No se hurta... se hereda - Marielena Hoyo Bastien | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 26 de Junio, 2017
No se hurta... se hereda | La Crónica de Hoy

No se hurta... se hereda

Marielena Hoyo Bastien

Hasta donde supe, el “Memorándum de Entendimiento” prácticamente no contiene nada nuevo. Localmente, en corto y a distancia, conocedores prácticos, científicos experimentados, investigadores, la sociedad civil organizada y los medios de comunicación, hemos venido

insistentemente haciéndole ver lo mismo al Presidente Enrique Peña Nieto, ante la urgente necesidad de salvar a la vaquita marina, sí o sí, al ser genuino el interés por la recuperación de una especie endémica

cuya pérdida, además, necesariamente

terminará afectando al resto del valiosísimo y casi único

ecosistema al que pertenece. Sí, se reconocen los

esfuerzos y la participación de pescadores, autoridades,

cuerpos de seguridad y comunidad en general, así como

también la cantidad de dinero invertido al propósito, sólo

que mientras no se emita una solicitud formal al gobierno

de la República Popular China, para que de una vez por

todas apoye este rescate aplicando duras medidas y

sanciones… como sólo ellos saben hacerlo y en su

momento lo hicieron con los pandas gigantes… poco se

logrará. Debe exigírseles prohibir terminantemente la

introducción, comercialización y consumo de vejiga de

totoaba en su territorio, al ser la razón por la que

NUESTRA marsopa está al borde de la extinción. De otro

modo no se avanzará al ritmo indispensable, ni aún

contando con la fama, influencia e inteligencia y fortuna

de Leonardo DiCaprio y Carlos Slim.

 

Semanita la que me ha tocado vivir del miércoles pasado al presente!, y para colmo, Mara Montero, cabeza de Comité Pro Animal, me compartió, enormemente perturbada, un video que, confieso, tardé días en poder abrirlo, ante el encabezado que me anunciaba una terrible situación sucedida a diverso ganado, en la carretera federal Villahermosa-Frontera, en Tabasco. El trágico momento quedó consignado por Excélsior televisión.

Resulta que un camión que transportaba (indebidamente) ovinos y bovinos terminó por derrapar y volcarse, sufriendo los animales sobrevivientes no sólo el consabido estrés por las lastimaduras y el descontrol que seguramente les produjo encontrarse frente una situación inverosímil; para ellos de tragedia, pero que remontó mucho más allá porque de repente y casi como del subsuelo, comenzaron a brotar horribles humanoides que eufóricamente enardecidos comenzaron a dar cuenta de todas esas vidas a punta de pequeñas navajas, cuchillos, tubos y palos. Lo anterior sobre “las bestias” que no pudieron robar para luego sacarles mayor provecho, dejando en cuestión de minutos aquel lugar marcado por la sangre y el dolor de los animales que a medio destazar, todavía intentaban salvar el pellejo emitiendo desesperados gritos de angustia a los que esa punta de salvajes prestaron oídos sordos. Masculinos y femeninas, adultos y menores, no desaprovecharon la oportunidad de hacerse de la “mercancía” como si de costales de harina se hubiera tratado, pero acción producto -tal como los linchamientos a ladrones y violadores por doquier- de la falta de mando que ahora también pagaron estas criaturas, de por si mal transportadas, pero...

Como la autoridad competente, en este caso SAGARPA, acostumbra ser omisa para el cumplimiento de la normatividad que le corresponde vigilar, y la policía menos iba a intervenir, el asunto quedó en mera anécdota y bajo total impunidad. Lo peor y que me prende, es que del sector protector no se escuchó ni pío. En fin, que…

El maltrato, la crueldad y el abuso hacia los animales no lo hurtamos en el México actual. Es heredado. Sólo hay que poner atención a los pedazos de historia que documentan situaciones así, especialmente remarcadas en la época colonial. Al respecto, precisamente hace unos cuantos domingos —día de la semana en que disfruto el texto de la historiadora Bertha Hernández aquí en La Crónica— fue que me enteré con sorpresa, desagrado e indignación, acerca de un castigo que se daba a los delitos mayores en nuestro país. Se trataba del “encubamiento”, consistente en que al criminal se le introducía en una especie de barril junto a un gallo, UNA mona, un perro y una víbora, todos vivos. Se cerraba el recipiente y era arrojado al agua, para pasado un tiempo sacar lo que del humano quedara e intentar, encima, ahorcarlo. De los animales afectados mi admirada compañera no estableció su brutal fin, pero no hay que tener mucha imaginación para adivinarlo.

 

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