Otras elecciones en junio - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
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Otras elecciones en junio

Guillermo Puente Ordorica

Hace unos días, la Asamblea General de la ONU eligió en primera votación, a los cinco nuevos miembros del Consejo de Seguridad (CS) que iniciarán su mandato de dos años, el 1 de enero de 2018. Estos países son: Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Kuwait, Perú y Polonia, los cuales sustituirán a Egipto, Japón, Senegal, Ucrania y Uruguay, este último, junto con Bolivia, representan a la región latinoamericana y caribeña actualmente. Una novedad relativa durante estas elecciones, la constituyó el que Países Bajos fuera elegida para sustituir a Italia, país que concluirá su membresía de un año, como parte del acuerdo de caballeros al que llegaron ambos el año pasado.

Es la segunda ocasión en que la votación para elegir miembros no permanentes del CS se realiza con anticipación de seis meses, a fin de permitir a los nuevos una mejor preparación con miras a la delicada responsabilidad que asumirán en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Con la anticipación, también se busca que los miembros salientes tengan mayores oportunidades de compartir su legado con los países entrantes, habida cuenta de que los cinco puestos de elección corresponden a las distintas regiones geográficas en las que se agrupan los 193 Estados miembro de la ONU. Si bien es claro que cada país posee intereses nacionales que busca promover durante su participación, es igualmente cierto que la responsabilidad es colectiva y compartida.  En este caso, los cinco asientos vacantes fueron cubiertos conforme al criterio de asignar tres sitios a los grupos africano y asiático, uno al europeo oriental y 1 al de América Latina y el Caribe.   La pertenencia a grupos regionales es apenas una manera ordenada de presentar candidaturas y participar en el largo proceso electoral que ello supone.

Cabe comentar que con anterioridad los miembros eran electos en el mes de octubre, con lo cual el tiempo de “aclimatamiento” a los trabajos del CS era reducido. Si se considera la complejidad, en cantidad y calidad, de la agenda de paz y seguridad contemporánea, parece una buena práctica buscar que los nuevos integrantes tengan más tiempo para madurar sus promesas de campaña y conocer de manera más realista el tamaño de sus responsabilidades colectivas.  Cosa de observar la división que prevalece en el CS respecto de temas clave en las relaciones internacionales como en Siria y Ucrania, o el sempiterno conflicto en Oriente Medio. Por si fuera poco, los cambios políticos internos experimentados recientemente en ciertos países de la membresía permanente en el CS (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) contribuyen a la complejidad del diálogo y la negociación en la búsqueda de soluciones a los problemas globales que son la esencia del Consejo.

Es evidente que el peso relativo de los países electos en esta ocasión no hace pensar en que el CS tendrá a pesos pesados, pero la vocación que en lo general caracteriza a los cinco nuevos, permite pensar que intentarán privilegiar la diplomacia preventiva, la negociación y el derecho internacional. Con la excepción de Guinea Ecuatorial, el resto de los cuatro miembros electos han servido en el pasado en el CS y participan de distintas maneras en operaciones de paz de la ONU. Si se toma en cuenta su posición regional y subregional, tienen la capacidad de realizar aportes a las deliberaciones del Consejo. Por ejemplo, Guinea Ecuatorial, puede incidir favorablemente en la consideración de las problemáticas de la República Centroafricana y de la República Democrática del Congo, en tanto que Costa de Marfil en lo que concierne a África Occidental. Kuwait respecto de Oriente Medio, especialmente Siria, Yemen y la situación árabe-israelí. Polonia para el tratamiento de temas europeos, con énfasis en Ucrania con quien comparte fronteras.  Perú, previsiblemente, conferirá especial importancia al tema hatiano y al futuro de la presencia de las Naciones Unidas en ese país.

Las disrupciones y las anomalías a lo largo del mundo son numerosas y complejas. No ha sido el caso de este proceso electoral, afortunadamente. Es muy pronto para saber con certeza el grado de incidencia real que tendrán los nuevos miembros electos en el manejo y desahogo de la agenda de paz y seguridad, pero queda claro que es deseable que los procesos electorales sean ordenados y transparentes.

gpuenteo@hotmail.com

 

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