don Regino Burrón y su esposa Borola son los principales protagonistas de la escena, están acompañados de Carlos Monsiváis y su inseparable gato negro. Podría estar ahí contemplándolos por horas.

Mientras admiro aquella obra de arte que plasma los personajes de Vargas, creador de la historieta, es inevitable no percibir el aroma del café recién molido que proviene de Jekemir, una cafetería que está en la esquina de Regina e Isabel La Católica, posiblemente tiene más años ahí que los que tengo yo de vida.

Aunque cualquiera podría pensar que la hora del té sólo existe en Gran Bretaña, desde que tengo uso de razón, hay un grupo de señoras que llegan todos los sábados con sus mejores ropas a platicar al lugar.

Las rosquitas de anís con ajonjolí y el pastel de dátil con nuez son de los postres de la casa, repostería árabe que le gana por mucho a la clásica panadería mexicana.

Mientras camino no puedo evitar sentir nostalgia por el edificio del Instituto Nacional de Bellas Artes que está en esta calle, justo en la esquina del callejón de Mesones, parece que hace un tiempo lo abandonaron, aunque no es así, éste es mejor conocido como salón de ensayos.

Sin embargo, sus paredes y fachada dan la impresión de que el lugar fue olvidado; incluso resalta más un tapial de madera que fue colocado al frente de una construcción semiderrumbada y que funge desde hace muchos años como lienzo para artistas callejeros.

En la calle hay al menos seis restaurantes que se han hecho famosos, su gastronomía, aunada a las bebidas alcohólicas que venden, han hecho que Regina se vuelva una de las zonas turísticas y recreativas favoritas entre los jóvenes.

Pero ninguno de ellos se compara con los tacos que se venden ahí, en el zaguán del 27, mucho menos con los tamales de guayaba que venden en la esquina de Isabel La Católica.

Los sábados y domingos es común que la música te invite a permanecer en el sitio; si no es un grupo de jazz o blues, son jóvenes tocando una batucada o uno que otro solista cantando a capella.

También te puedes encontrar grupos de rock alternativo, chiapanecos tocando marimba o algún mariachi que, como los otros, decidió utilizar la calle como escenario. 

La iglesia de Regina Coeli, tiene historia, su majestuosa belleza te invita a pasar a sus entrañas para disfrutar de su hermosura; el altar principal es impresionante.

No obstante, los bares que se encuentran en la misma plazuela, rompen el encanto mítico de aquella edificación que desde 1982 recibió el nombramiento de Monumento Nacional.

El cambio es evidente, pero para mí siempre será la calle donde vivió mi abuelita…

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