Trump, después de las seis - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 26 de Junio, 2017
Trump, después de las seis | La Crónica de Hoy

Trump, después de las seis

Concepción Badillo

El mandatario al parecer concluye su día a más tardar a las 6:30 pm. A esa hora sube las escaleras y se retira a sus habitaciones privadas donde generalmente se dedica a ver televisión, a usar Twitter, su red social favorita, y desde luego se le sirve la cena. Para él, Coca-Cola de dieta, para sus invitados, si los tiene, vasos con agua. Con la ensalada como primer platillo, el aderezo de la suya es básicamente mayonesa, de la llamada Mil Islas, mientras para el resto, vinagreta. Cuando traen el pollo, es el único al que le dan doble cantidad y con salsa. Finalmente llega el postre, en este caso, pastel de chocolate y el de Mr. Trump viene con dos bolas de helado de vainilla y para el resto de los comensales, una.

Esto es lo que relatan dos reporteros y un fotógrafo de la revista Time que a principios del mes fueron sorpresivamente invitados a visitarlo en la Casa Blanca, donde el Presidente por primera vez permitió que se conociera un poco más de su nueva vida privada y solitaria en esta capital, ahora que se cumplen 130 días de que se mudó al número 1600 de la avenida Pennsylvania. Trump como se sabe, odia el alcohol, jamás toma vino y nunca ha fumado.

El Presidente al parecer ha estado ocupado no solo con órdenes ejecutivas y de política, sino con la redecoración de la mansión, donde se han cambiado las cortinas marrón de la Oficina Oval por unas en color dorado y en el comedor privado se ha instalado un enorme candelabro colgante de cristal que fue pagado por él mismo, porque riendo dice, “quise contribuir con algo”.

Por su parte el New York Times ha dicho que Trump pasó bastante tiempo entretenido en escoger las cortinas de un catálogo con 17 opciones, “algo inusual para un hombre que tiene dificultad en concentrase en un memorándum político”, agregando que cuando el mandatario no está en bata viendo televisión o en el teléfono, le gusta explorar y descubrir rincones de su nuevo hogar, donde, dijo el diario, cuando recién llegó, las conferencias eran a oscuras porque ni él ni sus asesores le sabían a los apagadores de la luz, pero donde ahora tiene a su servicio personal a un centenar de empleados pagados por el erario, entre mayordomos, cocineros, encargados de limpieza y estilistas, como marca la tradición.

Con la llegada del nuevo presidente, la Oficina Oval, el lugar de trabajo más importante del mundo, donde se toman decisiones cruciales y con consecuencias para todos, ya no es el santuario de seriedad y silencio de sus antecesores, sino que ahora funciona como una antigua corte real, con el Presidente siempre rodeado de asistentes y puertas abiertas, que en la práctica se parece bastante a lo que era su despacho en la Torre Trump en Manhattan, en cuyo penthouse de tres pisos, valuado en cien millones de dólares, vivía hasta ahora.

En la Casa Blanca desde luego que cada inquilino impone su estilo, pero sólo hasta cierto punto y básicamente en lo que es la residencia privada, que en este caso se espera será totalmente redecorada a gusto de Melania cuando ella y Barron, el hijo de ambos, de diez años de edad, finalmente se muden a Washington el mes que entra. Por lo pronto Trump ha ordenado que salgan de ahí las obras de arte moderno que fueron favoritas de los Obama y en su lugar se han colocado pinturas clásicas y retratos de sus antecesores favoritos: Thomas Jefferson y Andrew Jackson. Una fotografía en blanco y negro que llama la atención detrás de su escritorio es de Frederick Christ Trump, su padre, el único jefe que el mandatario ha tenido en su vida.

En cuanto a las costumbres alimenticias del que guste o no, es el hombre más poderoso del planeta, el papa Francisco sorprendió a los círculos políticos y diplomáticos de aquí y de Europa, cuando la semana pasada en Roma, le preguntó a su esposa si le daba de comer “potica”, un postre rico en calorías tradicional de Eslovenia, el país natal de la Primera Dama, y que los expertos pronostican pronto veremos en los menús de los restaurantes de Washington, donde el mandatario por primera vez es un empleado que trata de ajustarse a ser Presidente y todos intentamos hacernos a la idea de que lo es.

 

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