Josefina, la libertadora - César González Madruga | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 26 de Mayo, 2017
Josefina, la libertadora | La Crónica de Hoy

Josefina, la libertadora

César González Madruga

Recuerdo la primera ocasión que conocí a Josefina Vásquez Mota durante la LXI legislatura, ella venía de ser dos veces secretaria de Estado y yo un joven de 22 años inquieto y soñador, y juntos compartiríamos legislatura. Ella sería la coordinadora del grupo parlamentario del PAN y con ello conduciría los esfuerzos de 143 diputados en condiciones de adversidad, pues aunque el PAN era gobierno, la cámara era mayoritariamente del PRI.
La primera reunión a la que nos convocó nos invitó a reflexionar del deber ser del político y lo comparaba con el de un elefante, “el político —decía— debe tener una trompa larga para olfatear oportunidades y amenazas; una boca pequeñita para no decir más de lo necesario; unos largos colmillos que permitan mover toda maleza; unas orejas grandes para saber escuchar lo que la sociedad necesita; una piel gruesa para que no penetren las heridas de quien te traicione o trate de lastimar, unas patas grandes para tener los pies bien puestos sobre la tierra y nunca subirte en el ladrillo de las adulaciones; y una cola pequeñita para que no te la pisen jamás”, esta sabiduría la acompañaba en todo momento, desde las imágenes que adornaban su oficina hasta sus formas de ser y vivir.
También dejó en claro su congruencia desde las primeras decisiones a las que nos convocó y es que mientras el resto de los coordinadores buscaban recursos para generar lealtades y manipular a sus respectivos grupos, Josefina nos pidió reducir el salario a percibir como un acto de empatía al momento presente de la sociedad y a pesar de algunas resistencias, nos enroló a aceptarlo.
Decía Napoleón Bonaparte que la grandeza de un líder se encuentra más que en sus atributos personales en las personas de quienes se rodea, y así lo hizo al nombrar como vicecoordinadores a destacados pensadores como Carlos Pérez Cuevas y Roberto Gil o nombrando para la Mesa Directiva a respetables colegas, como vicepresidente y secretario a Francisco Salazar y Dolores del Río y en las presidencias de las comisiones estratégicas propuso los perfiles más idóneos como lo fue Javier Corral y Kenia López; esto posibilitó debates de altura y avanzar en temas trascendentales para el país como los temas migratorios, educativos y la ley de cambio climático hoy vigente. Jamás nos pidió hacer algo en contra de nuestras propias convicciones en falsos discursos partidarios, es más le gustaba recurrir a la frase de Joaquin Sabina “Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena”. También alentaba a que cada cual hiciera su misión por la cual había salido a pedir el voto ciudadano y jamás permitió abusos ni excesos.
Al terminar la legislatura fue candidata a la Presidencia y tras las elecciones comenzó un éxodo para reencontrarse con su alma, continuar evolucionando y fue cuando la volví a ver para trabajar sobre un libro juntos, Los sentimientos del corazón de México para presentar propuestas de los valores esenciales de un renovado pacto social que fundamente la refundación del País y el renacer de lo que auténticamente somos; cuando la vi, me encontré con una mujer mucho más sabia, con una profunda vida interna y para el libro desarrolló el tema del equilibrio, en el cual destaca: “Sólo habrá equilibrio si los ciudadanos viven día a día con certeza jurídica y reglas claras que no se modifiquen por capricho, conveniencia o interés de unos cuantos…la fuerza de la democracia radica fundamentalmente en saber organizar la libertad del pueblo”.
Ahora que Josefina se enfrenta a los políticos chikunkuya y zika que durante décadas han gobernado el Estado de México, su campaña se trata de una cruzada más que por conquistar almas, por liberarlas. Si cada sociedad tiene el gobierno que se merece, el glorioso pueblo del Estado de México merece en el gobierno a una libertadora como Josefina.

@CesarG_Madruga

 

 

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