Se puede decir más alto, pero no más claro - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 26 de Junio, 2017
Se puede decir más alto, pero no más claro | La Crónica de Hoy

Se puede decir más alto, pero no más claro

Fran Ruiz

Ayer ocurrieron dos hechos explosivos e interrelacionados. El primero, que James Comey declaró ante el Comité de Inteligencia del Senado que, si él no sigue al frente del FBI, es porque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ordenó, sin lograrlo, que cerrase el caso de la trama rusa. El segundo, ¡¡que Trump no tuiteó ayer!!

Obviamente el primer hecho es el que podrá hacer historia y el segundo es el hecho anecdótico, pero muy revelador, dada la personalidad ególatra y agresiva del mandatario republicano. ¿Se le está escapando de las manos el escándalo? ¿Está empezando a asustarse Trump?

Si no le ve las orejas al lobo, debería, porque lo que ocurrió ayer es muy grave, siempre y cuando ocurra lo siguiente: que el fiscal independiente, Robert Mueller, finalice la investigación y concluya que el presidente obstruyó a la justicia, delito que lo arrastraría a un juicio político (impeachment) para su destitución.

Comey —que esta noche podrá por fin dormir a pierna suelta, después de pasarle el muerto al fiscal Mueller— prácticamente vino a decir ayer que sintió miedo de Trump, que trató de intimidarlo por saber demasiado y que siguió amenazándole incluso después de correrlo. Hay que felicitarlo, pues, por su franqueza en sus acusaciones y por el impagable servicio que habría realizado al mundo entero, si esta historia finalmente acaba con su salida deshonrosa de la Casa Blanca.

Después de lo ocurrido ayer, no hay marcha atrás. La investigación sobre el Russiagate va a llegar hasta el final y tiene que acabar desvelando eso que tan nervioso pone a Trump, al punto de que ayer guardó silencio.

Comey alertó al Senado (y a los miles de estadunidenses que siguieron su testimonio en directo, como si fuese la final del SuperBowl) que Trump está ocultando algo, porque, de lo contrario, no lo habría despedido. Específicamente, el presidente le presionó para que no siguiese la pista de quien nombró su consejero de seguridad nacional y luego despidió cuando la prensa lo puso en el ojo del huracán: Michael Flynn.

El general retirado fue acusado de ocultar  que habló varias veces en secreto con el embajador ruso en Washington. ¿De qué hablaron? ¿Por qué insiste en negarse a declarar ante el Senado, si antes no le otorgan inmunidad?

Forzarlo a hablar bajo juramente será clave para saber si, como se sospecha cada vez más, la campaña del republicano conspiró con el Kremlin para que atacase mediante ciberataques la campaña de la demócrata Hillary Clinton.

Si Flynn acaba reconociendo que de eso habló con el hombre de Putin en Washington, los días de Trump en el poder están contados.

 

fransink@outlook.com

 

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